LECTURAS MIERCOLES 10 DE SEPTIEMBRE 2014

Lectura de la primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 7,25-31.
Hermanos:
Acerca de la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor. Pero hago una advertencia, como quien, por la misericordia del Señor, es digno de confianza.
Considero que, por las dificultades del tiempo presente, lo mejor para el hombre es vivir sin casarse.
¿Estás unido a una mujer? No te separes de ella. ¿No tienes mujer? No la busques.
Si te casas, no pecas. Y si una joven se casa, tampoco peca. Pero los que lo hagan, sufrirán tribulaciones en su carne que yo quisiera evitarles.
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; lo que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 45(44),11-12.14-15.16-17.
¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!
Olvida tu pueblo y tu casa paterna,
y el rey se prendará de tu hermosura.
Él es tu señor: inclínate ante él.

Embellecida con corales engarzados en oro
y vestida de brocado, es llevada hasta el rey.
Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían.

Con gozo y alegría entran al palacio real.
Tus hijos ocuparán el lugar de tus padres,
y los pondrás como príncipes por toda la tierra.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6,20-26.
Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

Palabra del Señor

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En el evangelio de hoy vemos como nuestra vida cotidiana y nuestros principios se alejan descaradamente del camino marcado por el Señor para llegar al Reino de los Cielos.

Pero debemos entender bien lo que nos enseña.

Dios no nos recompensará con su Reino si estamos sin un céntimo, con el estómago vacío, amargados y reprimidos, y quejándonos todo el día.

Dios no quiere pobres, sino que los corazones estén desapegados a las riquezas de este mundo y centrados únicamente en Él.

Dios no quiere hambrientos, sino que deseemos su escuchar su Palabra, recibirle en la Eucaristía y cumplir y que se cumplan cada uno de sus Mandatos más que nuestro pan de cada día.

Dios no quiere llorones, sino corazones compungidos que sufran por haber traicionado al Señor por su pecado y porque el Nombre del Señor es cada vez más ultrajado.

Dios no quiere amargados y reprimidos sexualmente, quiere vírgenes con todas sus letras, que conozcan y proclamen con su pureza el honor de ser únicamente para Dios y vivir ya en esta tierra como si fuesen ciudadanos del Cielo y parte de las milicias celestiales.

Preciosa a los ojos del Señor es la Muerte de sus Santos, o mejor dicho, la muerte santa en gracia de Dios. Y más precioso aún el martirio de sus Santos, porque el haber sido perseguidos hasta derramar su Sangre por Cristo sin desfallecer, es la mayor expresión de amor que el Señor puede recibir y es premiada con los más altos honores en el Cielo.

Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; lo que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.

¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre!

¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!

El Señor dará a cada uno el justo pago por sus obras.

LECTURAS LUNES 8 DE SEPTIEMBRE 2014

Lectura del Libro del Profeta Miqueas 5,1-4a.
Así habla el Señor:
Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial.
Por eso, el Señor los abandonará hasta el momento en que dé a luz la que debe ser madre; entonces el resto de sus hermanos volverá junto a los israelitas.
El se mantendrá de pie y los apacentará con la fuerza del Señor, con la majestad del nombre del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque él será grande hasta los confines de la tierra. ¡Y él mismo será la paz!

Palabra de Dios

Salmo Responsorial 13(12),6ab.6c.
Yo confío en tu misericordia
que mi corazón se alegre porque me salvaste.
¡Cantaré al Señor porque me ha favorecido!

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 1,1-16.18-23.
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:
Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos.
Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón;
Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón.
Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé;
Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías.
Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá;
Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías.
Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías;
Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías;
Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.
Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel;
Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor.
Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud;
Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”.

Palabra del Señor

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En esta fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, se nos proponen estas lecturas que expresan su importancia en la historia y en el plan de Salvación.

María es la nueva Eva, la criatura perfecta, que ocupaba la mente del Señor desde el mismo momento de la caída de la humanidad en el pecado.

Ella sería preservada del mismo pecado desde su concepción, y así, toda ella de Dios, renunciando a la fecundidad tan ansiada en su pueblo en pos de la virginidad consagrada y totalmente dedicada a Dios, fue la Madre más fecunda de todas las que moraron en la tierra, y la Mujer más afortunada: No solo fue la Madre del Mesías, Esposa del Espíritu Santo e Hija predilecta del Padre, sino también, Madre de todos los Bienaventurados del Cielo y de la Iglesia Militante, o sea, de aquellos que estamos todavía en esta tierra luchando para ser dignos del Reino.

