LECTURAS Y EVANGELIO MIERCOLES 31 DE DICIEMBRE 2014

Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Juan 2,18-21. 
Hijos míos, ha llegado la última hora. Ustedes oyeron decir que vendría el Anticristo; en realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora.  Ellos salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros. Si lo hubieran sido, habrían permanecido con nosotros. Pero debía ponerse de manifiesto que no todos son de los nuestros. Ustedes recibieron la unción del que es Santo, y todos tienen el verdadero conocimiento. Les he escrito, no porque ustedes ignoren la verdad, sino porque la conocen, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial 96(95),1-2.11-12.13. 
Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre,
día tras día, proclamen su victoria.

Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
Él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan 1,1-18. 
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: “Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo”.
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

Palabra del Señor

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En este último día del año se nos plantea la pregunta que debe marcar nuestras vidas, ya que no hay tercera opción:

¿A quien queremos servir: A Nuestro Señor o al Anticristo? Porque cada uno propone un camino diferente y destinos eternos diferentes, que son excluyentes entre sí.

No basta responder de palabra, son las obras las que condicionan la respuesta.

Servir a Satanás, no se trata dedicarse a su culto como religión, para ello basta comportarse como él: basta servirse a uno mismo dejando de lado la voluntad divina.

Si, como es lógico, queremos servir a Nuestro Señor, debemos comportarnos como verdaderos fieles suyos y no seguir las inspiraciones enemigas ni sus parámetros.

Que en este año nuevo que entra, podamos tomar la opción definitiva y radical de servir a Nuestro Señor y desterrar para siempre todo apego al pecado, a nosotros mismos y por tanto, a las inspiraciones del maligno, que siempre está poniéndonos trabas para que abandonemos el camino de la santidad.

 

LECTURAS Y EVANGELIO MARTES 30 DE DICIEMBRE 2014

Lectura del a primera carta del apóstol San Juan 2,12-17. 
Hijos, les escribo porque sus pecados han sido perdonados por el nombre de Jesús.
Padres, les escribo porque ustedes conocen al que existe desde el principio. Jóvenes, les escribo porque ustedes han vencido al Maligno.
Hijos, les he escrito porque ustedes conocen al Padre. Padres, les he escrito porque ustedes conocen al que existe desde el principio. Jóvenes, les he escrito porque son fuertes, y la Palabra de Dios permanece en ustedes, y ustedes han vencido al Maligno.
No amen al mundo ni las cosas mundanas. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él.  Porque todo lo que hay en el mundo -los deseos de la carne, la codicia de los ojos y la ostentación de la riqueza.- Todo esto no viene del Padre, sino del mundo.
Pero el mundo pasa, y con él, sus deseos. En cambio, el que cumple la voluntad de Dios permanece eternamente.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial 96(95),7-8a.8b-9.10. 
Aclamen al Señor, familias de los pueblos,
aclamen la gloria y el poder del Señor;
aclamen la gloria del nombre del Señor.

Entren en sus atrios trayendo una ofrenda,
adoren al Señor al manifestarse su santidad:
¡que toda la tierra tiemble ante él!

Digan entre las naciones: “¡El Señor reina!
el mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud”.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2,22.36-40. 
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.
Palabra del Señor

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En este día, centremos nuestros ojos en la figura de la profetisa Ana.

Ella, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.  Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Y por ello, fue agasajada por el Señor permitiéndole ya no solo ver a su Unigénito sino sostenerlo en sus brazos.

¿Quién puede decir esto a día de hoy? Nosotros si estuviésemos en su misma situación, si muy jóvenes quedásemos viudos/as en seguida pensaríamos en rehacer la vida, buscar a otro/a, y en definitiva, en entregarnos a los placeres del mundo…. Eso si, nos seguimos considerando católicos.

Pero ya San Juan nos advierte que ese no es el camino.

No amen al mundo ni las cosas mundanas. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 

Por tanto, quien ama al mundo no puede ser considerado católico, sino un mentiroso.

Porque todo lo que hay en el mundo -los deseos de la carne, la codicia de los ojos y la ostentación de la riqueza.- todo esto no viene del Padre, sino del mundo.

Y sabemos que el mundo está entregado en manos del Maligno para probarnos y tentarnos.

Pero el mundo pasa, y con él, sus deseos. En cambio, el que cumple la voluntad de Dios permanece eternamente.

Pidamos en este día al Señor la gracia de desprendernos de todo lazo mundano y afecto desordenado, para que un día podamos llegar a ser dignos de su Reino.

