SANTAS FLORA Y MARIA, VIRGENES Y MARTIRES (24 DE NOVIEMBRE)

SANTAS FLORA Y MARIA, VIRGENES Y MARTIRES

En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, santas Flora y María, vírgenes y mártires, que en la persecución llevada a cabo por los musulmanes fueron encarceladas con san Eulogio y después muertas a espada.

La «Passio» de estas dos vírgenes mártires fue escrita por san Eulogio de Córdoba, que las conoció en la cárcel. Flora, nacida en Córdoba de padre musulmán y madre cristiana, fue educada por ésta, después de la muerte de su marido, en la religión católica. Para evitar el constante choque con su hermano musulmán y para mejor dedicarse a la piedad y la penitencia, hacia el 845 se alejó de su casa, y fue a vivir con su hermana Baldegoto. Debido a esta fuga, delatada por su hermano, fueron detenidos algunos clérigos y fieles, y Flora regresó a su casa. Denunciada por su hermano al cadí (juez) bajo la acusación de apostasía, fue brutalmente golpeada. Cuando la soltaron volvió a escapar y permaneció oculta durante seis años en las cercanías de Martos (Jaén); entonces, encendida en deseo del martirio, regresó a Córdoba, donde en la basílica de San Acisclo conoció a María (llamada también indistintamente Marta), que se había criado en el monasterio de Santa María de Cuteclara, cerca de Córdoba, bajo la orientación de la viuda Artemia. Desde que fuera martirizado su hermano monje, el diácono Wallabonso, María había dejado el monasterio en busca del martirio.

Encontrándose así, Flora y María fueron ante el cadí a profesar públicamente su fe católica. Puestas en la cárcel, fueron visitadas por san Eulogio, que también estaba en la misma prisión, y, movido por la fortaleza y el sufrimiento de las dos vírgenes, en cuanto regresó a su celda comenzó a escribir para ellas ese ardiente tratado, el «Documentum Martyriale», que es la más noble apología y exhortación al martirio. Varias veces interrogadas y juzgadas por el cadí, perseveraron firmes en la fe, y por ello fueron decapitadas el 24 de noviembre del 851, durante la cruel persecución del emir Abd-e-Rahman II. Sus cuerpos, abandonados en el campo pero respetados por los mismos animales, fueron luego arrojados al río Guadalquivir, pero el cuerpo de María fue encontrado y enterrado por los cristianos en la iglesia del monasterio de Cuteclara. Las cabezas de las dos mártires fueron colocadas en la basílica de San Acisclo. San Eulogio, que atribuye a la intercesión de las dos vírgenes su puesta en libertad pocos días después, dio la noticia del martirio en dos cartas dirigidas a su amigo Álvaro Paulo y a la hermana de Flora, Baldegoto, y coloca su informe en su «Memoriale Sanctorum».

Santas Flora y María, rogad por nosotros.

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SANTA CECILIA, VIRGEN Y MARTIR (22 DE NOVIEMBRE)

SANTA CECILIA, VIRGEN  Y MARTIR

SANTA CECILIALas «Actas del Martirio de Santa Cecilia» tienen su origen hacia la mitad del siglo quinto, y han sido transmitidas en numerosos manuscritos, así como traducidas al griego. Fueron asimismo utilizadas en los prefacios de las misas del mencionado «Sacramentarium Leonianum». Ellas nos informan que Cecilia, una virgen de familia senatorial y cristiana desde su infancia, fue dada en matrimonio por sus padres a un noble joven pagano, Valeriano. Cuando, tras la celebración del matrimonio, la pareja se retira a la cámara nupcial, Cecilia cuenta a Valeriano que ella está comprometida con el Señor y que un ángel celosamente guarda su cuerpo, por lo que Valeriano debe tener cuidado de no violar su virginidad. Valeriano desea ver al ángel, y Cecilia lo manda ir a la tercera piedra miliaria de la Via Appia, donde se encontrará con el obispo de Roma, Urbano. Valeriano obedeció, fue bautizado por el papa y regresó a Cecilia hecho cristiano. Entonces se apareció un ángel a los dos y los coronó con rosas y azucenas. Cuando Tiburcio, el hermano de Valeriano, se acercó a ellos, también fue ganado para Cristo. Como celosos hijos de la Fe ambos hermanos distribuyeron ricas limosnas y enterraron los cuerpos de los confesores que habían muerto por Cristo. El prefecto, Turcio Almaquio, los condenó a muerte; el funcionario del prefecto, Máximo, fue designado para ejecutar la sentencia, se convirtió y sufrió el martirio con los dos hermanos. Sus restos fueron enterrados en una tumba por Cecilia. Ahora la propia Cecilia fue buscada por los funcionarios del prefecto. Después de una gloriosa profesión de fe, fue condenada a morir asfixiada en el baño de su propia casa. Pero, como permaneciera ilesa en el ardiente cuarto, el prefecto la hizo decapitar allí mismo. El verdugo dejó caer su espada tres veces sin que se separara la cabeza del tronco, y huyó, dejando a la virgen bañada en su propia sangre. Vivió tres días más, hizo disposiciones en favor de los pobres y ordenó que, tras su muerte, su casa fuera dedicada como templo. Urbano la enterró entre los obispos y los confesores, es decir, en la catacumba Calixtina.

