LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA – CAPÍTULO IX

CAPITULO IX
LA FRANCMASONERIA ES LA QUE CONDUCE LA GUERRA CONTRA LA CIVILIZACION CRISTIANA

Después de la publicación de la Encíclica en la que León XIII denunció nuevamente al mundo, de que es la francmasonería la que conduce secretamente la guerra contra la Iglesia y todo el orden social, el Boletín de la gran Logia simbólica escocesa expresó en estos términos el pensamiento de la secta:

“La francmasonería no puede menos que dar las gracias al Soberano Pontífice por su última encíclica. León XIII, con una autoridad incuestionable y un con gran lujo de pruebas, demuestra, una vez más, que existe un abismo infranqueable entre la
Iglesia, de la cual él es el representante, y la Revolución, de la cual la francmasonería es el brazo derecho. Es bueno de que los que dudan dejen de mantener vanas esperanzas. Debemos todos habituarnos a comprender de que ha llegado el momento de ELEGIR entre el antiguo orden, que se sustenta en la Revelación y el nuevo orden que no reconoce otro fundamento que la ciencia y la razón humana, entre el espíritu de autoridad y el espíritu de libertad.”

Este pensamiento ha sido de nuevo expresado en el congreso masónico de 1902, por el orador encargado de pronunciar el discurso de clausura: “… ¿Qué es lo que nos separa? Nos separa un abismo, abismo que se cubrirá el día en que triunfe la masonería, obra incansable del progreso democrático y de la justicia social… Hasta el momento, no hay tregua, ni descanso, ni reconciliación, ni concesiones…Esta es la última fase de la lucha contra la Iglesia y las Congregaciones contra nuestra sociedad republicana y laica. EL ESFUERZO DEBE SER SUPREMO…”

Cuando la Iglesia sea derrotada, todo el resto caerá. También, La Lanterne, órgano oficioso de nuestros gobernantes y de la Francmasonería, no ha cesado de decir todos los días y en todos los tonos: “Antes que cualquier otra cuestión, antes que la cuestión social, antes que la cuestión política, debemos poner fin con la cuestión clerical. Es la clave de todo lo demás. El partido republicano y la República cometerían pronto el crimen de capitular, si disminuyésemos nuestra acción, si permitiésemos escapar al adversario. La Iglesia no permitirá que recomencemos la experiencia. Hoy en día Ella sabe que la República le será mortal, y si no la matamos, será Ella la que matará a la República. Entre la República y la Iglesia hay un duelo a muerte. Apresurémonos de aplastar al la infame, o renunciemos y dejemos que se ahoguen siglos de libertad.

Un hecho que acaba de pasar demuestra brevemente lo que será expuesto en la segunda y tercera parte de este libro, esto es: cómo es que la secta actúa para llegar a la realización de sus objetivos.

Una rebelión hecha bajo un pretexto vano ocurrida en Barcelona puso a la ciudad en estado de sitio… El instigador Ferrer es capturado. En vez de fusilarlo en el lugar, fue entregado al tribunal militar que lo condenó a muerte. El juicio fue ratificado. Falsas noticias fueron enviadas a todos los periódicos del país: Ferrer no ha sido juzgado según la ley. Su defensor fue detenido. El clero e inclusive el Papa están involucrados. “La mano sangrienta de la Iglesia, participó en todo el proceso, escribe La Lanterne; y los soldados del rey de España son los que ejecutan su voluntad.

Todo el mundo debiera rebelarse contra esta religión de asesinato y sangre.” Y aparece la caricatura de un sacerdote con un puñal en la mano. Amenazas de represalias, de asesinar al rey y al Papa llueven en Madrid y en Roma. Peticiones de protestas contra el juicio circulan en París, en Roma, en Bruselas, en Londres, en Berlín. Ferrer es ejecutado. De inmediato se levantan manifestaciones, algunas sangrientas, en todas las principales ciudades de Francia y en todos los países europeos.

Para colmo, se le rinde una especie de glorificación en las calles de París bajo la protección de la policía, con la participación del ejército, al canto de la Internacional.

Los gobernantes son interpelados en los diversos parlamentos, las protestas fueron apoyadas por los consejos departamentales, comunales. Cincuenta y siete ciudades en Francia deciden ponerle el nombre de Ferrer a alguna de sus calles.
Aquí vemos como la secta se denuncia a sí misma.

El consejo del Gran Oriente de París envió la orden a todas las logias y a todos los poderes masónicos del mundo, de que manifestaran su protesta contra la ejecución de Ferrer. La protesta reivindicaba que era uno de los suyos: “Ferrer era uno de los nuestros. El sentía que la masonería expresaba el más alto ideal que el hombre pueda realizar. El defendió nuestros principios hasta el final. Lo que él quiso alcanzar, es el ideal masónico.

“Ante la marcha del progreso indefinido de la humanidad se puso de pie una fuerza que detenta los principios y la acción cuyo objetivo es rechazar la noche de la edad media.”

El Gran-Oriente de Bélgica rápidamente reacciono a la manifestación del Gran-Oriente de Francia: “El Gran-Oriente de Bélgica, comparte los nobles sentimientos que inspiraron la proclama del Gran-Oriente de Francia, y se une, a nombre de las Logias belgas, a la protesta indignada que la Masonería universal ha enviado al mundo civilizado contra la sentencia inicua pronunciada y despiadadamente ejecutada contra nuestro Hermano Francisco Ferrer.”

El Gran-Oriente italiano y sin duda otros hicieron lo mismo: “Francisco Ferrer, honor de la cultura y del pensamiento modernos, incansable defensor de los ideales laicos, fue asesinado por orden de los Jesuitas, en el horrible calabozo de la fortaleza de Montjuich, donde todavía resuenan los gritos de innumerables víctimas…

Un estremecimiento de horror ha recorrido el mundo, y que, en un sublime espíritu de solidaridad humana, maldice a los autores conocidos y ocultos del asesinato y los condena a la execración y a la infamia.”

El comité central de la Liga masónica de los Derechos del Hombre, reunida en sesión extraordinaria el 13 de octubre de 1909, decidió levantar un monumento a la memoria de Ferrer “mártir del libre-pensamiento y del ideal democrático.” Invitó a todas las organizaciones de libre pensamiento a contribuir a la realización de este proyecto, y resolvieron levantarlo en Montmartre, frente a la iglesia del Sagrado Corazón.

La Francmasonería ha declarado, por tanto, en palabras y hechos de que ellos consideran y defienden a Ferrer como la encarnación del “ideal masónico”. ¿Cuál fue el ideal de Ferrer? El mismo lo dio a conocer en mayo de 1907 en la revista pedagógica Humanidad Nueva donde expuso los principios de la “Escuela moderna” que él había creado con muy poco dinero obtenido de un católico practicante y devoto.

“Cuando teníamos, hace seis años atrás, la gran alegría de abrir la Escuela Moderna de Barcelona, dimos a conocer que su sistema educativo sería racionalista y científico. Deseábamos prevenir al público que la ciencia y la razón eran los antídotos contra cualquier dogma, en nuestra escuela no enseñaríamos ninguna religión…

“Demostramos una vez más nuestra temeridad de ponernos francamente en frente de la omnipotencia de la Iglesia en España, y nos sentimos con el coraje de perseverar en nuestros proyectos.

“Sin embargo, es necesario hacer saber que la misión de la Escuela moderna no se limita solamente a hacer desaparecer de las inteligencias los prejuicios religiosos. A pesar de que estos prejuicios son los que se oponen a la emancipación intelectual de la mayoría de las personas, no vamos a conseguir con su desaparición, una humanidad libre y feliz, puesto que se puede concebir un pueblo sin religión, y también sin libertad.

“Si las clases obreras se liberasen de los prejuicios religiosos y conservasen la misma noción de la propiedad tal cual existe en la hora actual, si los obreros siguen  creyendo en la parábola de que siempre habrá pobres y ricos, si la enseñanza racionalista se contentase en difundir las nociones sobre la higiene y las ciencias y de preparar solamente buenos aprendices, buenos obreros, buenos empleados de todas las profesiones, continuaremos viviendo más o menos sanos y robustos con el modesto alimento que obtenemos con nuestro módico salario, si no dejasen de ser siempre esclavos del capital.

