TE DEUM – INDULGENCIA PLENARIA 1 DE ENERO

Cruzada por Cristo

TE DEUM – INDULGENCIA PLENARIA 1 DE ENERO

Se trata de un himno de alabanza compuesto en latín a comienzos del siglo V y atribuido a Nicetas de Remesiana y a San Ambrosio de Milán. Desde el siglo VI forma parte del Oficio Divino.

La recitación del himno “Te Deum” el 1 de Enero en una iglesia, permite obtener indulgencia plenaria con las condiciones de costumbre*.

Es por ello, por la importancia de obtener esta indulgencia para liberarnos de las penas temporales que acarrean nuestros pecados que NO SE ELIMINAN CON LA SIMPLE CONFESIÓN SACRAMENTAL, exhortamos a todos los fieles a que lleven acabo aquellos actos que permiten obtener indulgencias, esto es, eliminar o minimizar dicha pena temporal el purgatorio, para bien nuestro, o bien ofrecerlas como sufragio por las almas difuntas.

TE DEUM

A ti, Dios, te alabamos. A ti, Señor, te ensalzamos.
A ti, Padre eterno, toda la…

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ROSARIO DE LOS 100 REQUIEM POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO

Cruzada por Cristo

ROSARIO DE LOS 100 REQUIEM POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO

Este rosario es un ejercicio piadoso muy antiguo y eficaz para orar por las almas del purgatorio y liberarlas de esa carcel de fuego en la que nada pueden hacer salvo sufrir y esperar nuestra ayuda para acortar su tiempo de penitencia.

La Santísima Virgen y Nuestro Señor han hablado en multiples ocasiones de lo necesario que es el orar por ellas, y que si supieramos lo terrible que es ese lugar, no cesaríamos de hacer penitencias y sacrificios por no llegar allí y liberar a cuantas almas fuese posible.

Igualmente se ha dicho en múltiples ocasiones que un alma liberada del purgatorio, estará eternamente agradecida a aquel/aquella que la liberó y no cesará de pedir su salvación ante el Trono de Dios. Pero no veamos esto como un acto interesado, sino como el mayor acto de caridad que un…

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LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA

LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA

Los dogmas marianos, que todos debemos creer y profesar para nuestra Salvación, son cuatro:

María, Madre de Dios; La Virginidad Perpetua de María; La Inmaculada Concepción y la Asunción de María.

Y dado a que el 15 de Agosto celebramos la Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora a los Cielos en Cuerpo y Alma, conozcamos un poco más acerca del mismo.

FUNDAMENTO DE ESTE DOGMA (Extraído de corazones.org)

El Papa Pío XII bajo la inspiración del Espíritu Santo, y después de consultar con todos los obispos de la Iglesia Católica, y de escuchar el sentir de los fieles, el primero de Nov. de 1950, definió solemnemente con su suprema autoridad apostólica, el dogma de la Asunción de María. Este fue promulgado en la Constitución “Munificentissimus Deus”:

 “Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”.

 

¿Cual es el fundamento para este dogma? El Papa Pío XII presentó varias razones fundamentales para la definición del dogma:

1-La inmunidad de María de todo pecado: La descomposición del cuerpo es consecuencia del pecado, y como María, careció de todo pecado, entonces Ella estaba libre de la ley universal de la corrupción, pudiendo entonces, entrar prontamente, en cuerpo y alma, en la gloria del cielo.

2-Su Maternidad Divina: Como el cuerpo de Cristo se había formado del cuerpo de María, era conveniente que el cuerpo de María participara de la suerte del cuerpo de Cristo. Ella concibió a Jesús, le dio a luz, le nutrió, le cuido, le estrecho contra su pecho. No podemos imaginar que Jesús permitiría que el cuerpo, que le dio vida, llegase a la corrupción.

3-Su Virginidad Perpetua: como su cuerpo fue preservado en integridad virginal, (toda para Jesús y siendo un tabernáculo viviente) era conveniente que después de la muerte no sufriera la corrupción.

4-Su participación en la obra redentora de Cristo: María, la Madre del Redentor, por su íntima participación en la obra redentora de su Hijo, después de consumado el curso de su vida sobre la tierra, recibió el fruto pleno de la redención, que es la glorificación del cuerpo y del alma.

La Asunción es la victoria de Dios confirmada en María y asegurada para nosotros. La Asunción es una señal y promesa de la gloria que nos espera cuando en el fin del mundo nuestros cuerpos resuciten y sean reunidos con nuestras almas.

PREPARANDO UNA BUENA MUERTE

PREPARANDO UNA BUENA MUERTE

El objetivo de todo cristiano debe ser prepararse para el encuentro con el Señor al final de sus vidas. Si fracasamos en esta empresa, todo estará perdido para nosotros y no habrá solución posible para nuestra eterna desdicha.

