LECTURAS Y EVANGELIO MARTES 23 DE DICIEMBRE 2014

Lectura del Libro de Malaquías 3,1-4.23-24. 

Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Angel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos.
¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos.
El se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia.
La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años.
Yo les voy a enviar a Elías, el profeta, antes que llegue el Día del Señor, grande y terrible.
El hará volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres, para que yo no venga a castigar el país con el exterminio total.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 25(24),4-5ab.8-10.14. 
Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.

Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad,
para los que observan los preceptos de su alianza.
El Señor da su amistad a los que lo temen
y les hace conocer su alianza.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1,57-66. 
Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo.
Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.
A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: “No, debe llamarse Juan”.
Ellos le decían: “No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre”.
Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran.
Este pidió una pizarra y escribió: “Su nombre es Juan”. Todos quedaron admirados.
Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.
Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea.
Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: “¿Qué llegará a ser este niño?”. Porque la mano del Señor estaba con él.

Palabra del Señor 

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En el día anterior a la conmemoración del Nacimiento de Nuestro Señor, debemos poner nuestra mirada en su precursor, San Juan Bautista, que prepararía más tarde con su predicación y ejemplo, el camino a Cristo.

San Juan Bautista nos invitará a la conversión, a dejar atrás nuestra vida de pecado. Y eso debemos hacer desde hoy mismo: dejar atrás todo lazo, toda atadura, todo vínculo que nos ate al pecado y nos impida llevar una vida santa.

Solo tenemos una vida para alcanzar la santidad, una vida que pasa, que enseguida vuela, y mientras hacemos buenos propósitos y pensamos en lo santos que llegaremos a ser, la vida sigue sin que hayamos cambiado en nada, y la muerte nos sorprenderá cubiertos de pecados cuando menos la esperemos.

¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca?

Cuando tengamos que presentarnos ante el Tribunal de Cristo ¡¿quien podrá ser hallado justo?!

Seremos probados como el oro en la tribulación de esta vida y si no nos purificamos en ella, seremos yesca para el fuego eterno.

Porque él es como el fuego del fundidor (…) El se sentará para fundir y purificar.

Y nada impuro entrará en su presencia.

Esforcémonos desde hoy mismo en quitar toda mancha de pecado de nuestras almas para poder ser hallados un día dignos de su Reino.

LECTURAS JUEVES 30 DE OCTUBRE 2014

Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 6,10-20.
Hermanos, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder.
Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio.
Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.
Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos.
Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza.
Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz.
Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno.
Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.
Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animados por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos, y también por mí, a fin de que encuentre palabras adecuadas para anunciar resueltamente el misterio del Evangelio, del cual yo soy embajador en medio de mis cadenas. ¡Así podré hablar libremente de él, como debo hacerlo!
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 144(143),1.2.9-10ab.
Bendito sea el Señor, mi Roca,
el que adiestra mis brazos para el combate
y mis manos para la lucha.

El es mi bienhechor y mi fortaleza,
mi baluarte y mi libertador;
él es el escudo con que me resguardo,
y el que somete los pueblos a mis pies.

Dios mío, yo quiero cantarte un canto nuevo
y tocar para ti con el arpa de diez cuerdas,
porque tú das la victoria a los reyes
y libras a David, tu servidor.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 13,31-35.
En ese momento se acercaron algunos fariseos que le dijeron: “Aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte”.
El les respondió: “Vayan a decir a ese zorro: hoy y mañana expulso a los demonios y realizo curaciones, y al tercer día habré terminado.
Pero debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste!
Por eso, a ustedes la casa les quedará vacía. Les aseguro que ya no me verán más, hasta que llegue el día en que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.

Palabra del Señor

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Cuantas veces en nuestra vida hemos dicho y oído eso de “debes hacer esto, yo en tu lugar haría esto otro…” y qué pocas hemos hecho lo que realmente teníamos que hacer: cumplir la voluntad de Dios.

Así, los fariseos desean imponer al Señor su punto de vista, para -si consideramos que tienen buena intención con su frase -evitarle un terrible sufrimiento, o bien -en caso contrario- por medio de una amenaza de muerte.

