NOTIFICACIÓN

Por motivos ajenos a nuestra voluntad, Cruzada por Cristo hará un parón en su actividad durante un par de semanas.

Les pedimos que nos encomienden en sus oraciones para que podamos continuar nuestro ministerio sin más contratiempos de ahí en adelante.

Gracias por su fidelidad a Cristo.

Que Dios les bendiga.

LECTURAS JUEVES 11 DE SEPTIEMBRE 2014

Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 8,1b-7.11-13.
Hermanos:
El conocimiento llena de orgullo, mientras que el amor edifica.
Si alguien se imagina que conoce algo, no ha llegado todavía a conocer como es debido;
en cambio, el que ama a Dios es reconocido por Dios.
En cuanto a comer la carne sacrificada a los ídolos, sabemos bien que los ídolos no son nada y que no hay más que un solo Dios.
Es verdad que algunos son considerados dioses, sea en el cielo o en la tierra: de hecho, hay una cantidad de dioses y una cantidad de señores.
Pero para nosotros, no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y a quien nosotros estamos destinados, y un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y por quien nosotros existimos.
Sin embargo, no todos tienen este conocimiento. Algunos, habituados hasta hace poco a la idolatría, comen la carne sacrificada a los ídolos como si fuera sagrada, y su conciencia, que es débil, queda manchada.
Y así, tu, que tienes el debido conocimiento, haces perecer al débil, ¡ese hermano por el que murió Cristo!
Pecando de esa manera contra sus hermanos e hiriendo su conciencia, que es débil, ustedes pecan contra Cristo.
Por lo tanto, si un alimento es ocasión de caída para mi hermano, nunca probaré carne, a fin de evitar su caída.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 139(138),1-3.13-14abc.23-24.
Señor, tú me sondeas y me conoces,
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares.

Tú creaste mis entrañas,
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias porque fui formado
de manera tan admirable.
¡Qué maravillosas son tus obras!

Sondéame, Dios mío, y penetra mi interior;
examíname y conoce lo que pienso;
observa si estoy en un camino falso`
y llévame por el camino eterno.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6,27-38.
Jesús dijo a sus discípulos:
«Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian.
Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.
Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes.
Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman.
Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores.
Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.
Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos.
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes».

Palabra del Señor

——————

Cuando uno ama a otra persona, desea conocer todo de ella -sus gustos, sus sueños, lo que le agrada y hace feliz, etc- y hace lo indecible por pasar todo el tiempo posible a su lado, disfrutando de su compañía.

Curiosamente, los cristianos que amamos a Dios sobre todas las cosas –o eso decimos-, le racaneamos hasta el último segundo en su presencia. Si sabemos que algo le agrada, nosotros hacemos lo contrario y nos quedamos tan tranquilos sin el menor de los remordimientos.

Y esto –como nos advierte San Pablo- es síntoma de que nuestra conciencia es débil, que no está lo suficientemente trabajada.

Sabemos la importancia que tiene el aprender un oficio, el formarnos humanamente, el ser personas educadas, y así se lo inculcamos a los nuestros desde niños, pero la mayoría de las veces nos olvidamos que la conciencia también debe ser educada para que pueda latir en consonancia con la voluntad del Señor y así, por medio de ella, el Señor pueda día a día dirigir nuestros pasos y ayudarnos a avanzar por el camino de la santidad que conduce a su Reino.

Pero, ¿cómo va a guiarnos el Señor si no le amamos? ¿Y cómo vamos a amarle si no le conocemos?

Es por ello que San Pablo nos exhorta a formarnos como cristianos, a gustar por conocer y aprender las cosas de Dios, pues nadie puede amar aquello que desconoce.

Cuanto más profundicemos en su santa doctrina –como por ejemplo por la meditación de la Palabra de Dios y el estudio del magisterio de la Iglesia por medio de sus catecismos y las obras de los santos- mejor podremos servir al Señor, ya que iremos descubriendo su Voluntad, y poniéndola en práctica siguiendo los dictados de nuestra conciencia que la asimilará como propia.

Sin embargo, San Pablo nos advierte de un peligro: y es que es muy fácil caer en la tentación del “sabelotodismo”, y creyéndonos que ya nadie puede enseñarnos más de lo que sabemos, ensoberbecernos y mirar al prójimo por encima del hombro con desprecio.

“Así, tu conocimiento te llevará al desastre” y por tu mal ejemplo “haces perecer al débil, ¡ese hermano por el que murió Cristo!”

Y habiendo comprendido esta necesidad de formación continua que tiene nuestra conciencia para poder seguir los mandatos divinos, el Señor nos plantea hoy el mayor de los retos para el cristiano: Amar a los enemigos y hacer el bien sin esperar nada a cambio, únicamente por amor a Dios y al prójimo, en este orden.

Amar al que te odia con toda su alma, al que te calumnia y conspira contra ti a las espaldas, al que te traiciona con toda su malicia, al que te hiere con toda su saña, al que te crucifica para proporcionarte la muerte más agónica posible, etc… Amarle y perdonarle de corazón como Cristo mismo nos perdona y perdonó en la cruz a sus verdugos y perseguidores.