LECTURAS Y EVANGELIO DOMINGO 21 DE DICIEMBRE 2014

Lectura del Segundo Libro de Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16. 
Cuando David se estableció en su casa y el Señor le dio paz, librándolo de todos sus enemigos de alrededor, el rey dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios está en una tienda de campaña.»
Natán respondió al rey: «Ve a hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo.»
Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:
«Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ¿Eres tú el que me va a edificar una casa para que yo la habite? Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel. Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra. Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, ni los malhechores seguirán oprimiéndolo como lo hacían antes, desde el día en que establecí Jueces sobre mi pueblo Israel. Yo te he dado paz, librándote de todos tus enemigos. Y el Señor te ha anunciado que él mismo te hará una casa. Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre.»
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 89(88),2-3.4-5.27.29. 
Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo.»

Yo sellé una alianza con mi elegido,
hice este juramento a David, mi servidor:
«Estableceré tu descendencia para siempre,
mantendré tu trono por todas las generaciones.»

El me dirá: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le aseguraré mi amor eternamente,
y mi alianza será estable para él.

Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los Romanos 16,25-27. 
Hermanos:
¡Gloria a Dios, que tiene el poder de afianzarlos, según la Buena Noticia que yo anuncio, proclamando a Jesucristo, y revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad y que ahora se ha manifestado! Este es el misterio que, por medio de los escritos proféticos y según el designio del Dios eterno, fue dado a conocer a todas las naciones para llevarlas a la obediencia de la fe. ¡A Dios, el único sabio, por Jesucristo, sea la gloria eternamente! Amén.
Palabra de Dios

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1,26-38. 
En el sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Angel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
María dijo al Angel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?”.
El Angel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”.
María dijo entonces: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”.

Y el Angel se alejó.

Palabra del Señor 

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¿Quién puede construir una casa al Creador del Universo? ¿Quién encerrarle en toda su divinidad en un edificio humano?

Pues todo aquello que era imposible a ojos humanos, fue posible por obra y gracia de Dios.

Pues si bien el Tempo de Jerusalén con el que soñaba el Rey David, que finalmente construyó su hijo Salomón era imagen de la Santa Iglesia Católica, donde realmente iba a morar el Altísimo por medio del Santísimo Sacramento del Altar, y no en figura por medio del Arca de la Alianza; la propia Iglesia es imagen de la Santísima Virgen, templo incorruptible en el que Dios moró físicamente.

La toma de posesión del Señor del Antiguo Templo de Jerusalén, es imagen de la propia Encarnación de Nuestro Señor.

Y así, por medio del Sí incondicional de la Toda Santa, la Virgen María, la promesa que Dios hizo a su siervo, el Rey David, se cumpliría.

Su Casa y su Reino durarían eternamente ante Dios, pues uno de su descendencia, el mismísimo Salvador prometido al mundo, que es Dios mismo hecho hombre, es el Rey Eterno, por derecho propio –ya que es nuestro Creador-, por derecho de sucesión –ya que desciende de un linaje real- y por derecho de conquista -pues nos rescató a todos de la tiranía del pecado.

Que estos últimos días de adviento nos permitan acercarnos más al misterio de la redención, para que uniéndonos cada vez mas a Cristo por medio de la Santísima Virgen podamos avanzar seguros por el camino de la santidad.

LECTURAS Y EVANGELIO SABADO 20 DE DICIEMBRE 2014

Lectura del Libro del Profeta Isaías 7,10-14.

Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos:

«Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas».

Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor.»

Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios?. Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la virgen está encinta y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.»

Palabra de Dios

Salmo Responsorial 24(23),1-2.3-4ab.5-6.

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,

el mundo y todos sus habitantes,

porque él la fundó sobre los mares,

Él la afirmó sobre las corrientes del océano.

 

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor

y permanecer en su recinto sagrado?

Él que tiene las manos limpias y puro el corazón;

el que no rinde culto a los ídolos

 

Él recibirá la bendición del Señor,

la recompensa de Dios, su Salvador.

Así son los que buscan al Señor,

los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.

 

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1,26-38.

En el sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

Pero el Angel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido.

Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.

María dijo al Angel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?”.

El Angel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”.

María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el Angel se alejó.

Palabra del Señor

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La Promesa de las promesas del Señor, la venida de su Salvador al mundo para librarnos de la esclavitud del pecado y del tormento eterno al que estábamos condenados como pecadores, se cumple por medio del signo del profeta Isaias.

“Mirad, la Virgen está encinta, y dará a luz a un Hijo”. Pero no habla de una virgen cualquiera, sino La Virgen, la Criatura más perfecta del Señor, la Inmaculada, la que fue concebida sin pecado original.