¿Qué hace el Señor? Lo que debiésemos hacer todos en su lugar: conociendo lo que Dios desea, cumplirlo sin importar las consecuencias que tengan que venir, ni las opiniones.

Si Dios quiere que predique dos días entre ellos y luego me vaya, no puedo irme antes, ni quererme quedar más de lo establecido. Es hacer lo que tenemos que hacer.

Si alguien nos quiere apartar de la voluntad de Dios, por muy bien intencionado que pueda ser, para nosotros debe ser considerado el diablo mismo.

Eso sí, hemos de tener en cuenta que la voluntad de Dios no es el capricho de cada uno, es contrición perfecta de corazón, conversión de costumbres, cumplir a raja tabla sus mandamientos siempre y en todo lugar, y aparte de esto, lo que quiere de cada uno de nosotros individualmente debe ser discernido en oración.

¡Cuántas veces quiso el Señor que te convirtieras y tú no has querido!

Desde hoy mismo, niégate a ti mismo, que por ti mismo no vales nada, carga con tu cruz de cada día, -sin protestar ni arrastrarla por los caminos- aceptando los sufrimientos que te toque padecer por Cristo y avanza firme por el camino de la santidad hasta el último de tus días.

Y lo más importante, no ceses de orar al Señor en cada instante, para que te conceda la gracia necesaria para resistir cada paso y dar el siguiente.

LECTURAS MIERCOLES 10 DE SEPTIEMBRE 2014

Lectura de la primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 7,25-31.
Hermanos:
Acerca de la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor. Pero hago una advertencia, como quien, por la misericordia del Señor, es digno de confianza.
Considero que, por las dificultades del tiempo presente, lo mejor para el hombre es vivir sin casarse.
¿Estás unido a una mujer? No te separes de ella. ¿No tienes mujer? No la busques.
Si te casas, no pecas. Y si una joven se casa, tampoco peca. Pero los que lo hagan, sufrirán tribulaciones en su carne que yo quisiera evitarles.
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; lo que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 45(44),11-12.14-15.16-17.
¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!
Olvida tu pueblo y tu casa paterna,
y el rey se prendará de tu hermosura.
Él es tu señor: inclínate ante él.

Embellecida con corales engarzados en oro
y vestida de brocado, es llevada hasta el rey.
Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían.

Con gozo y alegría entran al palacio real.
Tus hijos ocuparán el lugar de tus padres,
y los pondrás como príncipes por toda la tierra.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6,20-26.
Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

Palabra del Señor

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En el evangelio de hoy vemos como nuestra vida cotidiana y nuestros principios se alejan descaradamente del camino marcado por el Señor para llegar al Reino de los Cielos.

Pero debemos entender bien lo que nos enseña.

Dios no nos recompensará con su Reino si estamos sin un céntimo, con el estómago vacío, amargados y reprimidos, y quejándonos todo el día.

Dios no quiere pobres, sino que los corazones estén desapegados a las riquezas de este mundo y centrados únicamente en Él.

Dios no quiere hambrientos, sino que deseemos su escuchar su Palabra, recibirle en la Eucaristía y cumplir y que se cumplan cada uno de sus Mandatos más que nuestro pan de cada día.

Dios no quiere llorones, sino corazones compungidos que sufran por haber traicionado al Señor por su pecado y porque el Nombre del Señor es cada vez más ultrajado.

Dios no quiere amargados y reprimidos sexualmente, quiere vírgenes con todas sus letras, que conozcan y proclamen con su pureza el honor de ser únicamente para Dios y vivir ya en esta tierra como si fuesen ciudadanos del Cielo y parte de las milicias celestiales.

Preciosa a los ojos del Señor es la Muerte de sus Santos, o mejor dicho, la muerte santa en gracia de Dios. Y más precioso aún el martirio de sus Santos, porque el haber sido perseguidos hasta derramar su Sangre por Cristo sin desfallecer, es la mayor expresión de amor que el Señor puede recibir y es premiada con los más altos honores en el Cielo.

Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; lo que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.

¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre!

¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!

