LECTURAS VIERNES 28 DE NOVIEMBRE 2014

Lectura del Libro del Apocalipsis 20,1-4.11-15.21,1-2. 
Yo, Juan, vi que un Angel descendía del cielo, llevando en su mano la llave del Abismo y una enorme cadena.
El capturó al Dragón, la antigua Serpiente -que es el Diablo o Satanás- y lo encadenó por mil años.
Después lo arrojó al Abismo, lo cerró con llave y lo selló, para que el Dragón no pudiera seducir a los pueblos paganos hasta que se cumplieran los mil años. Transcurridos esos mil años, será soltado por un breve tiempo.
Entonces vi unos tronos, y los que se sentaron en ellos recibieron autoridad para juzgar. También vi las almas de los que habían sido decapitados a causa del testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios, y a todos los que no habían adorado a la Bestia ni a su imagen, ni habían recibido su marca en la frente o en la mano. Ellos revivieron y reinaron con Cristo durante mil años.
Después vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. Ante su presencia, el cielo y la tierra desaparecieron sin dejar rastros.
Y vi a los que habían muerto, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Fueron abiertos los libros, y también fue abierto el Libro de la Vida; y los que habían muerto fueron juzgados de acuerdo con el contenido de los libros; cada uno según sus obras.
El mar devolvió a los muertos que guardaba: la Muerte y el Abismo hicieron lo mismo, y cada uno fue juzgado según sus obras.
Entonces la Muerte y el Abismo fueron arrojados al estanque de fuego, que es la segunda muerte.
Y los que no estaban inscritos en el Libro de la Vida fueron arrojados al estanque de fuego.
Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.
Palabra de Dios

Salmo 84(83),3.4.5-6a.8a. 
Mi alma se consume de deseos
por los atrios del Señor;
mi corazón y mi carne claman ansiosos
por el Dios viviente.

Hasta el gorrión encontró una casa,
y la golondrina tiene un nido
donde poner sus pichones,
junto a tus altares, Señor del universo,
mi Rey y mi Dios.

¡Felices los que habitan en tu Casa
y te alaban sin cesar!
¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!
Ellos avanzan con vigor siempre creciente.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 21,29-33. 
Jesús hizo a sus discípulos esta comparación:
“Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol.
Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca. Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

Palabra del Señor

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El Juicio Final descrito en la primera lectura es algo que todos presenciaremos en su momento. Pero antes de él, cada uno de nosotros, tendremos nuestro propio juicio particular en el momento de nuestra muerte.

Antes del Juicio Final, la tierra será purificada por el fuego y como es obvio todos los habitantes de la tierra habrán muerto –y esto no es deducción, es doctrina católica, quien lo dude que lea los catecismos antiguos.

El primer acto del juicio final es la resurrección de los muertos no solo en alma, pues el alma nunca ha muerto, sino también en carne. Y posteriormente, la venida en Gloria de Nuestro Señor ante toda la humanidad, para juzgar a vivos y muertos.

¿Por qué entonces se dice en el credo que Nuestro Señor vendrá a juzgar a vivos y muertos si todos estarán muertos para ese entonces, y resucitarán juntos?

Pues porque  habla en sentido espiritual: los vivos son los santos y los muertos son los réprobos. Por eso, tras el juicio final, y tras juzgar a cada uno a vista de todos los habitantes de la tierra a lo largo de la historia, desde Adán hasta el último hombre que viva, las almas de los santos que ya gozaban de la visión de Dios se unirán a sus cuerpos gloriosos, y las almas de los réprobos atormentadas desde su muerte en el infierno, se verán obligadas a unirse con sus cuerpos deformes y corrompidos por el pecado y volver a las llamas para padecer si cabe más que antes.

Unos al tormento eterno, otros a la gloria eterna.

¿En qué lado quieres estar?

Si quieres ser salvo y no ser avergonzado en el Juicio Final, deja ya de comportarte como réprobo.