“La Escuela Moderna pretende, por lo tanto, combatir todos los prejuicios que se oponen a la emancipación total del individuo y adoptó, para este propósito, el racionalismo humanitario que consiste en inculcar a la juventud el deseo de conocer el origen de todas las injusticias sociales a fin de que las combatan por medio de los conocimientos que hayan adquirido.

“Nuestro racionalismo combate las guerras fratricidas, tanto internas como externas, la explotación del hombre por el hombre; lucha contra el estado de servidumbre en que actualmente la mujer se encuentra en nuestra sociedad; combate en una palabra, a todos los enemigos de la harmonía universal, como la ignorancia, la maldad, el orgullo y todos los vicios y defectos que dividen a los hombres en dos clases: los explotadores y los explotados.”

En una carta dirigida a uno de sus amigos, Ferre manifestó mejor aun el pensamiento de su escuela: “Para no asustar a las personas y no darle al gobierno un pretexto para que cierre mis establecimientos, yo les llamo “Escuela Moderna” y no “Escuela de Anarquistas”. Ya que el objetivo de mi propaganda es, lo admito francamente, formar en mis escuelas anarquistas convencidos. Mi deseo es llamar a la revolución. Por el momento, debemos sin embargo, contentarnos en introducir en el cerebro de la juventud el ideal de la agitación violenta. Ella debe aprender que contra los gendarmes y a la tonsura sólo hay un medio: los atentados con bomba y el veneno.”

El juicio llevó al descubrimiento, en el pueblo “Germinal” en que vivía, de documentos hábilmente ocultos en el subterráneo y con varias puertas de escape.

Estos documentos demostraban que él era el alma de todos los movimientos revolucionarios que se producían en España, después de 1872. Entre los documentos encontrados habían circulares como esta de 1892:

“Compañeros, seamos hombres, aplastemos a los infames burgueses… Antes de construir, debemos destruir todo… Entre los políticos, aquellos que apelen a vuestra humanidad, mátenlos… Debemos abolir todas las leyes… expulsar a todas las comunidades religiosas… Disolver los tribunales, el Ejército y la Marina… Derrumbemos las iglesias… Por último, de la mano misma de Ferrer, la siguiente nota: “Les adjunto una receta para fabricar bombas.”

Este es el hombre que la francmasonería presenta al mundo como representante de su IDEAL.

Pocos días después de la ejecución de Ferrer, el gabinete de Madrid se vio forzado a dimitir, los dirigentes del partido liberal y del partido democrático, obedeciendo sin duda a las instrucciones de la Logia, le hicieron saber al Sr. Maura que ellos hacían una obstrucción irreductible a toda medida, a cualquier proyecto que éste presentase. Sin embargo, en España, sin al menos dos tercios de los votos, todo puede siempre ser detenido y convertirse en legalmente imposible. El partido liberal y el partido democrático se negaron a concurrir, haciéndose imposible la administración. Esta dimisión puso contentos a los libres pensadores y ateos de toda Europa. L’Action dijo:

“¿Acaso no existe, en el mundo entero, un gran duelo que lo divide por entero, una lucha entre la Religión y el Libre Pensamiento, entre la Autocracia y la Democracia, entre el Absolutismo y la Revolución? ¿Existe acaso, un límite para la Iglesia y una patria para el Vaticano? ¿No es verdad que el drama de la humanidad se juega en torno a estas fuerzas internacionales que son las órdenes religiosas y las escuelas laicas? La caída del ministro Maura como también la ejecución de Ferrer, han sido uno de los episodios de este incesante drama.”

Ya nos hemos explayado lo suficiente sobre este asunto. Nada puede preparar mejor al lector para comprender lo que viene a continuación: la historia de la acción de la masonería en Francia durante los dos últimos siglos, la organización de la secta, sus medios de acción y procedimientos, y las posibles hipótesis sobre el resultado final de la lucha trabada por la sinagoga de Satanás y la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo.

——

Se encuentra disponible en la zona de descargas el libro completo “La conjuración anticristiana”.

DESCARGAR LIBRO

IR A ZONA DE DESCARGAS

Anuncios

LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA – CAPÍTULO VIII

CAPITULO VIII
PARA DONDE SE ENCAMINA LA CIVILIZACION MODERNA

Es necesario destruir la Iglesia para asegurar el triunfo de la civilización moderna, es lo que el Sr. Waldeck-Rousseau ha dado a entender en su discurso en Toulouse. Es lo que el Sr. Viviani dijo descaradamente, el 15 de enero de 1901, de lo alto de la tribuna:

“Somos responsables de preservar de cualquier ataque el patrimonio de la Revolución… Tenemos en nuestras manos, además de las tradiciones republicanas, las tradiciones francesas que representan siglos de lucha donde, poco a poco, el espíritu laico ha ido ganando dominio sobre la sociedad religiosa… no estamos solamente enfrentados cara a cara contra las congregaciones, nosotros estamos enfrentados cara a cara con la Iglesia Católica… ¿No es verdad que por encima de este combate, un día se
enfrentarán en este conflicto formidable, el poder espiritual y el poder temporal y se disputarán sus prerrogativas soberanas, intentando ganar las conciencias con el fin de liderar el destino de la humanidad?

“Como dije en el comienzo, ¿creen que esta ley nos conducirá a la batalla final? ¡Pero las batallas del pasado no son más que una escaramuza en vista de la batalla futura! La verdad, es que aquí se enfrentan, según la bella expresión del Sr. de Mun en 1878, la sociedad fundada sobre la voluntad del hombre y la sociedad fundada sobre la voluntad de Dios. La cuestión es saber si, en esta batalla, una ley sobre las Asociaciones será suficiente. Las Congregaciones y la Iglesia no nos amenazan solamente por sus acciones, SINO POR LA PROPAGACIÓN DE LA FE… No temáis las batallas que se os presentan, continuad, y si os encontráis enfrente de esta religión divina que poetiza el sufrimiento prometiendo recompensas futuras, oponedle la religión de la humanidad ya que, ella también, poetiza el sufrimiento y ofrece como recompensa, la felicidad de las generaciones presentes.”

Esta es claramente la cuestión.

Estas palabras interpretan menos los pensamientos personales del Sr. Viviani que los que tiene la secta anticristiana. Ella, después de siglos de lucha contra la Iglesia Católica, se jacta de que poco a poco el espíritu laico ha ido ganando dominio
sobre la sociedad religiosa: ella sabe que, en los esfuerzos realizados para destruir a las congregaciones, ella se involucró en no apenas una escaramuza, y que, para asegurar un triunfo definitivo, ella deberá librar nuevas y numerosas batallas
más.

El Sr. Viviani declaró por sí mismo que, en la batalla actual, se busca en primer lugar “la defensa de la República”, y en segundo lugar la aceptación de una forma de gobierno. Esto es: “que el espíritu laico gane dominio sobre la sociedad religiosa”, “liderar el destino de la humanidad”, “y destruir la sociedad fundada sobre la voluntad de Dios, para construir una nueva sociedad fundada sobre la voluntad del hombre”.

Esa es la razón de por qué de esta guerra declarada a las congregaciones es para ellos un compromiso. La verdadera batalla es la que se traba entre la Iglesia católica y el Templo masónico, es decir, entre la Iglesia de Dios y la Iglesia de Satán, conflicto formidable, del que depende la suerte de la humanidad. Siempre que la Iglesia esté de pié, Ella propagará la Fe, Ella pondrá en el corazón de los que sufren – y ¿quién no sufre? – las esperanzas eternas. Será sobre sus ruinas que se podrá edificar “la religión de la humanidad”, que promete la felicidad en esta tierra.

La siguiente discusión, tanto en el Senado como en la Cámara, no hizo sino que acentuar la importancia de estas declaraciones. Aquellas breves citas del Sr. Waldeck-Rousseau y Viviani muestran bien el significado de lo que vinimos diciendo.