El Señor dará a cada uno el justo pago por sus obras.

LECTURAS SÁBADO 30 DE AGOSTO 2014

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,26-31

Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así –como dice la Escritura– «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor.»

Palabra de Dios

 

Salmo Responsorial 32

R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos. R/.

 

Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 25,14-30

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.” Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.” Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.” Su señor le dijo: “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.” Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.” El señor le respondió: “Eres un empleado negligente y holgazán; ¿con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas, allí será el llanto y el rechinar de dientes.”»

Palabra del Señor

—————-

Todos nosotros hemos recibido cualidades y dones del Señor que consideradas en conjunto nos constituyen seres únicos e irrepetibles, y se nos ofrece toda una vida para conocer, cultivar y emplear estos dones como Dios quiere, para su mayor gloria y bien del prójimo.

Estos dones, aunque nuestros temporalmente, son propiedad del Señor: El nos los ha dado, y el exigirá cuentas de ellos. Por tanto, no cabe en nosotros –o no debe caber- soberbia alguna ya que no podemos gloriarnos de algo que no es nuestro.

Dios desprecia a lo fuerte del mundo, es decir, a aquellos que se creen autosuficientes, y elige a lo débil, a los más humildes para realizar sus planes, para que quede patente al mundo que esas acciones son obra de Dios y no de los hombres, y nadie pueda ensoberbecerse en su presencia por medio de ellas.

Dichosos seremos si somos capaces de desterrar esa perniciosa soberbia de nuestro corazón, reconociendo que aquello que es únicamente nuestro, fruto de nuestras entrañas, es la inmundicia de nuestros pecados.

Llegará un día, como a los empleados del evangelio, en el que el Señor nos exigirá cuentas y nos preguntará a cada uno: ¿Qué has hecho con los dones que Yo te he dado?

¿Qué responderemos entonces? Serán nuestras obras la que hablen por nosotros y en función de ellas se decidirá nuestra eternidad.

Entendamos que Dios no nos pide hacer grandes proezas que superan nuestra capacidad, sino únicamente que le seamos fieles en lo poco, en nuestro día a día, en lo cotidiano, para que no nos presentemos ante Él con nuestras manos vacías de buenas obras.

Por tanto, ofrezcamos al Padre con el corazón contrito y humillado, nuestros trabajos de cada día, nuestras angustias, padecimientos y enfermedades unidos a los de Cristo para nuestra salvación y la del mundo entero, recordando que los ojos del Señor están puestos en sus fieles para librar sus vidas de la muerte eterna.

LECTURAS VIERNES 29 DE AGOSTO 2014 – MEMORIA DEL MARTIRIO DE SAN JUAN BAUTISTA

Lectura del Libro del profeta Jeremías 1,17-19.
En cuanto a ti, cíñete la cintura, levántate y diles todo lo que yo te ordene. No te dejes intimidar por ellos, no sea que te intimide yo delante de ellos.
Mira que hoy hago de ti una plaza fuerte, una columna de hierro, una muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes de Judá y a sus jefes, a sus sacerdotes y al pueblo del país. Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-“.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 71(70),1-2.3-4a.5-6ab.15ab.17.
Yo me refugio en Ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame.

Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío!

Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector.

Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 6,17-29.
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.
Porque Juan decía a Herodes: “No te es lícito tener a la mujer de tu hermano”.
Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía,
porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.
La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: “Pídeme lo que quieras y te lo daré”.
Y le aseguró bajo juramento: “Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”.
Ella fue a preguntar a su madre: “¿Qué debo pedirle?”. “La cabeza de Juan el Bautista”, respondió esta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: “Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.
En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.
Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

Palabra del Señor

—————

Hoy celebramos el martirio de San Juan Bautista, no solo el más grande de los profetas, sino el más grande de los nacidos de mujer – como dijo nuestro Señor.

Adelantó su fe a su propio nacimiento, reconociendo al Salvador desde el vientre de su madre al escuchar la dulce voz de la Santísima Virgen María acercándose a ellos, dando cumplimento a las palabras del salmista.

En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector.