Acoge con bondad nuestras súplicas, Señor, y, por intercesión de Santa Cecilia, dígnate escucharnos.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Santa Cecilia, ruega por nosotros.

LA PRESENTACIÓN DE NUESTRA SEÑORA (21 DE NOVIEMBRE)

LA PRESENTACIÓN DE NUESTRA SEÑORA

 PRESENTACIÓN DE NUESTRA SEÑORALa Presentación de Nuestra Señora suele confundirse a veces coa la Presentación del Niño Jesús en el Templo, fiesta que se celebra el día 2 de febrero.

La presentación de Nuestra Señora no se narra en los evangelios. Es una tradición piadosa muy antigua, que ha tenido amplia repercusión en toda la Iglesia universal.

Dice esta tradición que Joaquín y Ana, piadosos israelitas, después de varios años de matrimonio, habían llegado a una avanzada edad sin lograr descendencia. Sobre ellos pesaba el terrible oprobio de la esterilidad, que para los israelitas era doblemente doloroso, porque significaba la exclusión de la familia de las promesas del Señor, tanto más cuanto, como en el casó de Joaquín y Ana, se trataba de personas que pertenecían a la casa de David, de la que, en su día había de nacer el Mesías.

En su angustia, Ana hizo una oración fervorosa, prometiendo al Señor ofrecerle el fruto de sus entrañas si se dignaba concederle descendencia. El nacimiento de la Santísima Virgen fue  el resultado de esta oración y esta promesa. Joaquín y Ana, fieles a su voto, presentaron a la Niña en el templo a la edad de tres años, y allí permaneció en compañía de otras doncellas y piadosas mujeres, hasta sus desposorios con San José, dedicada a la oración y al servicio del templo.

Varias referencias bíblicas parecen aludir a la existencia de una comunidad femenina dentro del recinto sagrado.. El Antiguo Testamento habla de “las mujeres que velaban en la entrada del tabernáculo de la reunión”, aunque no se sabe cuál era su misión ni si vivían ciertamente dentro de la casa de Dios. Por otra parte, San Lucas dice en su evangelio que la profetisa Ana “no se apartaba del templo, sirviendo con ayunos y oraciones de noche y día”.

“Que había habitaciones en el templo para los sacerdotes, las personas consagradas y los servidores del mismo, dice el padre Muñana, lo sabemos por la historia del niño Samuel y del sacerdote Helí.” Además, allí estuvo escondido Joás durante seis años cuando Atalía quería acabar con los descendientes de Ococías. La Biblia relata así el suceso: “Josaba, hija del rey, cogió a Joás, hijo de Ococías, y le arrebató de en medio de los hijos del rey cuando los mataba, escondiéndole a él y a su nodriza en el dormitorio. Así Josaba, hija del rey Joram, mujer del sacerdote Joyada y hermana de Ococías, le escondió de Atalía, que no pudo matarle. Seis años estuvo escondido con ellos en la casa de Dios.”

La leyenda popular dice que María se educó en el templo. Si así fue , influiría para ello su parentesco con Zacarías, el cual podía hacer valer sus derechos. El voto de los padres de la Virgen y la ofrenda de Nuestra Señora en el templo encaja perfectamente dentro del ambiente religioso y psicológico del pueblo de Israel. La esterilidad era un oprobio para los hebreos, y frecuentemente los israelitas ofrecían votos al Señor pidiéndole hijos a cambio de ofrecérselos a Él. La ley autorizaba a rescatar a las personas así consagradas, y la forma de hacerlo se establece minuciosamente en los libros sagrados; pero sabemos que a veces no se ejercía ese derecho, como en el caso del pequeño Samuel, que quedó en el templo desde su infancia.