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LECTURAS JUEVES 27 DE NOVIEMBRE 2014

Lectura del Libro del Apocalipsis 18,1-2.21-23.19,1-3.9a. 
Yo, Juan, vi que otro Angel descendía del cielo con gran poder, mientras la tierra se iluminaba con su resplandor.
Y gritó con voz potente: “¡Ha caído, ha caído Babilonia, la grande! Se ha convertido en refugio de demonios, en guarida de toda clase de espíritus impuros y en nido de aves impuras y repugnantes.
Y un Angel poderoso tomó una piedra del tamaño de una rueda de molino y la arrojó al mar, diciendo: “Así, de golpe, será arrojada Babilonia, la gran Ciudad, y nunca más se la verá”.
Ya no se escuchará dentro de ti el canto de los que tocan el arpa y de los músicos, de los flautistas y de los trompetistas; ya no se encontrarán artesanos de los diversos oficios, ni se escuchará el sonido de la rueda del molino.
No volverá a brillar la luz de la lámpara, ni tampoco se escuchará la voz de los recién casados. Porque tus comerciantes eran los grandes de la tierra, y con tus encantos sedujiste a todos los pueblos.
Después oí algo parecido al clamor de una enorme multitud que estaba en el cielo, y exclamaba: “¡Aleluya! La salvación, la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos. El ha condenado a la famosa Prostituta que corrompía la tierra con su lujuria, y ha vengado en ella la sangre de sus servidores”.
Y volvieron a decir: “¡Aleluya! La humareda de la Ciudad se eleva por los siglos de los siglos”.
Después el Angel me dijo: “Escribe esto: Felices los que han sido invitados al banquete de bodas del Cordero”.
Palabra del Señor

Salmo Responsorial 100(99),1-2.3.4.5. 
Aclame al Señor toda la tierra,
sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos.

Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entren por sus puertas dando gracias,
entren en sus atrios con himnos de alabanza,
alaben al Señor y bendigan su Nombre.

¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 21,20-28. 
Jesús dijo a sus discípulos:
“Cuando vean a Jerusalén sitiada por los ejércitos, sepan que su ruina está próxima.
Los que estén en Judea, que se refugien en las montañas; los que estén dentro de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no vuelvan a ella.
Porque serán días de escarmiento, en que todo lo que está escrito deberá cumplirse.
¡Ay de las que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días! Será grande la desgracia de este país y la ira de Dios pesará sobre este pueblo.
Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que el tiempo de los paganos llegue a su cumplimiento.
Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas.
Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán.
Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria.
Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación”.

Palabra del Señor

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Este mundo es pasajero: los placeres, las riquezas, las posesiones, incluso las amistades y la familia… todo quedará aquí. A la hora de la muerte estaremos solos, totalmente solos con nuestros muchos pecados ante el Tribunal implacable de Cristo.

¿Qué vamos a decir? En ese momento se nos helará la voz y no podremos sino asentir. Desearíamos mil veces arrojarnos directos al infierno con tal de no ver la Severa Mirada del Señor sobre nosotros. Porque no, Él no nos recibirá con una sonrisa y un abrazo porque nosotros tampoco le hemos recibido con honores en nuestras vidas.

Hemos preferido perder su gracia, romper nuestra relación con Él por mil placeres vanos, por cosas efímeras que se desvanecieron en el recuerdo. Y luego… ¿esperamos que se nos trate de modo diferente al que nosotros le hemos tratado?

Ahí únicamente los que durante su vida se han negado a sí mismos, han cargado pacientemente con las cruces de cada día y se han esforzado hasta incluso llegar a derramar su sangre por seguir al Señor y avanzar por el camino de la santidad, van a permanecer con la cabeza levantada, porque  su muerte será su liberación.

En cambio a los réprobos, será precisamente al revés. Cuando lleven 100 mil años en el infierno y todavía estén comenzando su pena, se lamentarán una y otra vez… que eran esos escasos 100 años de placer, que ni siquiera fueron todos de placer, sino unos míseros momentos efímeros que no son nada comparados con la eternidad… no merecían la pena… pero ahora ya es tarde para arrepentirse. Recapacitarán pero en el mismo infierno.