El Sr. Jacques Piou dijo: “Lo que quieren los socialistas, el Sr. Viviani lo dijo el otro día sin rodeos: Es quitarles las conciencias al poder espiritual y conquistar el destino de la humanidad.” El orador fue interrumpido por un miembro de la izquierda que le gritó: “No son solamente los socialistas que lo quieren, son todos los republicanos.”

El Sr. Piou no lo contradijo. Dio lectura de un discurso en el que el Sr. Bourgeois había dicho: “Desde que el pensamiento francés fue liberado, desde que el espíritu de la Reforma, de la Filosofía y de la Revolución han entrado en las instituciones
de Francia, el clericalismo es el enemigo”. Bourgeois interrumpió; Piou replicó: “La cita que hago es exacta, y el Sr. Bourgeois la mantiene toda entera. Él la mantiene porque refleja el fondo de su pensamiento, ella explica su entusiasmo para apoyar la ley sobre las asociaciones, ya que la ley de las asociaciones es la victoria del espíritu de la Revolución, de la Filosofía y de la Reforma sobre lo que afirma la doctrina católica.”

En la sesión del 22 de enero, el Sr. Lasies colocó en su verdadera dimensión la cuestión en estos términos: “Hay dos frases, yo diría que dos posturas que dominan todo este debate. La primera frase fue pronunciada por nuestro honorable colega
el Sr. Vivani. Dijo él: “¡Guerra al catolicismo!” Yo me levanté y le respondí: “¡Gracias por su franqueza!” La otra frase fue pronunciada por el honorable Sr. Léon Bourgeois. A instancias del Sr. Piou, Bourgeois reiteró que el objetivo perseguido
por sus camaradas, es reemplazar el espíritu de la Iglesia, es decir, el espíritu del catolicismo, por el espíritu de la Reforma, el espíritu de la Revolución y el espíritu de la Razón. Estas palabras son las que se ciernen sobre el debate, son ellas que las dominan, y yo quiero enfrentarlas de frente, porque esta es toda la cuestión, despejadas de subterfugios de lenguaje y de discusiones hipócritas.”

El 11 de marzo, el Sr. C. Pelletan declaró también que la lucha actual se relaciona con el gran conflicto trabado entre los derechos del hombre y los derechos de Dios. Este es el conflicto que se cierne sobre todo este debate.”

El 28 de junio, al término de la discusión, el Sr. Abad Gayraud creyó que era un deber antes de la votación, recordar a los diputados lo que ellos irían a hacer, sobre lo que ellos se iban a pronunciar. “La ley que ustedes van a votar no es una
ley de apaciguamiento y de pacificación. Se engañaría al país con estas palabras. Esta es una ley contra la Iglesia Católica. El Sr. Viviani dio a conocer el contenido del proyecto, cuando él declaró en la cámara la guerra a la FE católica.”

El Sr. de Mun cumplió con el mismo deber: “Nadie ha olvidado el memorable discurso del Sr. Viviani que sigue siendo, a pesar de la abundancia de los discursos y de los anuncios, el mejor entendido por todos. El Sr. Viviani ve en la ley el principio
de la guerra contra la Iglesia Católica, como siendo el alfa y el omega de su decisión… En el informe que l’Officiel ha publicado esta mañana y que hemos tenido que leer a toda prisa, el honorable Sr. Trouillot dice que la ley de las asociaciones
es el preludio de la separación de la Iglesia y el Estado, lo cual deberá ser el corolario indispensable sobre una ley general sobre la policía de cultos. La Cámara y el país están, por lo tanto, advertidos. Es la guerra abierta declarada a la Iglesia
Católica. Porque esta ley general sobre la policía de cultos serán un conjunto de requisitos con la finalidad de impedir, por todos los medios posibles, el ejercicio del culto.”

El Sr. Viviani subió a la tribuna para confirmar la amenaza de Trouillot, que no fue más que repetir lo que en otro momento habían dicho muchos ministros sobre ella: “En el curso de las reuniones durante las cuales el partido Republicano
había sido el líder del actual proyecto, por incompleta e imperfecta que sea la fórmula jurídica, nosotros hemos adherido a ella plenamente, con el objetivo bien firme de fortalecerla en el futuro con otras nuevas medidas.” (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aclamó la extrema izquierda).

¿Cómo deberían ser estas medidas? ¿A qué deberían tender? Viviani lo ha dicho: “Sustituir la religión Católica por la religión de la humanidad”, o según la fórmula de Bourgeois, “dar al espíritu de la Revolución, de la Filosofía y de la Reforma,
la victoria sobre la doctrina católica”: la doctrina católica sostiene que el fin del hombre va más allá de este mundo y de la vida presente, en cambio el espíritu de la Filosofía y de la Revolución limita los horizontes de la humanidad a la vida
animal y terrenal.

Si estas frases que hemos citado hubiesen sido pronunciadas en un club o en una logia, ellas merecerían examinarse en razón de su gravedad. Pero ellas han sido pronunciadas en la Cámara, y repetidas nuevamente por un intervalo de casi
seis meses, aplaudidas por la mayoría de los representantes del pueblo, y finalmente sancionadas por una ley hecha con el espíritu que ellas manifiestan, esto es sin duda un serio tema para ser meditado.

Viviani ha dicho: “No estamos solamente en presencia de las Congregaciones, estamos enfrentados cara a cara con la Iglesia Católica, para combatirla, para librar contra ella una guerra de EXTERMINIO.”

Hace mucho tiempo que este pensamiento obsesiona las mentes de los enemigos de Dios. Hace mucho tiempo que ellos se animan para exterminar a la Iglesia.

En una carta escrita el 25 de febrero de 1758, Voltaire decía: “Veinte años más y Dios será un bello juguete.” Hérauld, el teniente de policía que le reprochaba su impiedad le decía: “Usted considera bello lo que hace, lo que escribe, pero Usted
no podrá destruir la religión cristiana”, Voltaire le respondió: “Eso lo veremos.” Lo mismo se podría decir hoy, por más que se sientan seguros de que esta vez hayan tomado las mejores medidas en su contra.

El 15 de enero de 1881, el Journal de Génève publicó una conversación de su corresponsal en París con uno de los mayores líderes de la francmasonería que, al igual que en nuestros días, dominaban la Cámara de Diputados. Le decía: “En el fondo de todo esto (de todas estas leyes promulgadas sucesivamente), hay una inspiración dominante, un plan fijo y metódico, que se lleva a cabo más o menos en orden, con retraso, pero siguiendo una lógica invencible. Lo que hacemos, es poner bajo estado de sito al catolicismo romano, apoyándonos en el Concordato. Queremos hacerle capitular y vencerlo. Sabemos en donde están sus fuerzas vivas, es sobre ellas donde queremos atacar.”

En la Semaine religieuse de Cambrai, en su ejemplar del 23 de enero de 1886, se nos informaba que en Lille había dicho: “Perseguiremos sin misericordia al clero y a todo lo que se relacione con la religión. Emplearemos contra el catolicismo medidas que todavía ni siquiera existen. Utilizaremos todo nuestro ingenio para hacerlo desaparecer de este mundo. Y si a pesar de todo resiste a esta guerra científica, yo seré el primero en confesar que es una institución divina.”

El Sr. G. de Pascal escribió en la Revue catholique et royaliste de marzo de 1908 lo siguiente:
“Hace muchos años, el cardenal Mermillod me contó una anécdota que ilustra bien la situación, cuando él todavía residía en Ginebra: el ilustre prelado veía cada cierto tiempo al príncipe Jerónimo Bonaparte que habitaba la tierra de Prangins. El
príncipe revolucionario disfrutaba mucho de las conversaciones espirituales con el prelado. Un día le dijo: “Yo no soy amigo de la Iglesia Católica, no creo en su origen divino, pero cuando me entero de lo que se está haciendo en contra de Ella, los
admirables esfuerzos ejecutados en contra de su existencia; si Ella resiste a estos asaltos, yo me veré obligado a confesar que hay cualquier cosa que supera lo humano.”

