EVANGELIO LUNES 17 DE JUNIO 2013

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 5,38-42.

Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente.»
Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra.

Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto.
Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos.
Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda.

Palabra del Señor

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Nuestra sociedad, nuestro ego, el cine, música, televisión… todo ello nos está bombardeando constantemente el cerebro con una idea presentada como legítima pero que esconde tras de sí un gran error. Hablamos de la venganza.

Nos han enseñado a que si nos injurian, debemos responder con otro insulto, si difunden un rumor en nuestra contra, en seguida debemos inventar otro si cabe más cruel, si alguien pretende robarnos a nuestro querido/a le haremos la vida imposible para hundirle por tal osadía. La lista es infinita como lo es la maldad de los que amparándose en la buena voluntad del público en general, emplea esos medios para pervertir la sociedad, como quien siembra cizaña en medio del trigo.

Y una vez más, el mensaje de Cristo es bien distinto a los principios dominantes en el mundo.

Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente.» Pero no hagan caso, ustedes no deben ser como los hijos de este mundo de tinieblas que han elegido servir a Satanás en lugar de tratar de avanzar por el camino de la Cruz que lleva a la Gloria.

 ¿Qué debemos hacer nosotros ante tales pruebas? Cristo nos había advertido que íbamos a ser perseguidos como Él lo fue, ya que el siervo no es más que su Señor. ¿Qué tenemos que hacer entonces cuando vengan a por nosotros por Causa de su Nombre? Que vendrán.

 En ese caso, no debemos seguir los criterios del mundo. Él nos dice:

 No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto.

Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos.

Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda.

 Por amor a su Nombre, haremos eso y más si es necesario. Nuestra voluntad es firme, el problema es que la carne es débil, y ante la prueba, el instinto de supervivencia aflora y nuestro interior se revuelve de tal forma que es muy fina la línea que separa el miedo de la traición, el pavor de la cobardía.

 Pero sí, ¿por qué no? Hablemos del martirio.

Y pensemos en tantos Santos y Santas que fueron voluntariamente al mismo, aun padeciendo las torturas y muertes más atroces. Si la persecución volviese, que volverá. ¿Seríamos capaces de eso por Cristo? ¿de enfrentar la muerte cara a cara y aceptarla?

Es fácil de decir pero difícil de hacer. Sin embargo, en eso podremos medir nuestra fe y mediante la meditación de la Pasión de Cristo, encontrar nuestro consuelo, y el ejemplo a seguir cuando nos llegue la hora.

 «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.  Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!  Padre, glorifica tu Nombre.» (Jn 12, 23-27)

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