Ninguno de nosotros puede considerarse salvo porque ninguno de nosotros está libre de culpas. Así que esforcémonos en lo que nos queda de vida por dar frutos de santidad, empleando los medios de santificación que Nuestro Señor dejó a su Santa Iglesia (Católica, se entiende). Y cuando veamos que comenzamos a darlos, tengamos cuidado con la soberbia, porque un resbalón, una caída en ese momento, será estrepitosa y nos llevará directos al abismo.

LECTURAS MIERCOLES 26 DE NOVIEMBRE 2014

Lectura del Libro del Apocalipsis 15,1-4.

Yo, Juan, vi en el cielo otro signo grande y admirable: siete Ángeles que llevaban las siete últimas plagas, con las cuales debía consumarse la ira de Dios.

También vi como un mar de cristal, mezclado de fuego. Los que habían vencido a la Bestia, a su imagen y la cifra de su nombre, estaban de pie sobre el mar, teniendo en sus manos grandes arpas,

y cantaban el canto de Moisés, el servidor de Dios, y el canto del Cordero, diciendo: “¡Grandes y admirables son tus obras, Señor, Dios todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los pueblos! ¿Quién dejará de temerte, Señor, quién no alabará tu Nombre?

Sólo tú eres santo, y todas las naciones vendrán a adorarte, porque se ha manifestado la justicia de tus actos”.

Palabra de Dios

 

Salmo Responsorial 98(97),1.2-3ab.7-8.9.

Canten al Señor un canto nuevo,

porque él hizo maravillas:

su mano derecha y su santo brazo

le obtuvieron la victoria.

 

El Señor manifestó su victoria,

reveló su justicia a los ojos de las naciones:

se acordó de su amor y su fidelidad

en favor del pueblo de Israel.

 

Resuene el mar y todo lo que hay en él,

el mundo y todos sus habitantes;

aplaudan las corrientes del océano,

griten de gozo las montañas al unísono.

 

Griten de gozo delante del Señor,

porque él viene a gobernar la tierra:

él gobernará al mundo con justicia,

y a los pueblos con rectitud.

 

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 21,12-19.

Jesús dijo a sus discípulos:

«Los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,

y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.

Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,

porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.

Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.

Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.

Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»

Palabra del Señor

 

La persecución a los cristianos ha sido una constante en la historia, y a día de hoy, en este preciso momento los cristianos están siendo perseguidos, encarcelados y hasta asesinados por el mero hecho de serlo en varios países.

¿Cómo afrontar esta injusticia?

Nuestro Señor no engaña a sus discípulos y se lo dice bien claro: En este mundo os espera la persecución. Como a mí me han odiado, os odiarán a ustedes, pues el siervo no es más que su Señor.

¿Por qué sucede esto?

Porque los fieles del Señor están  llamados a ser ciudadanos del Cielo, y en esta vida, se encuentran en terreno enemigo suspirando por volver a su patria. El mundo, y sobre todo el príncipe de este mundo no los reconoce como algo propio, sino como una amenaza que hay que erradicar.

En la medida que crece la santidad de uno, crece la amenaza aquí y por tanto, la persecución en nombre de Cristo será el broche de oro que demuestre que uno lo está haciendo bien.

¿Sucede porque Dios nos abandona?

Claramente no, el  Señor lo dice claro: No les tengáis miedo.

Su persecución dará lugar a que podáis dar testimonio de vuestra fe, y si perseveramos hasta la muerte, nos recibirán en el Cielo con altos honores así como recibieron a los santos mártires, y son dignos de estar ante el Trono del Altísimo por toda la eternidad.

Gracias a la constancia quizás pierdan sus vidas como Cristo, pero salvarán sus almas.