En junio de 1903, la Vérité Française informa que el Sr. Ribot, en una conversación íntima, le había dicho: “Yo sé lo que se está preparando, conozco en detalle los hilos de esta amplia red que está siendo tendida. Ahora bien, si la Iglesia romana
se escapa esta vez en Francia, este será un milagro que brillará ante mis ojos y me haré católico como usted.”

Este milagro, se ha visto en el pasado y se verá en el futuro. Los Jacobinos podrán creerse seguros, incluso con más éxito que nuestros libres-pensadores, que tuvieron que reconocer que estaban equivocados… y sin embargo no se convirtieron.

“He visto, dice Barruel en sus Memorias, a Cerutti tratar insolentemente al Nuncio de Pío VI, con una alegría impía y sonrisa lastimera, diciéndole: “Cuide bien a su Papa; protéjalo bien, y embalsámelo bien después de su muerte, porque, le advierto, puede estar cierto de esto, no tendréis ningún otro.” Este supuesto profeta no adivinaba, continua Barruel, que se presentaría delante de Dios antes que Pío VI, y que Dios, a pesar de las tempestades del jacobinismo, a pesar de tantas otras, estará con Pedro y su Iglesia hasta el fin de los siglos.

Viviani dice que si la masonería quiere destruir la Iglesia, será con el fin de sustituir la religión de Cristo por la religión de la humanidad.

Establecer una nueva religión, la “religión de la humanidad”, es, en efecto, lo veremos, la meta que se ha propuesto la masonería al dirigir el movimiento iniciado en el Renacimiento: la liberación de la humanidad.

En un libro publicado en Friburgo bajo el título: “La deificación de la humanidad, o la meta positiva de la francmasonería, el P. Patchtler ha demostrado claramente el significado que la masonería le da a la palabra “humanidad” y el uso que de ella
hace. “Esta palabra, dice, es utilizada por miles de hombres (tanto los consciente como los inconscientemente iniciados), en un sentido confuso, sin duda, pero siempre, sin embargo, como el lema de guerra con un objetivo determinado y cierto,
que es la oposición al cristianismo positivo. Esta palabra, en boca de ellos, no significa solamente el ser humano en oposición al ser animal,… significa, en tesis, la independencia absoluta del hombre en la esfera intelectual, religiosa y política; ella
niega cualquier fin sobrenatural, y reclama, que la perfección puramente natural de la raza humana es la única vía para el progreso. A estos tres errores corresponden tres etapas en las vías del mal: La Humanidad sin Dios, la Humanidad se hace Dios, la Humanidad en contra de Dios. Este es el edificio que la masonería quiere construir para reemplazar el orden divino, que es la Humanidad con Dios.”

Cuando la secta habla de la religión del futuro, de la religión de la humanidad, es este edificio, es este Templo que tiene en vista.

A fines de julio y comienzos de agosto de 1870, las logias de Strabourg, Nancy, Vesoul, Metz, Châlons-sur-Marne, Reims, Mulhouse, Sarreguemines, en una palabra todo el Oriente, se reunió en Metz. Fue tratada la cuestión del “Ser supremo”,
y las discusiones que se siguieron se propagaron de logia en logia.

Para ponerle fin, en los números de enero y mayo, Le Monde Maçonnique hizo la siguiente declaración: “La francmasonería nos enseña que hay una sola religión, una sola verdad, y por consiguiente un solo culto natural, el culto de la humanidad.

Porque, mis hermanos, esta abstracción que, erigida en sistema, ha servido para formar todas las religiones. Dios no es otra cosa que el conjunto de todos nuestros instintos más elevados, a los cuales les hemos dado cuerpo, una existencia distinguible;
Dios no es más que el producto de una concepción generosa, pero errónea, de la humanidad que se ha entregado a una quimera.”

Nada más claro: la humanidad es Dios, los derechos del hombre deben sustituir a la ley de divina, el culto a los instintos del hombre debe tomar el lugar que se le rinde al Creador, la búsqueda del progreso en la satisfacción dada a los sentidos,
deben sustituir a las aspiraciones hacia la vida eterna.

En una reunión conjunta de las logias de Lyon, realizada el 3 de mayo de 1882 y que ha sido publicada en la Chaîne d’Union de agosto de 1882, le masón Régnier decía: “No debemos ignorar lo que para nadie ya no es un misterio: desde hace
tiempo dos ejércitos están enfrentados, que la lucha que se realiza en Francia, en Italia, en Bélgica, en España, es entre la luz y la ignorancia, y que una se impondrá sobre la otra. Sabemos que los Estados Mayores, los líderes de estos ejércitos son,
por una parte, los jesuitas (entiéndase el clero secular y regular) y por la otra, los masones.”

Pero la destrucción de la Iglesia no será suficiente para la construcción del Templo masónico; también, se suman contra la Iglesia, los gritos de odio contra el orden social, contra la familia, contra la propiedad. Y no puede ser sino así, una
vez que las verdades de orden religioso hacen parte de la propia sustancia de esas instituciones.

La sociedad se sustenta bajo la autoridad que tiene su principio en Dios; la familia, sobre el matrimonio cuya legitimidad se sustenta bajo la bendición divina y su indisolubilidad; la propiedad, bajo la voluntad de Dios que promulgó los
séptimo y décimo mandamientos, para protegerla contra el robo e incluso contra la codicia. Esto es lo que quiere destruir, contra esto es lo que reclama la secta, para fundar la civilización sobre nuevas bases.

León XIII en su Encíclica Humanum genus constató: “Lo que se proponen los Francmasones, a lo que tienden todos sus esfuerzos, es la completa destrucción de toda la disciplina religiosa y social nacida de las instituciones cristianas, y sustituir
las por otras, adaptadas a sus ideas, cuyos principios y leyes fundamentales se derivan del naturalismo.”

Las ideas y proyectos expuestos en la tribuna y en las logias, son la expresión de un pensamiento y de una voluntad que se encuentra por todas partes. Se escuchan en Francia, Bélgica, Suiza, Italia, Alemania, en todos los Congresos democráticos,
se lee cada día en una multitud de periódicos.

En 1865, se realizó en Liège el congreso de estudiantes. De ese congreso fueron difundidos primero al estado mayor de la internacional, después entre los auxiliares de Gambetta. Más de un millar de jóvenes venidos de Alemania, España, Holanda, Inglaterra, Francia, Rusia, se hicieron presentes. Se mostraron unánimes en sus sentimientos de odio contra los dogmas e incluso contra la moral católica; adhirieron por unanimidad a las doctrinas y acciones de la Revolución Francesa, incluyendo las masacres de 1793; fueron unánimes en el odio contra el actual orden social, “que no cuentan con dos instituciones basadas en la justicia”, palabras pronunciadas por el Sr. Arnoult, editor del Précurseur de Amberes, y aplaudidas exageradamente
por la Asamblea. Otro orador, el Sr. Fontaine, de Bruselas, terminó su discurso con estas palabras: “¡Nosotros revolucionarios y socialistas, queremos el desarrollo físico, moral e intelectual de la humanidad. Tengan en cuenta que digo en primer lugar físico y después intelectual. Queremos en el orden moral, la destrucción de los prejuicios de la religión y de la Iglesia, llegar a la destrucción del Dios y al libre examen. Queremos en el orden político, la realización de las ideas republicanas, llegar a
obtener el gobierno de los pueblos y la solidaridad de los individuos. En el orden social, queremos, por la transformación de la propiedad, por la abolición de la herencia, por la aplicación de los principios de cooperativa, por la mutualidad, alcanzar la
solidaridad de intereses y la justicia! Queremos, la liberación del trabajador en primer lugar, del ciudadano y después del individuo, y sin distinción de clases, la abolición de cualquier sistema autoritario.”

Se pronunciaron otros discursos en la misma línea. Es la destrucción del cristianismo, que no puede ser alcanzado, sin la ruina de todas las instituciones creadas y fundadas por éste; los hombres lógicos lo comprenden, los hombres francos lo dicen, los anarquistas lo realizarán.