Es por ello, que desde hoy mismo debemos comenzar a prepararnos para que, sea cuando sea el momento de nuestra muerte, no nos coja de improviso y podamos ser dignos de ser admitidos en el Reino de los Cielos.

Les recomendamos a todos la meditación del libro “Preparacion para la muerte” de San Alfonso María de Ligorio, que les dará las claves para dejar la vida de pecado y comenzar a caminar por el camino de la santidad, (DESCARGAR LIBRO), y les exhortamos a meditar y realizar esta declaración de San Carlos Borromeo para obtener una buena muerte, esto es, una muerte en estado de gracia -libres de todo pecado mortal- que nos permita huir del suplicio eterno.

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DECLARACIÓN PARA HACER
EN SALUD Y RENOVARLA EN LA HORA DE LA MUERTE

Siendo innumerables los peligros a que está sujeta la vida humana, y conociendo, yo pecador, que he nacido para morir, y no sé la hora; con el fin de que no me halle la muerte desprevenido, he determinado disponerme con la ayuda de Dios; y así postrado a los pies de mi Señor Jesucristo crucificado por mi amor, declaro a todas las criaturas del cielo y de la tierra, que mi última voluntad es la que aquí explico en la forma siguiente:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Primeramente digo, que como fundamento de mi salvación, protesto en presencia de Dios omnipotente, de la Virgen Santísima Madre suya, y de toda la corte celestial, que mi voluntad es vivir y morir obediente a la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, creyendo firmemente, como creo, todos los artículos de la fe enseñados por los santos Apóstoles, como los propone y explica nuestra Santa Madre la Iglesia. Así, pues, si alguna vez me ocurriere alguna cosa contra ellos, las tengo desde luego por error y por tentación del enemigo. Y si, lo que Dios no permita, dijere o hiciere algo que sea contrario, en virtud de esta cláusula lo revoco y anulo, y es mi voluntad que se tenga por no dicho ni hecho.

Declaro por esta mi última voluntad, que en mi muerte deseo recibir el santo Sacramento de la Penitencia, confesándome enteramente de mis pecados; y si por algún accidente no me pudiere confesar, es mi voluntad confesarme y dolerme de todos ellos, llorarlos amargamente, no tanto por el temor de las penas eternas, cuanto por haber ofendido al Sumo Bien, a quien debo servir y amar sobre todas las cosas, lo cual ahora propongo firmemente con su divina gracia todo el tiempo que me resta de vida.

Es mi voluntad recibir también el Santo Viático; y si por alguna causa no pudiere ser, declaro que mi voluntad es recibirle a lo menos espiritualmente, adorando de corazón a mi Señor Jesucristo Sacramentado, y suplicándole que se digne acompañarme en tan peligroso Viaje, defenderme de los enemigos infernales, y llevarme al puerto seguro de la eterna bienaventuranza.

Declaro asimismo que mi voluntad es pasar de esta vida habiendo recibido el Sacramento de la Extremaunción; y no pudiendo recibirle, ruego a mi Dios y Señor se digne ungirme con el óleo santo de su misericordia, perdonándome los pecados que cometí con los cinco sentidos corporales.

También es mi voluntad acabar la vida esperando de la infinita misericordia de Dios el perdón de todos mis pecados, y la salvación de ni alma, teniendo como tengo por infalible la palabra de mi Señor Jesucristo, que dijo: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores

Confieso que aun las obras buenas las hice siempre con muchas imperfecciones y negligencias, y para que el demonio quede confuso, declaro que no presumo por solas mis obras merecer el cielo, sino principalmente por los infinitos merecimientos y preciosa Sangre de mi Señor Jesucristo, derramada por mi salvación eterna.

Es mi voluntad padecer con paciencia y conformidad, hasta el último aliento de mi vida, en unión de lo que mi divino Salvador padeció por mí, cualquier enfermedad y dolor que Dios me envíe; y si por fragilidad y miseria caigo en alguna impaciencia a queja inmoderada, desde ahora me arrepiento de la culpa y mal ejemplo que de, sea de obra, sea de palabra, rogando A Dios que no me desampare en aquel peligroso y ultimo trance.

Perdono todas las injurias que me hayan hecho los hombres, rogándoles que también ellos me perdonen a mí; y a Dios que de ellas no les tome cuenta, sino que los ayude y asista con su gracia, usando con todos de indulgencias y piedad.

Doy gracias al Señor por todos los beneficios que me ha dispensado, así espirituales como temporales, particularmente por los de la creación, redención y vocación a su santo conocimiento, y también por haberme hasta ahora esperado a penitencia, habiendo merecido que me castigase mil veces con penas eternas. Sea para siempre bendita su bondad y misericordia.