LECTURAS MARTES 25 DE NOVIEMBRE 2014

Lectura del Libro del Apocalipsis 14,14-19. 
Yo, Juan, vi una nube blanca, sobre la cual estaba sentado alguien que parecía Hijo de hombre, con una corona de oro en la cabeza y una hoz afilada en la mano.
En seguida salió del Templo otro Angel y gritó con voz potente al que estaba sentado sobre la nube: “Empuña tu hoz y siega, porque ha llegado el tiempo de la cosecha y los sembrados de la tierra están maduros”.
Y el que estaba sentado sobre la nube pasó su hoz sobre la tierra, y esta quedó segada.
Entonces otro Angel salió del Templo que está en el cielo, llevando también una hoz afilada.
Y salió del altar otro Angel -el que tiene poder sobre el fuego- y gritó con voz potente al que tenía la hoz afilada: “Empuña tu hoz y cosecha los racimos de la viña de la tierra, porque han llegado a su madurez”.
El Angel pasó la hoz afilada sobre la tierra, cosechó la viña y arrojó los racimos en la inmensa cuba de la ira de Dios.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial 96(95),10.11-12.13. 
Digan entre las naciones: «El Señor reina!
El mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.»

Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 21,5-11. 
Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
“De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”.
Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?”.
Jesús respondió: “Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: ‘Soy yo’, y también: ‘El tiempo está cerca’. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin”.
Después les dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.”

Palabra del Señor

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Ante la maldad reinante en el mundo, la gran mayoría de los que se hacen llamar cristianos sin serlo, elevan las manos al Cielo, culpan a Dios y hasta blasfeman contra Él por permitir esas cosas y el sufrimiento, mientras siguen pecando una y otra vez.

Con eso, cumplen en sus propias carnes las palabras del Apocalipsis, que pese a que habrá signos claros (“Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes.”) nadie se convertirá ni hará penitencia, sino que seguirán pecando y blasfemando contra Dios.

Y así, en lugar de santificarse, se hacen más reos del infierno que antes.

La llegada del Anticristo está próxima, y vendrá como un falso mesías haciendo grandes señales en el Cielo. Muchos desgraciados, por no conocer la verdadera doctrina, se dejarán seducir por Él, y por la creencia errónea de que Cristo instaurará el Reino de Dios aquí en la tierra y que los buenos sufrirán un rapto que los librará de la tribulación, irán derechos a recibir como Rey de reyes al mismísimo Diablo personificado.

Aun así, no debemos alarmarnos. Los verdaderos católicos, fieles del Señor, saben que no deben temer al fin. No porque no vayamos a sufrir, porque seremos perseguidos y posiblemente martirizados, sino por el hecho de que no nos preparamos para un momento de la historia determinado. La muerte de cada uno, que puede llegar en cualquier momento, nos presentará ante el tribunal de Cristo, y si no queremos ser arrojados al lago de fuego junto con Satanás y todos los réprobos, debemos comenzar a llevar una vida santa desde hoy.

Porque el listón está muy alto, pero con la Gracia de Dios, la intercesión de la  Santísima Virgen y todo nuestro esfuerzo, puede conseguirse.

¿A qué esperas? ¿Quién te garantiza que mañana seguirás con vida?

EVANGELIO LUNES 24 DE NOVIEMBRE 2014

Lectura del Libro del Apocalipsis 14,1-3.4b-5.
Después vi al Cordero que estaba de pie sobre el monte Sión, acompañado de ciento cuarenta y cuatro mil elegidos, que tenían escrito en la frente el nombre del Cordero y de su Padre.
Oí entonces una voz que venía del cielo, semejante al estrépito de un torrente y al ruido de un fuerte trueno, y esa voz era como un concierto de arpas:
los elegidos cantaban un canto nuevo delante del trono de Dios, y delante de los cuatro Seres Vivientes y de los Ancianos. Y nadie podía aprender este himno, sino los ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido rescatados de la tierra.
Estos son los que no se han contaminado con mujeres y son vírgenes. Ellos siguen al Cordero donde quiera que vaya. Han sido los primeros hombres rescatados para Dios y para el Cordero.
En su boca nunca hubo mentira y son inmaculados.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 24(23),1-2.3-4ab.5-6.
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque Él la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;

Él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 21,1-4.
Después, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo.
Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie.
Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir”.

Palabra del Señor

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¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado?