En el mismo congreso de Lieja, Lafargue preguntó: “¿Qué es la Revolución?” Y él respondió: “La Revolución, es el triunfo del trabajo sobre el capital, del obrero sobre el parásito, del hombre sobre Dios. Esto es la Revolución social que comporta los principios del ’89, los Derechos Humanos llevados su última expresión.” Y añadió: “¡Son cuatrocientos años que llevamos socavando el catolicismo, de hecho, la máquina de espiritualismo más fuerte que ha sido inventada; y que por desgracia
sigue siendo sólida!” Finalmente, en la última sesión, lanzó este grito del infierno: “¡Guerra a Dios! ¡Odio a Dios! ¡ESO ES EL PROGRESO! Hay que destruir el cielo como quien destruye una hoja de papel.”

Lafargue concluyó diciendo: “En presencia de un principio tan grande y puro como este (despejar de lo sobrenatural todo lo que constituye el orden social) se debe odiar o probar que se ama.”

Otros franceses pidieron que esta separación se hiciese más completa entre los que odian y los que aman, entre los que odian el mal y aman el bien, y entre los que odian el bien y los que aman el mal. El Sr. Regnard, Parisino, explicó lo que la masonería considera el mal y el bien: el mal es el espiritualismo, el bien es el materialismo.

“Nosotros unimos nuestra militancia a los hombres que proclaman el materialismo: todo hombre que está a favor del progreso, también lo está por la filosofía positiva o materialista.”

Cuando las palabras “progreso” y otras semejantes salen de los labios masónicos, surgen católicos para acogerlos con respeto y confianza ingenua, creyendo en ellas y considerándolas como aspiraciones para un estado de cosas deseable.

Lafargue y Regnard acaban de decirnos lo que la secta, que las colocó en circulación, entendió y difundió a respecto de ellas.
Germain Casse: “Exigimos que los que estamos aquí seamos de PARIS o de ROMA, jesuitas o revolucionarios.” Y como sanción, exige “la exclusión total, completa de todas las personas que representen, de cualquier nivel que sea, el ideal
religioso.” Condición necesaria del nuevo orden de cosas querido y perseguido.

No hace falta prolongar las citas, escritas por los redactores de la Gazette de Lieja sobre las tablas mismas del congreso. Otros periódicos temían reproducir estas bellas palabras en toda su crudeza. El ciudadano Fontaine las recordó a propósito
de la verdad: “Si hay un periódico, decía, que sea de buena fe, ese es la Gazette de Lieja, y esto es porque sinceramente, católica, apostólica y romana. Ella ha publicado un análisis completo de los debates.”

El año siguiente, en el congreso de Bruselas, el ciudadano Sibrac, francés, llamó a las mujeres a participar de esta gran obra; y para animarlas les dice: “Fue Eva la que levantó el primer grito de rebelión contra Dios.” “Sepan que uno de los gritos de admiración de la francmasonería es: “¡Eva! ¡Eva!”

Una vez más el ciudadano Brismée, dijo: “Si la propiedad se resiste a la Revolución, debemos, por voluntad del pueblo, destruir la propiedad. Si la burguesía se resiste, hay que matar a la burguesía.” Y el ciudadano Pèlerin: “¡Si seiscientas mil
cabezas se oponen, que caigan entonces!”

Tras el congreso de Lieja y de Bruselas, hubo uno en Ginebra, integrado por estudiantes y obreros como en Bruselas. Una vez más Dios y la religión fueron rechazados de común acuerdo, las ideas religiosas fueron declaradas funestas para el pueblo y contrarias a la dignidad humana, la moral fue proclamada independiente de la religión. Se habla de organizar huelgas “inmensas, invencibles”, debiendo terminar con una HUELGA GENERAL.

Otro congreso internacional se celebró el La Haya en 1872. El ciudadano Vaillant también proclamó la guerra a la propiedad y a los propietarios.

“La burguesía, dijo, debe esperar una guerra más seria que la lucha latente a la que la Internacional está actualmente condenada al fracaso. ¡No tardará en llegar el día de la venganza de la Comuna de París!
“El exterminio total de la burguesía: tal debe ser el primer acto de la futura revolución social.”

Si quisiésemos dar una idea de lo que se ha dicho y escrito en estos treinta últimos años, sería de no parar. Es conocido por todos, que el régimen republicano, especialmente en estos últimos tiempos, ha dejado entrar, o incluso propagado en
todos los estratos de la sociedad las más subversivas ideas.

LA CONJURACION ANTICRISTIANA – CAPÍTULO VII

CAPITULO VII
QUÉ HACE Y QUÉ DICE DE NUESTROS DÍAS LA REVOLUCIÓN

Waldeck-Rousseau, en su discurso sobre la discusión de la ley de las asociaciones del 28 de octubre de 1900 en Toulouse, planteó en estos términos la atención que tenía pendiente a Francia y al mundo entero sobre lo que sucedía en el país: “En este país, cuya unidad moral, su fuerza y su grandeza, que se forjó a través de los siglos, crecen sin conocerse dos juventudes – separadas menos por su condición social que por la educación que reciben – que un día se encontrarán y no se reconocerán con el riesgo de no comprenderse. Poco a poco se han ido formando dos sociedades diferentes – una, cada vez más democrática, arrastrada por la corriente de la Revolución; y otra, cada vez más imbuida de las doctrinas que se creían no habían sobrevivido al gran movimiento del siglo XVIII – destinadas un día a chocar.”

Lo constatado en las palabras de Waldeck-Rousseau es verdadero. Hay en efecto en nuestra Francia, no sólo dos juventudes, sino que dos sociedades. Ellas no advierten este choque futuro, que tomará algún tiempo en producirse. Esta división del país se remonta más atrás en el tiempo que lo que le asigna Waldeck-Rousseau, más allá del siglo XVIII. Ya se veía surgir en el siglo XVI, en los grandes esfuerzos que hicieron los protestantes en construir una nación dentro de la nación.

Para encontrar la unidad moral, que a través de los siglos formó la fuerza y la grandeza de nuestra patria, y que Waldeck-Rousseau lamenta, es necesario remontarse aún más lejos. Fue con el Renacimiento que comenzó la división ideológica y
moral, continuando cristiana en unos, y volviendo al paganismo en otros. Pero después de más de cuatro siglos, el espíritu del Renacimiento no ha podido aún triunfar sobre el espíritu del cristianismo y rehacer en sentido opuesto la unidad
moral del país. Ni las violencias, perfidias y traiciones de la Reforma; ni la corrupción de los espíritus y de los corazones emprendida por el Filosofismo; ni las confiscaciones, los exilios y masacres de la Revolución, pudieron acabar con las doctrinas y las virtudes con que el cristianismo empapó el alma francesa durante catorce siglos. Napoleón vio siempre este espíritu cristiano de pie sobre las ruinas amontonadas por el terror revolucionario, y no encontró nada mejor que dejarlas
vivir, negándole, no obstante, los medios para restaurar plenamente la civilización cristiana. Por lo tanto, a pesar de diversas las vicisitudes, este conflicto señalado por Waldeck-Rousseau, se mantuvo no tanto por la diversidad de las clases sociales
sino que más bien por las educacionales: la educación universitaria fundada por Napoleón y la educación cristiana que se mantuvo en la enseñanza libre.

Siempre la Iglesia ha sido firme en su enseñanza de que la verdadera civilización es la que corresponde a la verdadera condición del hombre, y esa es la que responde al destino dado por Dios y al cual el Redentor volvió posible; por lo tanto,
la sociedad debe constituirse y gobernarse de manera tal, que favorezca todos los esfuerzos hacia la santidad.

Y la Revolución, en cambio, siempre continúa diciendo que el hombre sólo tiene un fin terrenal, y que la inteligencia sólo está para satisfacer sus apetitos; y que por lo tanto, la sociedad debe estar organizada de tal suerte, que el hombre obtenga la mayor suma posible de satisfacciones mundanas y placeres carnales.

Esto no es solo una división, sino que es un conflicto; conflicto que se hizo patente desde el Renacimiento, pero un conflicto sordo que viene desde los orígenes del cristianismo; desde el día en que la Iglesia se esforzó en propagar la verdadera
civilización se encontró en frente de sí con la resistencia de los malos instintos de la naturaleza humana.