Deseo que de esta mi última voluntad sea ejecutoria la Gloriosísima Virgen María, abogada de pecadores, el glorioso patriarca San José, y mis principales abogados y protectores, San N. y San N., a los cuales ruego que me favorezcan en aquella hora, pidiendo al Señor se digne por su infinita clemencia recibir mi alma en la paz eterna de los Santos.

Constituyo y nombro por defensor de mi alma al Santo Ángel de mi guarda, en el tribunal de Dios, cuando se vea mi causa, y se pronuncie sentencia definitiva, rogándole, que pues nuestro Señor le encomendó mi alma, poniéndola bajo su tutela y amparo en esta vida, la proteja y coloque por sus manos en las moradas eternas de la gloria.

Ruego por las entrañas de Jesucristo a todos mis parientes y amigos, que me ayuden con oraciones y obras satisfactorias, y especialmente con el santo sacrificio de la Misa, como medio entre todos el más eficaz, para que si, por la misericordia de Dios, fuere mi alma destinada a las penas del Purgatorio, se libre pronto de ellas, y vuele a gozar de la vista de Dios; que yo les ofrezco no ser ingrato a tan gran beneficio.

Finalmente, rindiendo humildes gracias al Señor, por haberme hasta ahora conservado la vida, protesto y declaro ser mi ánimo aceptar la muerte en cualquier modo y hora en que me la mande, recibiéndola humildemente en satisfacción de mis pecados, y conformando en esto y en todo mi voluntad á la suya santísima y amabilísima, de la que rendidamente le suplico no permita que me aparte jamás. Amén.

San Carlos Borromeo

TRISAGIO A LA SANTISIMA TRINIDAD

Cruzada por Cristo

TRISAGIO A LA SANTISIMA TRINIDAD

Bendita sea la Santa e indivisible Trinidad, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.V. Abrid, Señor mis labios.

R. Y mi voz pronunciará vuestra alabanza.

V. Dios mío, mi defensa te encomiendo.

R. Señor, a mi socorro acude presto.

Gloria sea dada al Padre, Gloria al eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Acto de Contrición

Amorososìsimo Dios, uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, en quien espero, a quien amo con todo mi corazón, cuerpo y alma, sentidos y potencias, y por ser vos mi Padre, mi señor y mi Dios infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas, me pesa, Trinidad Misericordiosa, me pesa, trinidad amabilísima, me pesa Trinidad Santísima, de haberos ofendido sólo por ser vos quien sois: propongo y os doy palabra de nunca…

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VENI CREATOR SPIRITUS – ORACION AL ESPÍRITU SANTO

VENI CREATOR SPIRITUS – ORACION AL ESPÍRITU SANTO

Veni Creator Spiritus,
Mentes tuorum visita,
Imple superna gratia,
Quae tu creasti, pectora.
Qui diceris Paraclitus,
Donum Dei Altissimi,
Fons vivus, ignis, caritas,
Et spiritalis unctio.
Tu septiformis munere,
Dextrae Dei tu digitus,
Tu rite promissum Patris,
Sermone ditans guttura.
Accende lumen sensibus,
Infunde amorem cordibus,
Infirma nostri corporis,
Virtute firmans perpeti.
Hostem repellas longius,
Pacemque dones protinus;
Ductore sic te praevio,
Vitemus omne noxium.
Per te sciamus da Patrem
Noscamus atque Filium;
Teque utriusque Spiritum
Credamus omni tempore.
Deo Patri sit gloria,
Et Filio, qui a mortuis
Surrexit, ac Paraclito
In saeculorum saecula.
Amen.
Ven Espíritu Creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos,
infunde tu amor en nuestros corazones
y con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto tu paz,
siendo Tú mismo nuestro guía
evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre
y también al Hijo y que en Ti,
que eres el Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre
y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos.
Amén.

ORACIONES AL ESPÍRITU SANTO

Cruzada por Cristo

ORACIONES AL ESPIRITU SANTO

  SECUENCIA DEL ESPÍRITU SANTO

 Ven Espíritu Santo
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.
Ven Padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.
Consolador lleno de bondad,
dulce huésped del alma,
suave alivio para el hombre.
Descanso en el trabajo,
templanza en las pasiones,
alegría en nuestro llanto.
Penetra con tu santa luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.
Lava nuestras manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.
Suaviza nuestra dureza,
enciende nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.
Concéde a tus fieles,
que en tí confían,
tus siete sagrados dones.
Premia nuestro esfuerzo,
salva nuestras almas,
danos la eterna alegría. Amén. Aleluia.

ORACIÓN PARA PEDIR LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

Ven Espíritu Santo y concédenos el don de la SABIDURÍA,

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