Los datos sobre la presentación de Nuestra Señora se incorporaron a la tradición cristiana a través de los evangelios apócrifos, que a su vez deben apoyarse en un relato más antiguo. A partir del siglo V los Santos Padres hacen referencia a este acontecimiento, y después los teólogos, santos y oradores sagrados lo han comentado de muchas maneras.

Esto es ciertamente lo más importante y lo que es necesario destacar en esta fiesta: la consagración de la Virgen al Señor desde su infancia. “Mis obras son para el Rey”, dice el introito de la misa de este día. Todas las obras de Nuestra Señora fueron siempre para el Rey, puesto que sabemos que desde el primer instante de su concepción inmaculada estaba llena de gracia. Y todos estos años de su vida, hasta el momento de su matrimonio con José, fueron una preparación, en la soledad y el recogimiento, para algo que Ella aún no sabía, pero que Dios tenía preparado desde toda la eternidad. María amaba el silencio, como sabemos por el testimonio de San Lucas (“guardaba todas las cosas en su corazón”) y durante este tiempo dispuso silenciosamente su alma para cumplir siempre la voluntad del Señor.

María, se consagró a Dios porque su vida en Dios despertaba en su alma un anhelo que se apoderaba de ella por completo: el de pertenecer a Dios de tal manera, que no quedase libre ni un átomo de su ser. Este anhelo, que ya se prendió en su alma cuando empezó a ser consciente, se fue  desarrollando con más rapidez que ella misma. Como el murmurar de una fuente es siempre el mismo, y el mismo el silbido del viento, como el fuego lanza su llama sin cesar a las alturas, así los sentimientos y aspiraciones de María eran siempre los mismos y estaban dirigidos a Dios únicamente.

María se presentó ciertamente a Dios en su niñez, y ante su acatamiento puso su alma en la postura de humilde disponibilidad, que fue  la característica constante de su vida, y que ella misma resumió en una frase cuyo contenido no se agotará jamás por mucho que se medite: “He aquí la esclava del Señor”.

Por ser éste el sentido de la fiesta de la Presentación de Nuestra Señora, se considera especialmente dedicada a las almas consagradas a Dios en la vida religiosa, y muchas órdenes renuevan sus votos en este día.

Sin embargo, debe ser también la fiesta de todos los cristianos, porque ninguno, si quiere serlo de veras, podrá escaparse a la obligación de presentarse ante Dios humildemente y ponerse en sus manos para que Él disponga de su vida libremente.

La Presentación de Nuestra Señora es la fiesta de la entrega voluntaria a Dios, es la fiesta de los que aspiran de verdad a renunciar a su voluntad para hacer solamente la del Señor.

Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros.

LECTURAS MIERCOLES 10 DE SEPTIEMBRE 2014

Lectura de la primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 7,25-31.
Hermanos:
Acerca de la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor. Pero hago una advertencia, como quien, por la misericordia del Señor, es digno de confianza.
Considero que, por las dificultades del tiempo presente, lo mejor para el hombre es vivir sin casarse.
¿Estás unido a una mujer? No te separes de ella. ¿No tienes mujer? No la busques.
Si te casas, no pecas. Y si una joven se casa, tampoco peca. Pero los que lo hagan, sufrirán tribulaciones en su carne que yo quisiera evitarles.
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; lo que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 45(44),11-12.14-15.16-17.
¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!
Olvida tu pueblo y tu casa paterna,
y el rey se prendará de tu hermosura.
Él es tu señor: inclínate ante él.

Embellecida con corales engarzados en oro
y vestida de brocado, es llevada hasta el rey.
Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían.

Con gozo y alegría entran al palacio real.
Tus hijos ocuparán el lugar de tus padres,
y los pondrás como príncipes por toda la tierra.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6,20-26.
Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

Palabra del Señor

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En el evangelio de hoy vemos como nuestra vida cotidiana y nuestros principios se alejan descaradamente del camino marcado por el Señor para llegar al Reino de los Cielos.

Pero debemos entender bien lo que nos enseña.

Dios no nos recompensará con su Reino si estamos sin un céntimo, con el estómago vacío, amargados y reprimidos, y quejándonos todo el día.