Es por ello importantísimo que no dudemos de este dogma de fe: Maria es La Virgen de la promesa, y no fue solo virgen durante su anunciación, ni virgen solo durante la encarnación de Nuestro Señor, sino Virgen eternamente, pues pese a estar desposada con San José, Ella había hecho un voto al Señor en su más tierna infancia, Ella era toda del Señor, y no podía ser de otra manera, pues iba a llevarle en su vientre y ser su Madre.

No permitamos pues ninguna duda acerca de la Virginidad de María, porque negar que Ella es la Virgen de la promesa, es negar que Nuestro Señor es el Hijo de Dios, el Mesías esperado.

Los herejes dicen ser hijos de Dios y sin embargo, desprecian a la Santísima Virgen y haciendo eso, quedan automáticamente fuera de la promesa, porque el linaje de la Mujer es el que pisa a la Serpiente, y uno no puede ser parte del Cuerpo de de Cristo si no es Hijo de María (no cabe que el cuerpo nazca partido, y mucho menos que una parte del cuerpo que no ha nacido de su misma Madre, se añada posteriormente a él si no es por una aberración contra la naturaleza).

Meditemos en este día lo que significa ser Hijos de María, para que podamos vivir como tales el resto de nuestros días.

LECTURAS Y EVANGELIO VIERNES 19 DE DICIEMBRE 2014

Lectura del Libro de los Jueces 13,2-7.24-25a.

Había un hombre de Sorá, del clan de los danitas, que se llamaba Manóaj. Su mujer era estéril y no tenía hijos.

El Angel del Señor se apareció a la mujer y le dijo: «Tú eres estéril y no has tenido hijos, pero vas a concebir y a dar a luz un hijo. Ahora, deja de beber vino o cualquier bebida fermentada, y no comas nada impuro. Porque concebirás y darás a luz un hijo. La navaja nunca pasará por su cabeza, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno materno. El comenzará a salvar a Israel del poder de los filisteos».

La mujer fue a decir a su marido: «Un hombre de Dios ha venido a verme. Su aspecto era tan imponente, que parecía un ángel de Dios. Yo no le pregunté de dónde era, ni él me dio a conocer su nombre. Pero me dijo: “Concebirás y darás a luz un hijo. En adelante, no bebas vino, ni comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre hasta el día de su muerte”.»

La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo.

Y el espíritu del Señor comenzó a actuar sobre él.

Palabra de Dios

 

Salmo Responsorial 71(70),3-4a.5-6ab.16-17.

Sé para mí una roca protectora, Señor,

tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,

porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.

¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío!

 

Porque tú, Señor, eres mi esperanza

y mi seguridad desde mi juventud.

En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;

desde el seno materno fuiste mi protector.

 

Vendré a celebrar las proezas del Señor,

evocaré tu justicia, que es sólo tuya.

Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,

y hasta hoy he narrado tus maravillas.

 

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1,5-25.

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón.

Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor.

Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada.

Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.

Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso.

Entonces se le apareció el Angel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.

Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo.

Pero el Angel le dijo: “No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto”.

Pero Zacarías dijo al Angel: “¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada”.

El Angel le respondió: “Yo soy Gabriel , el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo”.

Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. El se expresaba por señas, porque se había quedado mudo.

Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa.

Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses.

Ella pensaba: “Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres”.

Palabra del Señor

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Las promesas del Señor siempre se cumplen, aun cuando estas parece que van en contra de la propia naturaleza. ¿Cómo va una estéril a concebir? ¿Cómo va una Virgen a dar a luz? Pues lo que es imposible a ojos de los hombres es posible para Dios.

La anunciación de San Juan Bautista siempre se compara con la de Sanson, uno de los jueces que estuvieron al frente del pueblo de Israel en la tierra prometida, antes de la instauración de la monarquía. Ambos eran Nazires, es decir, consagrados a Dios desde el vientre de su madre, y toda su vida deberían cumplir con los requisitos de su consagración.

Sin embargo, Sansón sucumbió allí donde San Juan Bautista salió victorioso.

Tambien la anunciación de San Juan Bautista se suele comparar con la de Nuestro Señor.

Frente a la fe inquebrantable de la Santísima Virgen aun cuando todo estaba en contra, destacan las dudas de Zacarías, que pese a ser Sacerdote en el Templo dudaba del poder del Altísimo.

Pidamosle al Señor la capacidad de comprender su Santa Voluntad y de seguirla hasta las últimas consecuencias.