Tomemos en este día la resolución de entregarnos como esclavos de amor al Señor por medio de la Santísima Virgen al modo que propone San Luis de Montfort como describe en su libro Tratado para la verdadera devoción de la Santísima Virgen (Descargar), ya que es la manera más perfecta que tenemos nosotros –pobres pecadores- de acercarnos a Dios.

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

La Virgen María fue la Madre de Jesús y, con este hecho, se cumplieron las Escrituras y todo lo dicho por los profetas. Dios escogió a esta mujer para ser la Madre de su Hijo. Con ella se aproximó la hora de la salvación. Por esta razón la Iglesia celebra esta fiesta con alabanzas y acciones de gracias.

El nacimiento de la Virgen María tuvo privilegios únicos. Ella vino al mundo sin pecado original. María, la elegida para ser Madre de Dios, era pura, santa, con todas las gracias más preciosas. Tenía la gracia santificante, desde su concepción.

Después del pecado original de Adán y Eva, Dios había prometido enviar al mundo a otra mujer cuya descendencia aplastaría la cabeza de la serpiente. Al nacer la Virgen María comenzó a cumplirse la promesa.

La vida de la Virgen María nos enseña a alabar a Dios por las gracias que le otorgó y por las bendiciones que por Ella derramó sobre el mundo. Podemos encomendar nuestras necesidades a Ella.

La fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María se comenzó a celebrar oficialmente con el Papa San Sergio (687-701 d.C.) al establecer que se celebraran en Roma cuatro fiestas en honor de Nuestra Señora: la Anunciación, la Asunción, la Natividad y la Purificación.

Se desconoce el lugar donde nació la Virgen María. Algunos dicen que nació en Nazaret, pero otros opinan que nació en Jerusalén, en el barrio vecino a la piscina de Betesda. Ahí, ahora, hay una cripta en la iglesia de Santa Ana que se venera como el lugar en el que nació la Madre de Dios.

Para no olvidar

María vino al mundo sin pecado original y con la gracia santificante.

La Virgen María fue escogida para ser la Madre de Dios.

La Virgen María fue pura y santa.

Al nacer la Virgen María se cumplió la promesa de Dios de que mandaría al mundo a una mujer

María, en este día que festejamos tu nacimiento, te pido que me ayudes a estar siempre cerca de ti y de tu Hijo Jesús.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Santísima Virgen María, ruega por nosotros.

SANTA ROSA DE VITERBO, VIRGEN (4 DE SEPTIEMBRE)

SANTA ROSA DE VITERBO, VIRGEN

SANTA ROSA DE VITERBORosa nació en Viterbo en 1235. Viterbo formaba parte  entonces del patrimonio de San Pedro. En 1216 había muerto Inocencio  III, a quien se ha llamado el Augusto del pontificado. Con él se  llegó a la cúspide de la autoridad de la Iglesia sobre el mundo.  Pero, a su muerte, el emperador Federico II estuvo en lucha constante con los  papas Gregorio IX e Inocencio IV. De la lucha salieron debilitados los dos  poderes, el imperial y el pontificio. Se acercaban días malos para la  Iglesia.

Los padres de Rosa eran pobres y excelentes cristianos. Ya  en su más tierna infancia todos se dieron cuenta de que Dios  tenía grandes planes sobre ella. De verdad que es asombrosa la mezcla de  lo natural y de lo sobrenatural en su vida. En vez de entregarse a los juegos  propios de su edad, se pasaba largos ratos ante las imágenes de los  santos, especialmente si eran imágenes de la Virgen Santísima.  Impresionaba la atención con que oía a sus padres cuando hablaban  de cosas de Dios. Desde muy pequeña sintió ansias de vivir en  soledad, ansias que casi nunca se realizaron del todo. Y siempre fue una  enamorada de la penitencia. Los viterbianos se avezaron a ver por sus calles a  una niña, que iba siempre descalza y con los cabellos en desorden.  Grandes eran sus austeridades en la comida, llegando a pasarse días  enteros con un poco de pan. Pan que muchas veces iba a parar a la boca de los  pobres, otra de sus santas debilidades. Corría tras los pobres y con  cariño inmenso les ofrecía todo cuanto tenía. Si fuera de  su casa era caritativa, es fácil imaginar el respeto y amor con que  mimaba a sus padres.