Dios no quiere pobres, sino que los corazones estén desapegados a las riquezas de este mundo y centrados únicamente en Él.

Dios no quiere hambrientos, sino que deseemos su escuchar su Palabra, recibirle en la Eucaristía y cumplir y que se cumplan cada uno de sus Mandatos más que nuestro pan de cada día.

Dios no quiere llorones, sino corazones compungidos que sufran por haber traicionado al Señor por su pecado y porque el Nombre del Señor es cada vez más ultrajado.

Dios no quiere amargados y reprimidos sexualmente, quiere vírgenes con todas sus letras, que conozcan y proclamen con su pureza el honor de ser únicamente para Dios y vivir ya en esta tierra como si fuesen ciudadanos del Cielo y parte de las milicias celestiales.

Preciosa a los ojos del Señor es la Muerte de sus Santos, o mejor dicho, la muerte santa en gracia de Dios. Y más precioso aún el martirio de sus Santos, porque el haber sido perseguidos hasta derramar su Sangre por Cristo sin desfallecer, es la mayor expresión de amor que el Señor puede recibir y es premiada con los más altos honores en el Cielo.

Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; lo que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.

¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre!

¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!

El Señor dará a cada uno el justo pago por sus obras.

LECTURAS LUNES 8 DE SEPTIEMBRE 2014

Lectura del Libro del Profeta Miqueas 5,1-4a.
Así habla el Señor:
Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial.
Por eso, el Señor los abandonará hasta el momento en que dé a luz la que debe ser madre; entonces el resto de sus hermanos volverá junto a los israelitas.
El se mantendrá de pie y los apacentará con la fuerza del Señor, con la majestad del nombre del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque él será grande hasta los confines de la tierra. ¡Y él mismo será la paz!

Palabra de Dios

Salmo Responsorial 13(12),6ab.6c.
Yo confío en tu misericordia
que mi corazón se alegre porque me salvaste.
¡Cantaré al Señor porque me ha favorecido!

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 1,1-16.18-23.
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:
Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos.
Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón;
Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón.
Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé;
Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías.
Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá;
Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías.
Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías;
Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías;
Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.
Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel;
Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor.
Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud;
Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”.

Palabra del Señor

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En esta fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, se nos proponen estas lecturas que expresan su importancia en la historia y en el plan de Salvación.

María es la nueva Eva, la criatura perfecta, que ocupaba la mente del Señor desde el mismo momento de la caída de la humanidad en el pecado.

Ella sería preservada del mismo pecado desde su concepción, y así, toda ella de Dios, renunciando a la fecundidad tan ansiada en su pueblo en pos de la virginidad consagrada y totalmente dedicada a Dios, fue la Madre más fecunda de todas las que moraron en la tierra, y la Mujer más afortunada: No solo fue la Madre del Mesías, Esposa del Espíritu Santo e Hija predilecta del Padre, sino también, Madre de todos los Bienaventurados del Cielo y de la Iglesia Militante, o sea, de aquellos que estamos todavía en esta tierra luchando para ser dignos del Reino.

Tomemos en este día la resolución de entregarnos como esclavos de amor al Señor por medio de la Santísima Virgen al modo que propone San Luis de Montfort como describe en su libro Tratado para la verdadera devoción de la Santísima Virgen (Descargar), ya que es la manera más perfecta que tenemos nosotros –pobres pecadores- de acercarnos a Dios.

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

La Virgen María fue la Madre de Jesús y, con este hecho, se cumplieron las Escrituras y todo lo dicho por los profetas. Dios escogió a esta mujer para ser la Madre de su Hijo. Con ella se aproximó la hora de la salvación. Por esta razón la Iglesia celebra esta fiesta con alabanzas y acciones de gracias.

El nacimiento de la Virgen María tuvo privilegios únicos. Ella vino al mundo sin pecado original. María, la elegida para ser Madre de Dios, era pura, santa, con todas las gracias más preciosas. Tenía la gracia santificante, desde su concepción.

Después del pecado original de Adán y Eva, Dios había prometido enviar al mundo a otra mujer cuya descendencia aplastaría la cabeza de la serpiente. Al nacer la Virgen María comenzó a cumplirse la promesa.

La vida de la Virgen María nos enseña a alabar a Dios por las gracias que le otorgó y por las bendiciones que por Ella derramó sobre el mundo. Podemos encomendar nuestras necesidades a Ella.

La fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María se comenzó a celebrar oficialmente con el Papa San Sergio (687-701 d.C.) al establecer que se celebraran en Roma cuatro fiestas en honor de Nuestra Señora: la Anunciación, la Asunción, la Natividad y la Purificación.

Se desconoce el lugar donde nació la Virgen María. Algunos dicen que nació en Nazaret, pero otros opinan que nació en Jerusalén, en el barrio vecino a la piscina de Betesda. Ahí, ahora, hay una cripta en la iglesia de Santa Ana que se venera como el lugar en el que nació la Madre de Dios.

Para no olvidar

María vino al mundo sin pecado original y con la gracia santificante.

La Virgen María fue escogida para ser la Madre de Dios.

La Virgen María fue pura y santa.

Al nacer la Virgen María se cumplió la promesa de Dios de que mandaría al mundo a una mujer

María, en este día que festejamos tu nacimiento, te pido que me ayudes a estar siempre cerca de ti y de tu Hijo Jesús.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Santísima Virgen María, ruega por nosotros.

SANTA ROSA DE VITERBO, VIRGEN (4 DE SEPTIEMBRE)

SANTA ROSA DE VITERBO, VIRGEN

SANTA ROSA DE VITERBORosa nació en Viterbo en 1235. Viterbo formaba parte  entonces del patrimonio de San Pedro. En 1216 había muerto Inocencio  III, a quien se ha llamado el Augusto del pontificado. Con él se  llegó a la cúspide de la autoridad de la Iglesia sobre el mundo.  Pero, a su muerte, el emperador Federico II estuvo en lucha constante con los  papas Gregorio IX e Inocencio IV. De la lucha salieron debilitados los dos  poderes, el imperial y el pontificio. Se acercaban días malos para la  Iglesia.

Los padres de Rosa eran pobres y excelentes cristianos. Ya  en su más tierna infancia todos se dieron cuenta de que Dios  tenía grandes planes sobre ella. De verdad que es asombrosa la mezcla de  lo natural y de lo sobrenatural en su vida. En vez de entregarse a los juegos  propios de su edad, se pasaba largos ratos ante las imágenes de los  santos, especialmente si eran imágenes de la Virgen Santísima.  Impresionaba la atención con que oía a sus padres cuando hablaban  de cosas de Dios. Desde muy pequeña sintió ansias de vivir en  soledad, ansias que casi nunca se realizaron del todo. Y siempre fue una  enamorada de la penitencia. Los viterbianos se avezaron a ver por sus calles a  una niña, que iba siempre descalza y con los cabellos en desorden.  Grandes eran sus austeridades en la comida, llegando a pasarse días  enteros con un poco de pan. Pan que muchas veces iba a parar a la boca de los  pobres, otra de sus santas debilidades. Corría tras los pobres y con  cariño inmenso les ofrecía todo cuanto tenía. Si fuera de  su casa era caritativa, es fácil imaginar el respeto y amor con que  mimaba a sus padres.

En Viterbo había un convento de religiosas, llamado  de San Damián. A sus puertas llamó nuestra heroína, pero  inútilmente, porque era pobre y porque era niña. Entonces decide  convertir su casa en un claustro. Allí se excedía santamente en  las penitencias corporales, llegando a disciplinarse hasta perder el  conocimiento. Los de su casa intentan apartarla del camino emprendido, pero es  tanta la gracia humano-divina que se refleja en toda su persona, que convence a  todos. Y las horas de oración se sucedían sin interrupción  en su vida.

A los ocho años, víctima de sus penitencias,  contrae una gravísima enfermedad, que dura quince meses. Fue  milagrosamente curada por la Santísima Virgen, quien le mandó  tomar el hábito de la Tercera Orden de San Francisco, hábito que  recibió en la iglesia de Santa María. Aquel día  empezó su vida de apóstol. Al salir de la iglesia predicó  con tal fervor sobre la pasión de Nuestro Señor Jesucristo y los  pecados de los hombres, que todos se volvieron compungidos a sus casas,  mientras ella regresaba gustosa a su soledad. Día tras día toda  la ciudad, atónita, oyó sus predicaciones. Difícilmente  comprendemos hoy el ardor con que las multitudes medievales iban tras el  predicador de la palabra de Dios, las conversiones, las públicas  reconciliaciones que provocaba, por ejemplo, un San Antonio de Padua. Y si el  predicador resultaba ser una niña de pocos años…