“Tenemos que ponerle fin a esto, decía Raoult Rigault, llevemos a los rehenes al paredón para ejecutarlos, ya son dieciocho siglos, es la hora de terminar con esto”.

¡Hay que ponerle fin! Esta era el lema del Terror1, era la voz de la Comuna. Es la voz de Waldeck-Rousseau. Ambas juventudes, ambas sociedades deberían enfrentarse en un conflicto supremo; una arrastrada por la avasalladora corriente de
la Revolución, la otra impulsada y sostenida por el soplo del Espíritu Santo contra las olas revolucionarias.

Es necesario el triunfo de uno sobre el otro.

Sabemos por experiencia, que la secta de Waldeck-Rousseau ha empleado a sus agentes para lograr sus objetivos, aunque con medios menos sanguinarios que los de 1793, porque los considera más eficaces.

La primera de esas medidas, fue la aniquilación de las congregaciones religiosas.

Waldeck-Rousseau, en el discurso de Toulouse, explicó en estos términos la razón de darle prioridad a la ley contra las congregaciones religiosas: “Este hecho (la coexistencia de dos juventudes, de dos sociedades) no se explica por el libre juego de las opiniones: este supone un sustrato de influencias que antes estaban ocultas pero que ahora son más visibles, es un poder que ya no es oculto, y que constituye dentro del Estado una potencia (un poder) rival”. Este sustrato de influencias, esta potencia rival, que Waldeck-Rousseau denunció, se encontraban según él, en las congregaciones religiosas. “Esta, decía, es una situación intolerable y todas las medidas administrativas utilizadas hasta ahora han sido incapaces de eliminar. Todos los esfuerzos serán inútiles mientras no haya una legislación racional, eficiente, que reemplace a tanta legislación ilógica, arbitraria e ineficaz”.

Esta legislación eficaz, Waldeck-Rousseau, nos la obtuvo con el apoyo del Parlamento. Esta ley de asociaciones fue largamente estudiada y preparada en las logias para lograr sus objetivos; ha sido aprobada y promulgada sin trabas en todos
sus puntos, y perfeccionada posteriormente con un conjunto de órdenes, decretos y medidas que parecen ya no dejar más en Francia un refugio para la vida monástica y la enseñanza religiosa.

Sin embargo, la aniquilación de las congregaciones no es el punto final del conflicto. Waldeck-Rousseau lo sabe muy bien. Puso mucho cuidado en decir que la “ley de asociaciones es sólo el punto de partida”. Y supongamos que las congregaciones
religiosas no tuviesen ninguna esperanza en ser restablecidas: sería ingenuo pensar que el cristianismo se acabaría con ello. Detrás de sus batallones está la Santa Iglesia Católica. La Iglesia enseña, no sólo a las congregaciones, sino a todos los cristianos y a todos los hombres: “El fin último no está aquí abajo; deben aspirar hacia lo alto”. Es a Ella cuando Waldeck-Rousseau re refiere a ese sustrato de influencias que no ha dejado de actuar desde hace dieciocho siglos. Es a Ella a quien se debe eliminar para matar los ideales cristianos. Waldeck-Rousseau sabe, y es esa la razón por la que presentó la ley como siendo apenas el punto de partida.

“La ley de asociaciones es, a nuestro juicio, el punto de partida de la mayor y más libre evolución social, y también la garantía indispensable de las prerrogativas más necesarias de la sociedad moderna”.

Una EVOLUCIÓN SOCIAL. Aquí es donde Waldeck-Rousseau reconoce la intención de la ley propuesta a la aprobación del Parlamento, y que ahora está vigente.

La buscada evolución social que vemos en todo este proceso, dejaría sin esperanza de retorno a las vías de la civilización cristiana, y sería el camino para la instauración de la civilización pagana.

¿Cómo se puede entender que la destrucción de las congregaciones religiosas sea el punto de partida para todo este proceso?
¡Ah! Esto se debe a que la mera presencia de los religiosos en medio de la sociedad constituye una continua predicación cristiana para no perder de vista cuál es el fin último del hombre, el objetivo principal de la sociedad y la naturaleza de
lo que debe ser la verdadera civilización. Ya con el sólo hecho de vestir un traje especial en medio del mundo, le dicen a las multitudes de que somos creados para el cielo y que en la búsqueda de ese fin debemos emplear nuestros esfuerzos. A
esta predicación silenciosa se añade la de sus obras, para cuya dedicación no requieren de recompensa aquí en la tierra y cuyo desinterés nos enseña que existe una recompensa mucho mayor que todos deben ambicionar. Al fin y al cabo su
enseñanza en las escuelas y en los púlpitos no cesa de extenderse en las almas de los niños, para crecer en los corazones de los adultos, propagando en todas las direcciones, la fe en los bienes eternos. Nada que se oponga más directamente y más
eficazmente al restablecimiento del orden social pagano. No hay nada que necesite de una más inmediata desaparición, para la resurrección de ese proyecto (restablecimiento del orden social pagano) buscado desde hace cuatro siglos. Cuanto mayor sea el tiempo de permanencia de los religiosos, cuanto más actúen, cuanto más enseñen, hay y habrá no solamente dos juventudes, sino que dos Francia, la Francia católica y la Francia masónica, teniendo cada una un ideal diferente e incluso opuesto, luchando entre sí y buscando su propio triunfo. Y como la masonería y el catolicismo, se extienden por el mundo entero, en todas partes las dos ciudades estarán involucradas, en todo tiempo y lugar en la misma batalla. Por todas partes se le ha declarado la guerra a las órdenes religiosas, y el lema en todo el mundo es ir a la caza de ellas, de destruirlas. Son las leyes, los decretos que la francmasonería ha promulgado contra ellas, en todos los países, no sólo en el siglo XIX.

Pero la destrucción de la vida monástica no es ni puede ser, como dice Waldeck-Rousseau, sino que “el punto de partida”. Después de los religiosos quedan los sacerdotes, y si los sacerdotes se dispersan, continuará la Iglesia, como en los tiempos de las catacumbas, manteniendo la fe en un cierto número de familias y en cierto número de corazones, en un momento para otro, la fe atraerá a los sacerdotes y a los religiosos, como lo hizo en 1800.

Pero tiene que haber algo más.

En primer lugar, acabar sometiendo a la Iglesia, para luego, destruirla. Se intenta primero someterla por “la aplicación estricta del Concordato”; y luego, destruirla por la ley de separación de la Iglesia y del Estado.

Mientras más rigurosa era una observancia religiosa, más excitaba la cólera del humanismo. (L’Eglise et les Origines de la Renaissance, par Jean Guéraud, page 305) Los enciclopedistas tenían respecto a las Órdenes religiosas los mismos sentimientos que los humanistas.

El 24 de marzo de 1767, Federico II, rey de Prusia, escribió a Voltaire: “He observado, y otros lo han hecho como yo, que el pueblo es el que más ciegamente está comprometido con la superstición (el cristianismo). No cabe duda de que si tenemos éxito en la destrucción de estos asilos de fanatismo, el pueblo se convertirá en un foco de indiferencia y tibieza frente a estos objetos que actualmente son de su veneración. Procedamos a destruir los claustros, al menos empecemos a reducir su número…”

LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA – CAPÍTULO VI

CAPITULO VI
LA REVOLUCION, UNA DE LAS EPOCAS DEL MUNDO

A principios del siglo XIX, se podía creer que la revolución Francesa había sido principalmente una revolución política y que una vez esta revolución fuere realizada, la sociedad iba a retornar a sus cimientos. Hoy en día ya no se puede más tener esta ilusión, incluso considerando la Revolución en su primer período. Como dijo Brunetière: “La grandeza de los acontecimientos y el desborde fue sobrepasada en todos los sentidos la mediocridad de los que creen o se creen sus autores. La desproporción entre la obra y sus obreros es extraordinaria. Una corriente más fuerte que ellos los impulsa, los arrastra, los hace rodar, los destruye… y continúa avanzando”.