Toda su vida se entregó a la penitencia y oración, cuando llegó el momento le llegó la Palabra de Dios – En cuanto a ti, cíñete la cintura, levántate y diles todo lo que yo te ordene. (…) Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-“- y comenzó a bautizar en el desierto haciendo un llamamiento a la conversión sincera para preparar los corazones a la venida del Señor.

Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación.

Y precisamente, intentando salvar el alma de Herodes, de su concubina Herodías, y de todo el pueblo que podía influenciarse por su conducta, recibió el peor castigo humano y el mayor de los honores para un siervo de Dios: el martirio.

Meditemos en este día la vida de este gran Santo y pidámosle al Señor que nos conceda un corazón puro, ardiente de celo, mortificado y fiel como el suyo, para que podamos narrar las maravillas del Señor.

EVANGELIO JUEVES 17 DE JULIO 2014

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 11,28-30.
Jesús tomó la palabra y dijo:
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.
Palabra del Señor

—————————————–

Consideremos en este día nuestra vida terrenal.

Consideremos los momentos buenos que en ella tenemos frente a las múltiples preocupaciones, dolores, sufrimientos, angustias, que padecemos.

Las largas jornadas de trabajo, el sacar día a día adelante a nuestra familia, el renunciar a mil cosas para que a los nuestros no les falte de nada, etc… los momentos plenamente felices son apenas un suspiro en medio de todos ellos.

Pasan los años, y cuando obtenemos un poco de estabilidad, aparecen los achaques, la enfermedad, y las pérdidas de los seres queridos.

Los años pasan rápido, y los deleites de la juventud enseguida pasan y uno se encuentra irremediablemente a un paso de la muerte, y cuando esta llegue ¿qué será de nuestra alma? ¿Seremos capaces de pasar una eternidad de tormentos por apenas gozar de unos instantes de placer?

Ese es el yugo del mundo, un precio infinito para un deleite fugaz.

Sin embargo, para quien carga el yugo de nuestro Señor, se le presenta una vida terrenal llena de sacrificios, luchas interiores y padecimientos exteriores, sin embargo, en medio de todos ellos contamos con la ayuda de la Gracia Divinapara superar todos los avatares que se nos presenten y a la hora de la muerte, si hemos vivido en santidad, obtendremos la recompensa de una eternidad con una felicidad tal, que hasta imaginarlo es imposible participando en la Gloria de Dios.

¿No merece la pena sacrificar los pocos años que tenemos de vida en la tierra por participar del Gozo Eterno junto a Nuestro Señor?

¡Que gran regalo concede Dios a los que le sirven de corazón!

¿Por qué entonces seguimos despreciandole y haciendonos reos del infierno?

Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

 

 

EVANGELIO MARTES 15 DE JULIO 2014

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 11,20-24.
Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido.
“¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza.
Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría.
Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú”.

Palabra del Señor

———————————–

Para meditar este evangelio, podemos plantearnos:

¿Cuantas cosas ha hecho Dios por nosotros en nuestra vida? Seguramente muchas más de las que somos conscientes. A parte de lo particular de cada uno, a grandes rasgos debemos considerar que:

En primer lugar hemos permanecido con vida hasta el día de hoy, siendo que muchos han muerto mucho más jóvenes que nosotros y aun antes de nacer.

En segundo lugar, hemos nacido en una familia católica, o hemos tenido la gracia de encontrar a Cristo en nuetras vidas, cuando tantos y tantos andan perdidos buscando la verdad sin hallarla.

Y en tercer lugar, el Señor ha sido misericordioso con nosotros al no permitir que la muerte nos alcanzase cuando todavía vivíamos en pecado y nos diese la oportunidad de la conversión.

Son infinitas las gracias espirituales que hemos recibido del Señor.

¿Por qué entonces nos resistimos a la conversión plena, a dar nuestra vida entera por el Señor dejando atrás este mundo de pecado y los criterios de la carne?

Conviertete hoy mismo de tu mala conducta, y sométete a la Voluntad del Señor con oración, ayuno y penitencia,  porque hoy mismo Él te dice:

“¡Ay de ti! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza.

Y tú, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría.  Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú”

 

 

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