No faltaron las contradicciones ni las penas. Los  partidarios de Federico II, enemigos de la Santa Sede, en seguida la hicieron  objeto de sus ataques. Tras las mofas y las calumnias vino el destierro. Todo  ello sirvió para demostrar el temple de aquella niña, quien, como  los apóstoles en otro tiempo, dijo que no podía dejar de predicar  la divina palabra. Y la Providencia se valió de la malicia de sus  perseguidores para que la semilla de la verdad fructificara en otras partes.  Con sus padres tuvo que salir de noche de Viterbo, mientras la nieve  barría los caminos. Agotados por el cansancio y el sufrimiento, llegaron  al día siguiente al pueblo de Soriano. Sin embargo, todos los  sufrimientos físicos se desvanecieron ante el dolor de su alma por la  disolución moral de aquellas gentes. Allí continúa  predicando, y su predicación se convierte, al cabo de algunos meses, en  abundantes conversiones. Acuden también a oírla hombres y mujeres  de los pueblos vecinos. A sus oyentes un día les anunció la  muerte de Federico II, ocurrida en Fiorentino de Puglia el 13 de diciembre de  1250. Al fin de su vida el emperador se reconcilió con la Iglesia.

Y los pueblos de Vitorchiano, Orvieto, Acquapendente,  Montefalcone y Corneto, oyeron, extrañados y al fin convencidos, la voz  de aquella niña que atraía con su sola presencia, y que, si era  preciso, confirmaba su predicación con milagros. Uno de los defectos que  se achacan, con razón, a la Edad Media es la excesiva credulidad con que  admitía los hechos extraordinarios. Hoy los biógrafos de nuestra  Santa rechazan algunos de los milagros que se le atribuyeron, pero sin duda  ninguna que hizo grandes milagros, porque de otro modo no se explica la  polvareda espiritual que su paso levantó por todas partes. Su vida  entera era un milagro.

A los dieciocho meses de haber salido de su pueblo natal  pudo regresar a él, después de la muerte de Federico II. El  pueblo entero salió a recibir a la mujer extraordinaria, contentos todos  de recuperar aquel tesoro, que ahora apreciaban más después de  haberlo perdido.

A pesar de sus triunfos apostólicos, su alma deseaba  la soledad, para entregarse más decididamente a la oración y a la  penitencia. Es la constante historia de todos los verdaderos apóstoles.  San Bernardo había escrito poco tiempo antes que el apóstol debe  ser concha y no simple canal.

Por segunda vez intenta entrar en un convento. Esta vez el  monasterio lleva el bonito nombre de Santa María de las Rosas. Pero por  segunda vez se le cierran las puertas del claustro. Dios no la destinaba a la  vida religiosa.

Y por consejo de su confesor, Pedro de Capotosti, decide de  nuevo convertir su casa en el claustro soñado; esta vez, sin embargo,  tendrá que preocuparse de la santificación de otras almas.  Algunas amigas suyas de Viterbo se unen a ella para guardar silencio, cantar  salmos y oír sus exhortaciones espirituales. Ante la constante afluencia  de nuevas jóvenes, el confesor de Rosa les compra un terreno cerca de  Santa María de las Rosas. Allí floreció una comunidad que  tomó la regla de la Orden Tercera de San Francisco.

De nuevo las humanas pequeñeces estorbaron la obra de  Dios. Inocencio IV suprimió la obra, a indicación de las monjas  de San Damián.

El biógrafo de San Francisco de Asís,  Tomás de Celano, dice que «cantando recibió la muerte».  Un canto de alegría fue también la muerte de Rosa. Gastada  prematuramente por las penitencias y el apostolado, se preparó para  salir al encuentro del Esposo de las vírgenes. Al recibir el  viático quedó largo rato en altísima contemplación.  Cuando volvió en sí se le administró la  extremaunción. Pidió perdón a Dios de todos sus pecados y  se despidió de sus familiares con la exquisita caridad de siempre.  Jesús, María, fueron sus últimas palabras.  Tenía diecisiete años y diez meses.

Puede fácilmente imaginarse el dolor de los  viterbianos. ¡Había sido tan rápido su paso sobre la tierra!  Su cuerpo, que despedía un perfume muy agradable, fue sepultado en Santa  María.

Santa Rosa de Viterbo, ruega por nosotros.

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