En Viterbo había un convento de religiosas, llamado  de San Damián. A sus puertas llamó nuestra heroína, pero  inútilmente, porque era pobre y porque era niña. Entonces decide  convertir su casa en un claustro. Allí se excedía santamente en  las penitencias corporales, llegando a disciplinarse hasta perder el  conocimiento. Los de su casa intentan apartarla del camino emprendido, pero es  tanta la gracia humano-divina que se refleja en toda su persona, que convence a  todos. Y las horas de oración se sucedían sin interrupción  en su vida.

A los ocho años, víctima de sus penitencias,  contrae una gravísima enfermedad, que dura quince meses. Fue  milagrosamente curada por la Santísima Virgen, quien le mandó  tomar el hábito de la Tercera Orden de San Francisco, hábito que  recibió en la iglesia de Santa María. Aquel día  empezó su vida de apóstol. Al salir de la iglesia predicó  con tal fervor sobre la pasión de Nuestro Señor Jesucristo y los  pecados de los hombres, que todos se volvieron compungidos a sus casas,  mientras ella regresaba gustosa a su soledad. Día tras día toda  la ciudad, atónita, oyó sus predicaciones. Difícilmente  comprendemos hoy el ardor con que las multitudes medievales iban tras el  predicador de la palabra de Dios, las conversiones, las públicas  reconciliaciones que provocaba, por ejemplo, un San Antonio de Padua. Y si el  predicador resultaba ser una niña de pocos años…

No faltaron las contradicciones ni las penas. Los  partidarios de Federico II, enemigos de la Santa Sede, en seguida la hicieron  objeto de sus ataques. Tras las mofas y las calumnias vino el destierro. Todo  ello sirvió para demostrar el temple de aquella niña, quien, como  los apóstoles en otro tiempo, dijo que no podía dejar de predicar  la divina palabra. Y la Providencia se valió de la malicia de sus  perseguidores para que la semilla de la verdad fructificara en otras partes.  Con sus padres tuvo que salir de noche de Viterbo, mientras la nieve  barría los caminos. Agotados por el cansancio y el sufrimiento, llegaron  al día siguiente al pueblo de Soriano. Sin embargo, todos los  sufrimientos físicos se desvanecieron ante el dolor de su alma por la  disolución moral de aquellas gentes. Allí continúa  predicando, y su predicación se convierte, al cabo de algunos meses, en  abundantes conversiones. Acuden también a oírla hombres y mujeres  de los pueblos vecinos. A sus oyentes un día les anunció la  muerte de Federico II, ocurrida en Fiorentino de Puglia el 13 de diciembre de  1250. Al fin de su vida el emperador se reconcilió con la Iglesia.

Y los pueblos de Vitorchiano, Orvieto, Acquapendente,  Montefalcone y Corneto, oyeron, extrañados y al fin convencidos, la voz  de aquella niña que atraía con su sola presencia, y que, si era  preciso, confirmaba su predicación con milagros. Uno de los defectos que  se achacan, con razón, a la Edad Media es la excesiva credulidad con que  admitía los hechos extraordinarios. Hoy los biógrafos de nuestra  Santa rechazan algunos de los milagros que se le atribuyeron, pero sin duda  ninguna que hizo grandes milagros, porque de otro modo no se explica la  polvareda espiritual que su paso levantó por todas partes. Su vida  entera era un milagro.

A los dieciocho meses de haber salido de su pueblo natal  pudo regresar a él, después de la muerte de Federico II. El  pueblo entero salió a recibir a la mujer extraordinaria, contentos todos  de recuperar aquel tesoro, que ahora apreciaban más después de  haberlo perdido.

A pesar de sus triunfos apostólicos, su alma deseaba  la soledad, para entregarse más decididamente a la oración y a la  penitencia. Es la constante historia de todos los verdaderos apóstoles.  San Bernardo había escrito poco tiempo antes que el apóstol debe  ser concha y no simple canal.