Cuando el duque de la Rochefoucaull-Liancourt despertó a Luis XVI para anunciarle la toma de la Bastilla, el rey preguntó: “¿es una rebelión?” El duque respondió: “no Sire, es una revolución”. Lo que dijo no era suficiente, esta no era una revolución, sino que era LA REVOLUCIÓN que surgía.

Esto que apareció a primera vista en la Revolución, a esto que J. de Maestre vio y señaló a partir del día en que se puso a analizarla, y a esto que vemos en la actualidad con más evidencia aún, es el ANTICRISTIANISMO. La Revolución consiste
esencialmente en la rebelión contra Cristo, e incluso la rebelión contra Dios, más bien, es la negación de Dios. Su objetivo supremo es sustraer al hombre y a la sociedad de lo sobrenatural. La palabra LIBERTAD, en boca de ella, no tiene otro
significado: libertad para la naturaleza humana de ser ella sola, como Satán que quiso ser él solo, y eso, como lo explicaremos más adelante, a la instigación de Lucifer que quiere librarse de la supremacía que la superioridad de su naturaleza le daba sobre la naturaleza humana, que fue eliminada mediante la elevación del cristianismo al orden sobrenatural. Y por eso, J. de Maistre muy precisamente caracterizó la Revolución con la palabra “satánica”.

“Seguramente, la Revolución Francesa no mostró en todo momento de su recorrido este aspecto; sin embargo, su carácter general no varió en ningún punto, desde su misma cuna demostró lo que en realidad era.” “Hay en la Revolución un carácter satánico que la distingue de todo esto que se vio y de lo que se verá. Ella es satánica en su esencia.”

Pío IX, en 1849 dijo – ya recordaremos estas palabras – con más autoridad aún dijo: “La Revolución es inspirada por el mismo Satán; su objetivo es destruir por completo el edificio del cristianismo, y reconstruir sobre sus ruinas el orden social del paganismo.”

Después de nuestros desastres de 1870-1871, M de Saint-Bonnet decía: “¡Francia trabaja desde hace un siglo en eliminar de todas sus instituciones a Aquél que a quien le debe Tolbiac, Poitiers, Bouvines y Denain, es decir, a Aquél a quien debe
su territorio, su existencia! ¡Para señalarle todo su odio, para hacerle la injuria de expulsarlo de las murallas de nuestras ciudades, la secta excita, desde 1830, una persecución odiosa que acecha a este “Cristo que ama a los Francos”, que se hizo
“Hombre para salvar al hombre, que se hizo Pan para alimentarlo!” Y concluye: “¡Y Francia pide la causa de sus desdichas!”
A este odio a Cristo, que no se cría posible en el seno del cristianismo, se le suma la rebelión directa contra Dios.

Hay razones para creer que esta rebelión contra Dios no ha podido tener lugar en el gran combate entre Lucifer y el Arcángel San Miguel.

Es necesario el espíritu limitado del hombre para rebelarse contra lo Infinito.

A esto se le suma también la corrupción y la extrema bajeza a que el corazón humano puede llegar.

Lo que no se había visto lo vemos hoy, “La Revolución, es la lucha entre el hombre y Dios; quiere ser el triunfo del hombre sobre Dios.” Esto es lo que declaran aquellos que dicen que actualmente se trata de saber si triunfará la Revolución o la Contra-Revolución.

Por eso, M. de Saint-Bonnet no dice nada más, él no dice quizás lo suficiente, cuando afirma que “el tiempo presente no puede compararse con la rebelión de los ángeles.” Y por consiguiente, de Maestre, Bonald, Donoso Cortés, Blanc de Saint-Bonnet, entre otros, seguramente coinciden en decir: “El mundo no puede permanecer en este estado”.

O estamos llegando al final del odio a Dios y a su Cristo levantado por el Anticristo, volviéndose más general y violento; o bien estamos en la víspera de la más grande misericordia que Dios haya ejercido en este mundo después de la Redención.

He aquí la situación en que estamos, he aquí lo que la Revolución creó, aquello que no ha dejado de ser desde los primeros días de la Revolución, bajo el imperio en el cual todavía estamos.

En 1796, dos años después de la caída de Robespierre, J. de Maestre escribía: “La Revolución no ha terminado, nada hace presagiar el fin. Ya produjo grandes males, y ella anuncia aún mayores. A los espíritus superficiales, a los que en la víspera del día de la consagración de Napoleón, les parecía que todo iba a volver a ser estable en el nuevo orden de cosas, él escribía a M. Rossi (3 de noviembre de 1804): “se intentará hacer creer que todo se perdió, pero él llevará las cosas a donde nadie espera… Todo anuncia una convulsión general del mundo político.

En el apogeo de la epopeya napoleónica decía. “¡Nunca el universo había visto una cosa igual! ¿Y qué nos queda por ver? ¡Ah, distamos mucho del último acto o de la última escena de esta tragedia!” “Nada anuncia el final de la catástrofe, y todo anuncia, que por el contrario ella todavía debe durar.” Fue en 1806 que él formulaba este pronóstico. Al año siguiente, invitaba a Rossi a hacer con él esta observación: “¿Cuántas veces, desde el origen de esta terrible Revolución, tuvimos todas las razones del mundo para decir: Acta est jabula? Y sin embargo la obra continúa… Es tan cierto que la sabiduría consiste en saber prever de una mirada firme la época en que estamos, es decir, UNA DE LAS MAYORES EPOCAS DE UNIVERSO; desde la invasión de los bárbaros y la renovación de la sociedad en Europa, nada igual ha sido visto en el mundo; se necesita tiempo para similares operaciones, y repugna también creer que el mal pueda no tener un final o que pueda terminar mañana… El mundo político está absolutamente trastornado, hasta en sus fundamentos, ni la generación actual, ni probablemente aquella que la sucederá, podrá ver la realización de todo lo que se está preparando… Tenemos quizás dos siglos… Cuando pienso en todo lo que le deberá suceder aún a Europa y al mundo, me parece que la Revolución recién comienza.”

Vino la Restauración de los Bourbons. Nunca había dejado de anunciar, con una seguridad imperturbable, a pesar del advenimiento del Imperio, la consagración de Bonaparte y la constante marcha triunfante de Napoleón a través de Europa,
que el rey volvería de nuevo. Su profecía de realizó; vuelve a ver a los Bourbons sobre el trono de sus padres y dice: lo cierto, no sé quién, anuncia que NADA ha terminado.” “La cima de la desdicha para los franceses sería creer que la Revolución
ha terminado y que la columna que la reemplaza porque ella está señalada.

Es necesario creer, al contrario, que el espíritu revolucionario es sin comparación más fuerte y más peligroso que lo que era hace pocos años. ¿Qué puede hacer el rey cuando se apagan las luces de su pueblo?2” “Nada es estable aún, y se ven por
todos lados las semillas de las desdichas” “El estado actual de Europa (1819) es horroroso; el de Francia en particular es inconcebible. La Revolución sigue sin duda de pie, y no solamente está de pie, ella marcha, corre, avanza. La única diferencia
que percibo entre este tiempo y el del gran Robespierre, es que entonces las cabezas caían y que hoy vuelven. Es infinitamente probable que los franceses aún nos darán una tragedia.”

¿Esta nueva tragedia no se nos anuncia como próxima?

Lo que le daba a J. de Maestre esta seguridad a lo que decía, es que había sabido elevar su mirada sobre los hechos  revolucionarios de los cuales era testigo hasta sus causas principales.

“Desde los tiempos de la Reforma, decía él, incluso desde la de Wiclef, existió en Europa un cierto espíritu terrible e invariable que trabajó sin descanso en invertir las monarquías europeas y el cristianismo… Bajo este espíritu destructivo vinieron a juntarse todos los sistemas antisociales y anticristianos que aparecieron en nuestros días: el calvinismo, el jansenismo, el filosofismo, el iluminismo, etc. (añadámosle: liberalismo, internacionalismo, modernismo); todo esto hace que sea considerado como una sola secta que juró la destrucción del cristianismo y la de todos los tronos cristianos, pero sobre todo, la casa de los Bourbon y la Sede de Roma.”

No sólo de Maestre veía la Revolución tener, en el tiempo, una base que se extiende sobre cuatro siglos, mas la veía en el espacio llegar a todos los pueblos.

