SAN CLETO, PAPA Y MARTIR (26 DE ABRIL)

SAN CLETO, PAPA Y MARTIR

(† 96)

San Cleto fue roSAN CLETOmano; y, habiéndole convertido a la fe el apóstol San Pedro, se hizo discípulo suyo, y en la escuela de tal maestro aprovechó tanto en poco tiempo, que fue ejemplo y modelo de todo el clero de Roma, así por su celo como por su fervor y admirable devoción.

Con su afabilidad conquistaba los corazones de todos, hasta de los mismos paganos; y el grande amor que profesaba a Jesucristo daba a entender que había heredado de su maestro aquella singular ternura con que éste había mirado siempre al Salvador. Hacía San Pedro tanto aprecio de San Cleto, que se cree, y con razón, haberle escogido, juntamente con San Lino, no sólo para trabajar a su vista en Roma y sus contornos, como los demás operarios evangélicos que empleaba en la viña del Señor, sino también para que en su ausencia gobernasen aquella primera Iglesia del mundo.

Habiendo terminado San Pedro el año 67 del Señor su gloriosa carrera por medio del martirio, le sucedió inmediatamente San Lino, y a San Lino sucedió San Cleto. Bien era menester un Pontífice tan grande en aquellos dificultosos tiempos de una Iglesia recién nacida y de una persecución tan universal, en que los fieles estaban necesitados de quien los socorriese y los alentase. Todo lo hallaron en la inmensa caridad de nuestro Santo. No hubo provincia tan remota en toda la extensión del imperio romano; no hubo rincón tan escondido que no sintiese los efectos de su caridad y de su celo en las necesidades de los cristianos. A unos socorría con limosnas, a otros alentaba con sus cartas, y a todos dirigía y consolaba con sus paternales instrucciones. Aunque el rebaño era muy numeroso, a todo proveía el vigilante pastor. Ordenó en Roma a veinticinco presbíteros, y no omitió medio alguno de cuantos podían contribuir al bien, aumento y propagación de la Iglesia.

Hacia doce años que la gobernaba, con toda aquella vigilancia, prudencia y acierto que podía esperarse de uno de los más amados discípulos del Príncipe de los Apóstoles, cuando Domiciano, el tirano más cruel y el más enemigo de los cristianos que hasta ahora se ha conocido, excitó contra ellos una de las más horribles persecuciones que padecieron jamás. No se pueden decir las crueldades que ejercitó contra los siervos de Cristo, cuyo nombre estaba resuelto a exterminar. A un mismo tiempo rompió la tempestad en todas partes; en un solo día se contaron muchos millares de mártires, y en todos los rincones del mundo corrían arroyos de sangre de aquellos héroes cristianos.

Pero hacía poco caso el tirano de la exterminación del rebaño, mientras quedase con vida el Pastor, y así convirtió contra él toda su rabia. Mandó que fuese buscado el Pontífice romano, el cual no cesaba de correr día y noche por la ciudad y por la campaña arrastrado, digámoslo así, por grutas y por cavernas para asistir y consolar a los fieles. Fue preso San Cleto y metido en una cárcel, cargado de cadenas. La alegría que mostró, con admiración de todos, acreditaba el deseo que tenía de derramar su sangre por Cristo; pero la impaciencia con que estaba el tirano por verle acabar la vida, le ahorró muchos tormentos. Fue, pues, martirizado en Roma el día 26 de Abril del año de 96. Consérvase su cuerpo en la iglesia de San Pedro en el Vaticano, y se muestran algunas de sus santas reliquias en la de San Pablo de Plaza Colona.

(Extraído de los escritos del P. Juan Croisset, S.J.)

Os suplicamos,  Señor, que por intercesión de San Cleto, cuyas virtudes veneramos aquí en la tierra, seamos un día, contados juntamente con él en el cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

San Cleto, ruega por nosotros

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