Por segunda vez intenta entrar en un convento. Esta vez el  monasterio lleva el bonito nombre de Santa María de las Rosas. Pero por  segunda vez se le cierran las puertas del claustro. Dios no la destinaba a la  vida religiosa.

Y por consejo de su confesor, Pedro de Capotosti, decide de  nuevo convertir su casa en el claustro soñado; esta vez, sin embargo,  tendrá que preocuparse de la santificación de otras almas.  Algunas amigas suyas de Viterbo se unen a ella para guardar silencio, cantar  salmos y oír sus exhortaciones espirituales. Ante la constante afluencia  de nuevas jóvenes, el confesor de Rosa les compra un terreno cerca de  Santa María de las Rosas. Allí floreció una comunidad que  tomó la regla de la Orden Tercera de San Francisco.

De nuevo las humanas pequeñeces estorbaron la obra de  Dios. Inocencio IV suprimió la obra, a indicación de las monjas  de San Damián.

El biógrafo de San Francisco de Asís,  Tomás de Celano, dice que «cantando recibió la muerte».  Un canto de alegría fue también la muerte de Rosa. Gastada  prematuramente por las penitencias y el apostolado, se preparó para  salir al encuentro del Esposo de las vírgenes. Al recibir el  viático quedó largo rato en altísima contemplación.  Cuando volvió en sí se le administró la  extremaunción. Pidió perdón a Dios de todos sus pecados y  se despidió de sus familiares con la exquisita caridad de siempre.  Jesús, María, fueron sus últimas palabras.  Tenía diecisiete años y diez meses.

Puede fácilmente imaginarse el dolor de los  viterbianos. ¡Había sido tan rápido su paso sobre la tierra!  Su cuerpo, que despedía un perfume muy agradable, fue sepultado en Santa  María.

Santa Rosa de Viterbo, ruega por nosotros.

LECTURAS VIERNES 22 DE AGOSTO 2014

Lectura del libro del profeta Isaías (9,1-3.5-6):

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz.» Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.

Palabra de Dios

 

Salmo Responsorial 112,1-2.3-4.5-6.7-8

R/. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R/.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.

 

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas (1,26-38):

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor

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La Realeza de Nuestra Señora rompe nuestros esquemas. Su gran luz que pasó desapercibida en su generación, continua sin ser verdaderamente alabada en la nuestra.
¿Qué es su realeza sino su esclavitud ante el Señor? ¿Qué su grandeza sino su humildad?
El momento que cambió la historia de la humanidad, la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo, dependió del “Sí” de esta gran Mujer a quien el mundo no reconoció como debiese.
Quien como el Señor que creo tan hermosa criatura. La más bella, la más grande, para llevar a cabo su plan de salvación.
Traer al mundo al Hijo de Dios, cuidarle, criarle, compartir su misión, su tarea, su cruz, cada segundo de sufrimiento… Legitimo era que la toda Inmaculada, que compartió los sufrimientos del Redentor se sentase en la gloria a la derecha del Rey.Sometamonos a su realeza como sus fieles esclavos. Ya que nadie sirve mejor al Hijo que agradando a su Madre.
¡A Jesús por María! ¡Viva Cristo Rey y María Reina!
 “Tratado de la verdadera devoción a la Stma Virgen” – Descargar

SANTA MARÍA, REINA (22 DE JUNIO)

 

SANTA MARÍA, REINA

SANTA MARIA REINAEl 22 de agosto celebramos a la Santísima Virgen María como Reina. María es Reina por ser Madre de Jesús, Rey del Universo.

La fiesta de hoy fue instituida por el Papa Pío XII, en 1955 para venerar a María como Reina igual que se hace con su Hijo, Cristo Rey, al final del año litúrgico. A Ella le corresponde no sólo por naturaleza sino por mérito el título de Reina Madre.

María ha sido elevada sobre la gloria de todos los santos y coronada de estrellas por su divino Hijo. Está sentada junto a Él y es Reina y Señora del universo.

María fue elegida para ser Madre de Dios y ella, sin dudar un momento, aceptó con alegría. Por esta razón, alcanza tales alturas de gloria. Nadie se le puede comparar ni en virtud ni en méritos. A Ella le pertenece la corona del Cielo y de la Tierra.

María está sentada en el Cielo, coronada por toda la eternidad, en un trono junto a su Hijo. Tiene, entre todos los santos, el mayor poder de intercesión ante su Hijo por ser la que más cerca está de Él.