Es sin duda la prueba definitiva que separa a los verdaderos hijos de Dios con todas las letras de los que todavía estamos en camino.

Es difícil, pero no es para nada imposible: y prueba de ello la cantidad de santos que tenemos en el santoral. Si ellos lo consiguieron, ¿por qué no nosotros? Será un camino largo y difícil, de mucho trabajo, pero puede y debe lograrse porque el Señor nos lo pide.

Pidamos en este día al Señor que vaya formando nuestra conciencia para que no nos desviemos ni lo más mínimo de su voluntad que es el camino que conduce al Reino de los Cielos. Digámosle con el salmista; “ponme a prueba, mira si mi camino se desvía. Guíame Señor por el camino eterno”

 

SAN JUAN GABRIEL PERBOYRE, PRESBITERO Y MARTIR (11 DE SEPTIEMBRE)

SAN JUAN GABRIEL PERBOYRE, PRESBITERO Y MARTIR

SAN JUAN GABRIEL PERBOYRE Juan Gabriel nació en 1802 y, a la edad de quince años, escuchó un sermón que encendió sus anhelos de ir a predicar a los paganos. No tardó en ingresar a la Congregación de las Misiones (lazaristas y vicentinos) y fue ordenado sacerdote en 1826. Al principio, su deseo de llevar el Evangelio a tierras lejanas tuvo que ceder ante los requerimientos de la obediencia religiosa. Hizo brillantemente su curso de teología y, por lo tanto, después de su ordenación fue nombrado profesor del seminario de Saint-Flour; dos años más tarde, fue rector del «petit séminaire» en el mismo lugar. Su capacidad se puso de manifiesto en aquel cargo y, en 1832, fue enviado a París como subdirector del noviciado general de su congregación. A intervalos, desde que hizo sus votos doce años antes, había pedido que le enviasen a China, de donde llegaban noticias sobre los sufrimientos y el heroísmo de los cristianos perseguidos, pero sólo en 1835 se le concedió la autorización para partir.

 Aquel mismo año llegó a Macao y, en seguida comenzó a tomar clases de chino. Demostró tanta habilidad para aprenderlo que, al cabo de cuatro meses, ya hablaba el complicado idioma y fue nombrado para la misión de Honan. En vísperas de partir, escribió a sus hermanos en París en estos términos: «Si me viérais ahora con mi atuendo chino, tendríais la ocasión de contemplar un espectáculo curioso: tengo la cabeza rapada, una larga trenza en la coronilla y bigotes que se estremecen cuando tartamudeo mi nueva lengua y se ensucian cuando como con los palitos de bambú. Dicen que mi aire de chino no es del todo malo. Esta es una manera de comenzar a hacer por uno mismo las cosas que debemos hacer por los demás: ¡Dios quiera que podamos así ganarlos a todos para Jesucristo!» En China los lazaristas habían organizado un sistema para rescatar a los niños abandonados que tanto han abundado siempre en aquel país sobrepoblado, a fin de salvarlos de la muerte y educarlos luego en la fe de Cristo. El padre Juan Gabriel participó activamente en aquel trabajo y dedicaba la mayor parte de su tiempo a la instrucción de aquellos niños a los que entretenía con el relato de divertidas historias a las que el idioma chino les daba un sabor especial. Luego de pasar dos años en Honan, fue transferido a Hupeh, donde poco después, en septiembre de 1839, hubo un estallido inesperado, repentino, violento e inexplicable de la persecución.

 Los misioneros se apresuraron a ocultarse, pero un neófito traicionó al padre Perboyre (¡Terrible coincidencia!: lo vendió por treinta monedas, treinta taels, el equivalente a unos dieciocho dólares), quien fue aprehendido, encadenado y llevado ante innumerables funcionarios, cada uno de los cuales le interrogaba y le enviaba a otro y así sucesivamente. Por fin, llegó a las manos del gobernador y los mandarines de Wu Chang Fu. Estos le exigieron que revelara el sitio donde se escondían sus compañeros y que pisoteara la cruz, si quería salvar la vida. Por supuesto que se negó a hacer ambas cosas y empezó su pasión. Los sufrimientos que debió soportar el padre Juan Gabriel fueron increíbles en el sentido literal de la palabra. En veinte ocasiones fue arrastrado ante sus jueces y otras tantas se trató de obligarle con feroces tormentos, a la denuncia y al sacrilegio; las torturas se multiplicaban al negarse el mártir. Es famoso el ingenio de los chinos para inventar nuevos modos de infligir el dolor físico, y podemos afirmar que el padre Perboyre sufrió tormentos de tan refinada crueldad que, junto a ellos, los que han inventado los hagiógrafos para los mártires de las «Diez Persecuciones», parecen vulgares y benignos. Se le marcaron en el rostro cuatro caracteres chinos que decían: «maestro de una falsa religión»; un sacerdote chino que sobornó a los carceleros para entrar a la prisión, dijo que el cuerpo del padre Juan Gabriel era una masa informe de llagas y heridas, abiertas hasta mostrar los huesos en algunos sitios. El 11 de septiembre de 1840, casi un año después de su captura, san Juan Gabriel Perboyre, descalzo y con unos calzones desgarrados bajo la roja camisola de los condenados, fue estrangulado junto con otros cinco criminales comunes. Se le enterró al lado de otro mártir lazarista, el padre Francisco Regis Clet, quien también sería canonizado.