LECTURAS Y EVANGELIO MARTES 9 DE DICIEMBRE 2014

Lectura del Libro del profeta Isaías 40,1-11.
¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios!
Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está paga, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados.
Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!
¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies!
Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor.
Una voz dice: “¡Proclama!”. Y yo respondo: “¿Qué proclamaré?”. “Toda carne es hierba y toda su consistencia, como la flor de los campos:
la hierba se seca, la flor se marchita cuando sopla sobre ella el aliento del Señor. Sí, el pueblo es la hierba.
La hierba se seca, la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre”.
Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: “¡Aquí está su Dios!”.
Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede.
Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 96(95),1-2.3.10ac.11-12.13.
¡Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre,
día tras día, proclamen su victoria.

Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.
Digan entre las naciones: “¡El Señor reina!
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud”.

Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 18,12-14.
Jesús dijo a sus discípulos:
“¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió?
Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.
De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.”

Palabra del Señor

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El Señor nunca quiso que se perdiese ni condenase nadie, sin embargo, la libertad que nos ha dado nos ha conducido directamente al abismo por nuestra necedad.

¿Acaso no sabíamos que Dios era el Único que importaba? Pero los seres humanos siempre vemos las cosas de manera utilitaria, y eso da ventaja al Maligno que es maestro del engaño y la dialectica. Si Dios nos es útil para cumplir nuestros propósitos le obedecemos, si nos es más útil otro modo, en seguida dejamos a Dios.

Entendamos que no debemos amar a Dios por  miedo al infierno, ni siquiera porque nos lo mande, y mucho menos porque nos puede dar la felicidad eterna en su Reino… Si amamos a Dios ha de ser únicamente por ser El quien es.

Toda la humanidad esta en este destierro en poder del maligno, y sin posibilidad de escapatoria alguna por las meras fuerzas humanas. Sin embargo, el Señor nos ofrece palabras de consuelo y nos enseña el camino de salida:

¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!

¿Cómo se hace eso? Arrancando de raíz la cizaña del pecado de nuestros corazones, desterrando todo deseo turbio de nuestras vidas, y por medio de la penitencia, conseguir un corazón dispuesto a aceptar la voluntad de Dios.

El Señor vendrá a nosotros y nos dará su gracia para resistir al Maligno.  Pero hemos de dejarle entrar.

¿Estamos dispuestos a prepararle el camino?

LECTURAS MIERCOLES 3 DE DICIEMBRE 2014

Lectura del Libro del Profeta Isaías 25,6-10a.
En aquel día:
El Señor de los ejércitos
ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña
un banquete de manjares suculentos,
un banquete de vinos añejados,
de manjares suculentos, medulosos,
de vinos añejados, decantados.
El arrancará sobre esta montaña
el velo que cubre a todos los pueblos,
el paño tendido sobre todas las naciones.
Destruirá la Muerte para siempre;
el Señor enjugará las lágrimas
de todos los rostros,
y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo,
porque lo ha dicho él, el Señor.
Y se dirá en aquel día:
“Ahí está nuestro Dios,
de quien esperábamos la salvación:
es el Señor, en quien nosotros esperábamos;
¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!”.
Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 23(22),1-6.
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 15,29-37.
Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó.
Una gran multitud acudió a él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y él los curó.
La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban curados, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.
Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino”.
Los discípulos le dijeron: “¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?”.
Jesús les dijo: “¿Cuántos panes tienen?”. Ellos respondieron: “Siete y unos pocos pescados”.
El ordenó a la multitud que se sentara en el suelo;
después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los dio a los discípulos. Y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron se llenaron siete canastas.

Palabra del Señor

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La comparación del Reino de los Cielos con un gran banquete es una constante repetida a lo largo de las escrituras.

Sin embargo, para nuestra santificación en esta vida hemos de aprender algo que conocemos todos pero en lo que muy pocos confían: la Divina Providencia.

Solemos decir y escuchar esto de “Dios proveerá”, pero que pocos se atreven a dejar TODO y seguir a Cristo como los fieles del evangelio, que por escucharle estuvieron tres días sin comer y estarían los que fuesen necesarios con tal de estar a su lado. El Señor conociendo su necesidad se apiadó de ellos.

Nosotros queremos tener todo atado. No se da un paso si no se tiene atado y planeado el siguiente. ¿Y donde está Dios? ¿Dónde nuestra confianza en Él? Si Dios nos pide algo, el proveerá para que se pueda llevar a cabo.

Esto no significa hacer el loco, pero sí dejar de tener miedos absurdos por el futuro.

“Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia y el resto se os dará por añadidura” Y de unos pocos panes, se  alimentarán multitudes.

¿Por qué tienes miedo a dejar eso que te ata al pecado? Confía en el Señor y corta para siempre tus ataduras.

¿Acaso no vale más tu alma?

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