La Iglesia la proclama Señora y Reina de los ángeles y de los santos, de los patriarcas y de los profetas, de los apóstoles y de los mártires, de los confesores y de las vírgenes. Es Reina del Cielo y de la Tierra, gloriosa y digna Reina del Universo, a quien podemos invocar día y noche, no sólo con el dulce nombre de Madre, sino también con el de Reina, como la saludan en el cielo con alegría y amor los ángeles y todos los santos.

La realeza de María no es un dogma de fe, pero es una verdad del cristianismo. Esta fiesta se celebra, no para introducir novedad alguna, sino para que brille a los ojos del mundo una verdad capaz de traer remedio a sus males.

Santa María, Reina de Cielos y Tierra, ruega por nosotros.

LECTURAS VIERNES 15 DE AGOSTO 2014 – SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

Lectura del libro del Apocalipsis 11,19a.12,1-6a.10ab.

En ese momento se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca de su Alianza, y hubo rayos, voces, truenos y un temblor de tierra, y cayó una fuerte granizada.

Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza. Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz.

Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en cada cabeza tenía una diadema. Su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera.
La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono, y la Mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio para que allí fuera alimentada durante mil doscientos sesenta días.

Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: “Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios.
Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: “Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 45(44),10bc.11.12ab.16.

A tu derecha está la Reina, adornada con joyas y con oro de Ofir.

¡Escucha, hija mía, mira, inclina el oído!

Olvida tu pueblo y la casa paterna,

Prendado está el Rey de tu belleza.

Él es tu Señor: inclínate ante Él;

con gozo y alegría entran al palacio real.

Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15,20-26.

Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.
Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.

En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo,
cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida.

En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder.

Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies.

El último enemigo que será vencido es la muerte.

Palabra de Dios

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1,39-56.

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

María dijo entonces: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre”.
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor

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El FIAT de María, ese “hágase” incondicional al Señor de la Criatura más perfecta e inmaculada que jamás pisó la faz de la tierra, propició que Nuestro Señor viniese al mundo encarnándose en la naturaleza humana y rescatándonos, por su Pasión y Muerte, de la esclavitud a la que Satanás por medio del pecado nos había sometido.

Este SI que hizo a María seguir al Señor, cada instante de su vida, con una entrega total de sí misma, hasta el mismo Calvario, hizo que también el Señor se dignase en hacerla participe de su Gloria en Cuerpo y Alma, propiciando así su Asunción a los Cielos.

En el pasaje del Apocalipsis que hemos leído en la primera lectura contemplamos la escena de la llegada de Nuestra Señora a los Cielos, donde será recibida por la Santísima Trinidad y todas sus Milicias Celestiales para coronarla como Reina de Cielos y tierra.

Así Coronada Ella se sentará en la Gloria a la derecha del Rey de Reyes, como profetizaba el Salmista, y aguardará allí hasta la resurrección de los muertos -donde todos nos uniremos a nuestros cuerpos que compartirán el mismo destino que las almas: unos para el tormento eterno y otros para la Gloria Eterna- que antecederá al Juicio Final, para coronar a los Santos y reinar sobre ellos junto a Nuestro Señor por toda la eternidad.

Pero no caigamos en la tentación de pensar que el camino de Nuestra Señora fue más sencillo que el nuestro. Su puesto a la derecha del Señor fue ganado tras una terrible lucha contra Satanás y sus asechanzas.

Si bien es cierto que ella fue concebida libre de pecado original por gracia divina, también lo es que nosotros hemos sido liberados de ese pecado por medio del Sacramento del Bautismo. Sin embargo, a diferencia de nosotros, Ella permaneció toda su vida sin cometer el más mínimo pecado, mientras que nosotros necios nos revolcamos una y otra vez en el barro de nuestra inmundicia sin tener el menor reparo.

Fue la humildad extrema de Nuestra Señora la que la hizo grande, y esa que había recibido el don de dones, es decir, convertirse en la mismísima Madre de Dios, no podía autodenominarse otra cosa que su humilde esclava, como hemos visto en el evangelio.

Dejemos por tanto, nuestra soberbia a un lado y busquemos únicamente la Gloria de Dios por medio del acatamiento de su voluntad cada segundo de nuestra vida.