En el encabezado de una Memoria dirigida en 1809 a su soberano, Víctor Manuel I, decía: “Hay algo que es evidente, es la inmensa base que la actual revolución tiene esparcida por todo el mundo.” “Las cosas se arreglarán por una convulsión general del globo” “Esta es una de las mayores épocas del universo”, decía sin cesar, viendo a la Revolución con tan grandes preliminares y una tan grande superficie. Añadía: “¡Desdichadas las generaciones que asisten a las épocas del mundo!”
“La revolución Francesa es una gran época del mundo, y sus consecuencias en todos sus formas se harán sentir más allá del tiempo de su explosión y los límites de su inicio.” “Mientras más examino lo que pasa, más me persuado de que asistimos a una de las más grandes épocas del género humano.” “El mundo está en un estado de parto.”

Estado de parto, esto es lo que hace que un espacio de tiempo sea una época.

Fue en la época del diluvio, que parió la nueva generación de hombres, en la época de Moisés que parió al pueblo electo, la época de Cristo que parió al pueblo cristiano.

La época de la Revolución, es la época del antagonismo más agudo entre la civilización cristiana y la civilización pagana, entre el naturalismo y lo sobrenatural, entre Cristo y Satanás.

¿Cómo será el fin de la lucha? Lucifer y los suyos piensan en que triunfarán.

Los judíos dicen que será la venida de su Mesías, que el reino del Anticristo está cerca, y que ese reino abrirá, para su beneficio, la más grande época del mundo.

Esperamos que nuestros lectores, después de haber leído este libro, compartirán nuestra convicción que es muy opuesta. La derrota de la Revolución inaugurará el reino social de Nuestro Señor Jesucristo sobre el género humano que formará un
único rebaño bajo un único Pastor.

LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA – CAPÍTULO V

CAPITULO V

LA REVOLUCIÓN INSTAURA EL NATURALISMO

El protestantismo había fallado; Francia después de las guerras de religión, seguía siendo católica. Pero se había depositado una mala levadura dentro de ella misma. Su fermentación produjo, además de la corrupción de las costumbres, tres venenos de carácter intelectual: el galicanismo, el jansenismo y el filosofismo. La acción de esto sobre el organismo social trajo la Revolución, el segundo y más terrible asalto a la civilización cristiana.

Así como lo demostrará la conclusión de este libro, todo el movimiento impuesto a la cristiandad por el Renacimiento, la Reforma y la Revolución es un esfuerzo satánico para arrancar al hombre del orden sobrenatural establecido por Dios – al crearlo y restaurarlo por Nuestro Señor Jesucristo en la plenitud de los tiempos –, con el propósito de confinarlo en el naturalismo.

Como todo era cristiano en la constitución francesa, todo debería ser destruido.

Sigue leyendo

LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA – CAPÍTULO IV

CAPÍTULO IV
LA REFORMA, HIJA DEL RENACIMIENTO

En su libro La Reforma en Alemania y en Francia, un antiguo magistrado, el conde J. Boselli, dice que el señor Paulin Paris, uno de los científicos más eruditos sobre la Edad Media y uno de los que la conocieron mejor, dijo un día en su presencia a un interlocutor que se asombra de la gran diferencia de la Francia moderna con la de antes, “obscurecida por las tinieblas del la Edad Media”: “desengáñense, la Edad Media no era tan diferente de los tiempos modernos de lo que cree; “las leyes eran diferentes, así como los corazones y las costumbres, pero las pasiones humanas eran las mismas. Si uno de nosotros fuera transportado a la Edad Media, vería en torno de si labriegos, soldados, sacerdotes, financieros, desigualdades sociales, ambiciones, traiciones. LO QUE CAMBIA ES EL FIN AL CUAL ESTABA DIRIGIDA LA ACTIVIDAD HUMANA”. No se podría decir mejor. Los hombres de la Edad Media eran de la misma naturaleza que nosotros, naturaleza inferior a la de los ángeles y, más aun, decaída por el pecado original. Tenían nuestras mismas pasiones, y a veces, se dejaban llevar por ellas, a menudo a excesos más violentos.

Sigue leyendo

LA CONJURACIÓN ANTICRISTIANA – CAPÍTULO III

CAPITULO III
EL RENACINIENTO, PUNTO DE INICIO DE LA CIVILIZACIÓN MODERNA

En su admirable introducción a la Vida de Santa Isabel, M. de Montalembert dice del siglo XIII, que fue – al menos por lo que se refiere al pasado – el apogeo de la civilización cristiana: “Nunca quizás la Esposa de Cristo había reinado por un imperio tan absoluto sobre el pensamiento y sobre el corazón del pueblo… Entonces, más que en ningún otro momento de este rudo combate, el amor de sus hijos, su dedicación sin término, su número y valor cada día crecientes, y los santos que cada día veía nacer entre ellos, ofrecían a esta Madre inmortal, fuerzas y consolaciones, hasta el momento en que le fueron cruelmente arrebatadas. Gracias a Inocencio III, que continuó la obra de Gregorio VII, la cristiandad era una extensa unidad política, un reino sin fronteras, habitado por múltiples razas. Los señores y los reyes habían aceptado la supremacía pontifical. Fue necesario que viniera el protestantismo para destruir esta obra.”

Sigue leyendo

  • Espada del espíritu
  • RSS DEFENSA DE LA FE

    • LOS CATÓLICOS Y EL HALLOWEEN
      LOS CATÓLICOS Y EL HALLOWEEN Ante todos estos elementos que componen hoy el Halloween, vale la pena reflexionar y hacerse las siguientes preguntas: ¿Es que, con tal que se diviertan, podemos aceptar que los niños al visitar las casas de los vecinos, exijan dulces a cambio de no hacerles un daño (estropear muros, romper huevos […]
  • RSS MEDITACIONES MARIANAS

    • EL SECRETO ADMIRABLE DEL SANTO ROSARIO (24) – QUINTA DECENA – Rosa 42
      Quinta Decena:  De cómo debe rezarse el Rosario.   42a Rosa 119 Para rezar bien no basta expresar nuestra súplica con la más hermosa de las oraciones, que es el Rosario. Es preciso también hacerlo con gran atención. Porque Dios oye más la oración del corazón que la de los labios. Orar a Dios con […]
  • Todos los Santos
  • RSS SANTO DEL DIA

    • SAN SILVESTRE I, PAPA
      SAN SILVESTRE I, PAPA Vivió en una época de tan grande trascendencia histórica que, inevitablemente surgieron en torno suyo diversas leyendas y anécdotas sensacionales, como las que figuran en la obra «Vita beati Silvestri», pero sin valor como datos para los registros de la historia. En cambio, el Liber Pontificalis hace constar que era el […]
  • Sagrada Biblia
  • RSS EVANGELIO DEL DÍA

    • LECTURAS Y EVANGELIO MIERCOLES 31 DE DICIEMBRE 2014
      Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Juan 2,18-21.  Hijos míos, ha llegado la última hora. Ustedes oyeron decir que vendría el Anticristo; en realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora.  Ellos salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros. Si lo hubieran […]
  • DEVOCIONARIO
  • RSS DEVOCIONARIO

    • TE DEUM – INDULGENCIA PLENARIA 1 DE ENERO
      Originalmente publicado en Cruzada por Cristo: TE DEUM – INDULGENCIA PLENARIA 1 DE ENERO Se trata de un himno de alabanza compuesto en latín a comienzos del siglo V y atribuido a Nicetas de Remesiana y a San Ambrosio de Milán. Desde el siglo VI forma parte del Oficio Divino. La recitación del himno “Te…
  • TESTIMONIOS
  • RSS TESTIMONIOS

    • TESTIMONIO – Caí en falta, ahora asumo lo ocurrido.
      “Caí en falta, ahora asumo lo ocurrido y espero no perder lo más sagrado que es la salvación eterna.” “Desde que estabas en el seno materno, yo te llamé y te escogí para…” Dios sin merecerlo se ha fijado en mi y despues de años de ires y venires, arriesgando por Él me llamó a […]