Aquellos que son despreciados, humillados, los últimos de los últimos, que han dejado todo por amor a Dios y abrazando su cruz siguen en todo a Cristo. Entre mortificaciones, penitencias, ayunos, piden a Dios por su salvación y la salvación del mundo. Aman a Dios sobre todo, y viven conforme su santa voluntad.

El ejército de santos que pasa desapercibido a los ojos de este mundo, como la viuda del evangelio.

¿Quiénes son sino esos que siguen al cordero a donde quiera que Él vaya?

Lo siguen por el camino de la humildad, por el camino de la penitencia, por el camino de la santidad, por el camino de la mansedumbre, por el camino de la pureza en la fe, por el camino de la virginidad, y un largo etc…

Nunca llegarán a ser como Él, pues es Dios infinitamente perfecto en todo, pero para llegar a ser santo y ser considerado digno de estar en presencia del Cordero en el Reino de los Cielos hay que intentarlo con todas las fuerzas.

Pidamos al Señor que nos permita seguirle y amarle como sus santos y que no antepongamos nada a Él ni al cumplimiento de su Voluntad en nuestras vidas.

LECTURAS DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE 2014 – SOLEMNIDAD DE CRISTO REY DEL UNIVERSO

Lectura del Libro del Profeta Ezequiel 34,11-12.15-17. 
Así habla el Señor: ¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él.
Como el pastor se ocupa de su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado, en un día de nubes y tinieblas.
Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar -oráculo del Señor-.
Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y curaré a la enferma, pero exterminaré a la que está gorda y robusta. Yo las apacentaré con justicia.
En cuanto a ustedes, ovejas de mi rebaño, así habla el Señor: «Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y chivos».

Palabra de Dios

Salmo Responsorial 23(22),1-2a.2b-3.5.6. 
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas.
me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15,20-26.28. 

Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.
Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.
En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo,
cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida.
En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder.
Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies.
El último enemigo que será vencido es la muerte, Y cuando el universo entero le sea sometido, el mismo Hijo se someterá también a aquel que le sometió todas las cosas, a fin de que Dios sea todo en todos.
Palabra de Dios

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 25,31-46. 
Jesús dijo a sus discípulos:
“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’.
Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?’.
Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’.
Luego dirá a los de su izquierda: ‘Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron’.
Estos, a su vez, le preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?’.
Y él les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo’.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna”.

Palabra del Señor

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Nuestro Señor Jesucristo es Rey por derecho propio y por derecho de conquista.

Y un día, ante su Realeza, reconocida ahora únicamente por sus fieles, se doblará toda rodilla en el Cielo, en la Tierra y en el Abismo, y toda lengua proclamará que Jesucristo es el Señor cuando tras la destrucción del orbe por el fuego, los muertos resuciten, aparezca nuestro Señor en Gloria a vista de todos y proceda a juzgar a todos los seres humanos, uno por uno, desde Adán.

Los criterios del juicio son conocidos por todos: El cumplimiento de los mandamientos de su Santa Ley, y las obras de misericordia realizadas: tanto corporales -como aparecen en la lectura-, como espirituales.

OBRAS CORPORALES DE MISERICORDIA

  1. Dar de comer al hambriento
  2. Dar de beber al sediento
  3. Dar posada al necesitado
  4. Vestir al desnudo
  5. Visitar al enfermo
  6. Socorrer a los presos
  7. Enterrar a los muertos

 

OBRAS ESPIRITUALES DE MISERICORDIA

  1. Enseñar al que no sabe
  2. Dar buen consejo al que lo necesita
  3. Corregir al que está en error
  4. Perdonar las injurias
  5. Consolar al triste
  6. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
  7. Rogar a Dios por vivos y difuntos

 

Estos serán los criterios del juicio, y en base a ellos “así habla el Señor: «Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y chivos»”. 

“Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo» (…) Luego dirá a los de su izquierda: «Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles» (…) Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna”. 

Que por intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de los Ángeles y de los Santos, vivamos de manera que no tengamos que avergonzarnos el día del Juicio Final y podamos ser dignos de ser incluidos en el número de los santos.