SAN ESTANISLAO DE KOSTKA, RELIGIOSO

SAN ESTANISLAO DE KOSTKA, RELIGIOSO

SAN ESTANISLAO KOSTKANació en el castillo de Rostkow el 28 de octubre de 1550. Su padre era senador de Polonia y lord de Zakroczym, y su madre estaba emparentada con la nobleza. Tenía tres hermanos y dos hermanas. Pablo, el primogénito, era diametralmente opuesto a Estanislao. Éste disciplinado, sensible, amante de la oración y de las prácticas de piedad, con una gran inocencia evangélica que impulsaba a quienes estaban a su alrededor a respetar sus creencias. Y Pablo entregado a las diversiones mundanas. Tenían el privilegio de formar parte de una familia que por su manera de vivir la fe católica se había convertido en un punto de referencia importante para todos. En su hogar solo vieron piedad, modestia, honestidad y otros valores que adoptados por ellos debían ser motivo de descanso para el personal de servicio y para cualquier persona de su entorno. Sin embargo, como suele suceder con los hermanos, aunque recibieron la misma educación, cada uno la procesó de forma distinta.

 Los dos recibieron clase en su propia casa siendo su tutor Juan Bilinsky. Pero una vez cubierta la primera etapa de su enseñanza, los padres juzgaron conveniente enviarlos a Viena. Tenían noticia del prestigioso centro regido por los jesuitas, y sabían que custodiados por ellos, su fe no correría peligro; al contrario. Estanislao tenía entonces 14 años. Era alegre, noble, austero, buen estudiante, muy estimado por todos. Pero apenas pudieron permanecer allí un año, ya que en 1565 el colegio fue clausurado por el emperador Maximiliano II. Así que ambos hermanos se alojaron en el domicilio de una luterana, junto a Bilinsky y otros jóvenes polacos. Pablo emprendió su particular ataque contra Estanislao, mofándose de su forma de vida marcada por la oración, ayuno, mortificación, disciplinas, y comunión, siempre que era posible. Bilinsky tampoco veía con buenos ojos al joven santo, y las hostilidades comenzaron a cebarse en él. Le hacían creer que era una presunción estimar la santidad como el ideal más elevado, y le recordaban su alta procedencia al objeto de tentarle en su modestia. Le aconsejaban vestir conforme a su rango y a obedecer a Bilinsky. Ignoraban que la vida le apremiaba misteriosamente. Pablo llegó a maltratarle, pero no logró llevarle a su territorio.

 En diciembre de ese año 1565 el santo enfermó de gravedad, y la luterana se negó a acoger en su domicilio a un sacerdote para que le diese la comunión y el viático. Estanislao apeló a santa Bárbara creyendo que por su mediación se otorgaba el don de no morir sin recibir los sacramentos, y se le apareció rodeada de dos ángeles, uno de los cuales le dio la Sagrada Comunión. En medio de esta gracia sobrenatural vio también a la Virgen Inmaculada y al Niño que depositó en sus manos; se curó instantáneamente. Ella le advirtió que no había llegado su hora y que debía ingresar en la Compañía de Jesús. Y eso hizo. Pero dada su edad, precisaba el consentimiento paterno. Su progenitor se lo negó con rotundidad. Luego fracasó su intento de ingresar en Viena ya que el provincial no le admitió temeroso de las represalias que aquél podía tomar. Entonces, íntimamente una voz hizo ver al joven que debía acudir a Alemania y exponer su deseo a san Pedro Canisio. Salió vestido de peregrino, y de ese modo se desembarazó de su hermano y de Bilinsky en medio de situaciones de peligro, ya que cuando se dieron cuenta de su fuga, Pablo le siguió.

 Hizo el camino a pie hasta Dilinga donde el P. Canisio le acogió, le encomendó varias misiones, la mayoría muy humildes, que desempeñó con fidelidad, alegría y obediencia. Después de probar su vocación, fue destinado a Roma donde llegó a pie recorriendo los Alpes y los Apeninos. Le recibió san Francisco de Borja. Allí le persiguió la ira de su padre que le envió una terrible y amenazadora carta. Le reprendía de forma implacable por haber tomado una «sotana despreciable y haber abrazado una profesión indigna de su alcurnia». Estanislao respondió, con respeto y firmeza, rogándole que le diese permiso para llevar adelante la vida que había escogido. Después, dejando en manos de Dios el grave problema familiar, se centró en su misión. Se propuso vivir la regla de principio a fin sin lesionarla lo más mínimo, con la gracia divina. Un día, el P. Manuel de Sá lo llevó a Santa María la Mayor y le preguntó que si amaba a la Virgen. «¿Y no la he de amar, si es mi Madre?». Por esa época, a sus 17 años, le veían entrar en éxtasis durante la misa y después de recibir la comunión. En los inicios de 1568 profesó. Ese mismo año la canícula romana le provocó súbitos y constantes desvanecimientos; fueron para él un aviso de su pronta muerte. Unos días previos a la festividad de la Asunción de María, comentó: «¡Qué día tan feliz debió ser para todos los santos aquél en que María entró en el cielo! Quizá ellos lo celebran con especial gozo, como lo hacemos nosotros en la tierra. Espero que estaré entre ellos en su próxima celebración».

 Diez días más tarde, en la festividad de san Lorenzo, tuvo que guardar cama, y aunque no había elementos para pensar que pudiera morir, no hizo más que repetir que no volvería a levantarse. El día de la Asunción de 1568 vio a la Virgen rodeada de ángeles que le llamaba, y poco después falleció con suavidad, como si se hubiera quedado dormido. Tiempo atrás había dicho: «Yo nací para grandes cosas»; así era. Pasado un mes, llegó Pablo con indicaciones paternas expresas de llevárselo a casa, y se encontró con que había muerto. Impresionado, reconoció el mal que le hizo. Fue testigo en el proceso de beatificación, y a la edad de 60 años solicitó ingresar en la Compañía. Estanislao fue beatificado por Paulo V el 19 de octubre de 1605. Benedicto XIII lo canonizó el 31 de diciembre de 1726.

San Estanislao de Kostka, ruega por nosotros.

SANTA LIBERATA, VIRGEN Y MARTIR (20 DE JULIO)

SANTA LIBERATA, VIRGEN Y MARTIR

SANTA LIBERATASanta Liberata era hija de Lucio Castelio Severo quien fue gobernador romano del noreste de la península ibérica (Gallaecia y Lusitania) en el año 122.

Su esposa Calsia, quien da a luz en un solo parto a nueve niñas, mientras su marido esta fuera recorriendo sus dominios, temiendo ser repudiada por infidelidad conyugal decide deshacerse de las criaturas y se las encomienda a su fiel servidora Sila, ordenándole que bajo el mayor secreteo las ahogara en el río Miñor.

Sila cristiana a carta cabal, lejos de cometer tan horrible crimen, las deja en casa de familias amigas y las criaturas fueron bautizadas por el obispo San Ovidio y criadas en la fe cristiana.

Los nombres de estas niñas fueron: Ginebra, Victoria, Eufemia, Germania, Marina, Marciana, Basilisa, Quiteria y Liberata.

Llegado el momento tuvieron que comparecer ante su propio padre acusadas de ser cristianas, el cual al saber que eran sus hijas las invita a que renuncien a Cristo a cambio de poder vivir rodeadas de los lujos y comodidades propias de su nacimiento.

Las encarcela tratando de atemorizarlas pero logran huir de las garras de la cárcel y se dispersaron.

Todas ellas, no obstante acabarían siendo mártires cristianas.

La devoción popular sitúa a Liberata mártir en la cruz a la edad de 20 años el 18 de enero del 139.

Su fiesta se celebra el 20 de Julio por ser la fecha en que se trasladaron sus reliquias desde la ciudad de Sigüenza a la Baiona gallega en el año 1515.

Santa Liberata, ruega por nosotros.

EVANGELIO MIERCOLES 16 DE JULIO 2014

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 11,25-27.
Jesús dijo:
“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.”

Palabra del Señor

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En este día dedicado a Nuestra Señora del Carmen, vemos como en Ella se cumplen mejor que en nadie las palabras de este evangelio.

Nuestra Señora, la más humilde ante Dios y los hombres, la más pequeña entre las pequeñas, fue aquella capaz de comprender y aceptar las grandezas de Dios y traernos así la esperanza al mundo.

Que en este día meditemos su ejemplo y pidamos la gracia de imitarla en cada instante de nuestra vida.

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