LECTURAS SABADO 22 DE NOVIEMBRE 2014

Lectura del Libro del Apocalipsis 11,4-12. 
Se me dijo a mí, Juan: «Estos dos testigos son los dos olivos y los dos candelabros que están delante del Señor de la tierra. Si alguien quiere hacerles daño, saldrá un fuego de su boca que consumirá a sus enemigos: así perecerá el que se atreva a dañarlos.
Ellos tienen el poder de cerrar el cielo para impedir que llueva durante los días de su misión profética; y también, tienen poder para cambiar las aguas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plagas, todas las veces que quieran.
Y cuando hayan acabado de dar testimonio, la Bestia que surge del Abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará.
Sus cadáveres yacerán en la plaza de la gran Ciudad -llamada simbólicamente Sodoma y también Egipto- allí mismo donde el Señor fue crucificado.
Estarán expuestos durante tres días y medio, a la vista de gente de todos los pueblos, familias, lenguas y naciones, y no se permitirá enterrarlos.
Los habitantes de la tierra se alegrarán y harán fiesta, y se intercambiarán regalos, porque estos dos profetas los habían atormentado».
Pero después de estos tres días y medio, un soplo de vida de Dios entró en ellos y los hizo poner de pie, y un gran temor se apoderó de los espectadores.
Entonces escucharon una voz potente que les decía desde el cielo: “Suban aquí”. Y ellos subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial 144(143),1.2.9-10. 
Bendito sea el Señor, mi Roca,
el que adiestra mis brazos para el combate
y mis manos para la lucha.

El es mi bienhechor y mi fortaleza,
mi baluarte y mi libertador;
él es el escudo con que me resguardo,
y el que somete los pueblos a mis pies.

Dios mío, yo quiero cantarte un canto nuevo
y tocar para ti con el arpa de diez cuerdas,
porque tú das la victoria a los reyes
y libras a David, tu servidor.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 20,27-40. 
Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección,
y le dijeron: “Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda.
Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos.
El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia.
Finalmente, también murió la mujer.
Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?”.
Jesús les respondió: “En este mundo los hombres y las mujeres se casan,
pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán.
Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.
Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él”.
Tomando la palabra, algunos escribas le dijeron: “Maestro, has hablado bien”.
Y ya no se atrevían a preguntarle nada.

Palabra del Señor

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¡Cuanta es la malicia del ser humano! Fíjense que la actitud de los saduceos recoge una faceta demasiado común: la hipocresía, las medias-verdades, las preguntas con trampa para coger al prójimo en un renuncio y tener con qué justificarse.

Al igual que ellos nos comportamos nosotros, muchas veces con el prójimo, pero muchas más con el Señor. ¿Por qué? Porque ante Él siempre estamos justificándonos.

“Señor, ¿Tu me quieres feliz verdad? Pues entonces no me puedes contar como pecado mortal esto que me hace feliz.”

“Señor, ¿Tu me quieres no? Pues si me amas, concédeme esto que te pido”

Son infinitos los ejemplos. Por la boca muere el pez, pero igualmente por la boca se pierde el hombre: por la cantidad de blasfemias y sandeces que dice a lo largo del día, pero si las dice, es porque las piensa, y si las piensa es porque su interior está corrompido por el pecado. Y si el interior está corrompido por el pecado, entonces no hay salvación posible por mucho que se quiera aparentar justo.

Hace falta mucha humildad para reconocer los errores propios y extirpar su mal de raíz, con la ayuda del sacramento de la penitencia, la gracia que éste concede y las mortificaciones personales.

En caso de no tenerla, cualquier justo que proclame la verdad y saque a relucir con su vida tus pecados, te atormentará hasta el punto que quieras quitarlo de en medio, como el Anticristo a los dos testigos que en  medio de la gran apostasía harán un llamamiento al mundo entero a la penitencia, el arrepentimiento y la conversión sincera.

Que en este día miremos nuestros corazones y extirpemos de raíz todo afecto al pecado de modo que solo quede un terreno propicio para aceptar los mandatos del Señor, amarlos de corazón y ponerlos en práctica.

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