San Juan Gabriel Perboyre, ruega por nosotros.

 

LECTURAS MIERCOLES 10 DE SEPTIEMBRE 2014

Lectura de la primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 7,25-31.
Hermanos:
Acerca de la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor. Pero hago una advertencia, como quien, por la misericordia del Señor, es digno de confianza.
Considero que, por las dificultades del tiempo presente, lo mejor para el hombre es vivir sin casarse.
¿Estás unido a una mujer? No te separes de ella. ¿No tienes mujer? No la busques.
Si te casas, no pecas. Y si una joven se casa, tampoco peca. Pero los que lo hagan, sufrirán tribulaciones en su carne que yo quisiera evitarles.
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; lo que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial 45(44),11-12.14-15.16-17.
¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!
Olvida tu pueblo y tu casa paterna,
y el rey se prendará de tu hermosura.
Él es tu señor: inclínate ante él.

Embellecida con corales engarzados en oro
y vestida de brocado, es llevada hasta el rey.
Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían.

Con gozo y alegría entran al palacio real.
Tus hijos ocuparán el lugar de tus padres,
y los pondrás como príncipes por toda la tierra.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6,20-26.
Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

Palabra del Señor

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En el evangelio de hoy vemos como nuestra vida cotidiana y nuestros principios se alejan descaradamente del camino marcado por el Señor para llegar al Reino de los Cielos.

Pero debemos entender bien lo que nos enseña.

Dios no nos recompensará con su Reino si estamos sin un céntimo, con el estómago vacío, amargados y reprimidos, y quejándonos todo el día.

Dios no quiere pobres, sino que los corazones estén desapegados a las riquezas de este mundo y centrados únicamente en Él.

Dios no quiere hambrientos, sino que deseemos su escuchar su Palabra, recibirle en la Eucaristía y cumplir y que se cumplan cada uno de sus Mandatos más que nuestro pan de cada día.

Dios no quiere llorones, sino corazones compungidos que sufran por haber traicionado al Señor por su pecado y porque el Nombre del Señor es cada vez más ultrajado.

Dios no quiere amargados y reprimidos sexualmente, quiere vírgenes con todas sus letras, que conozcan y proclamen con su pureza el honor de ser únicamente para Dios y vivir ya en esta tierra como si fuesen ciudadanos del Cielo y parte de las milicias celestiales.

Preciosa a los ojos del Señor es la Muerte de sus Santos, o mejor dicho, la muerte santa en gracia de Dios. Y más precioso aún el martirio de sus Santos, porque el haber sido perseguidos hasta derramar su Sangre por Cristo sin desfallecer, es la mayor expresión de amor que el Señor puede recibir y es premiada con los más altos honores en el Cielo.

Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; lo que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.

¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre!

¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!

El Señor dará a cada uno el justo pago por sus obras.

SAN NICOLAS DE TOLENTINO (10 DE SEPTIEMBRE)

SAN NICOLAS DE TOLENTINO

SAN NICOLAS DE TOLENTINONació en Sant´Angelo in Pontano, Italia, en 1245. Sus padres, que durante años esperaban descendencia, en el transcurso de una peregrinación a Bari prometieron que si lograban ser bendecidos por Dios con ella en el caso de que fuese un varón lo consagrarían a san Nicolás, titular de la ciudad. Y así lo hicieron atribuyéndole la pronta concepción de ese hijo tan deseado. El pequeño Nicolás creció dando muestras de la bondad y amabilidad que, junto a su desprendimiento y sensibilidad por los necesitados, caracterizaría su vida entera. Y es que el sensible y piadoso muchacho solía atender personalmente a los pobres que llegaban a su casa pidiendo ayuda. Los primeros conocimientos se los proporcionó el sacerdote en su localidad natal.

 Puede que el ejemplo y educación que recibió de sus padres, junto con la cercana presencia de los ermitaños agustinos, despertara en él una temprana vocación, porque a los 12 años ingresó en el convento como «oblato». Su idea no era recibir únicamente esa formación que completaría con creces la que pudo darle el bondadoso clérigo, sino que albergaba el sueño de ser agustino. A los 15 años inició el noviciado, y en 1261 profesó. En 1269 fue ordenado sacerdote por el obispo san Benito de Cíngoli. Después ejerció su misión pastoral en distintos puntos de la región de Las Marcas durante seis años. Pero sus superiores seguramente preocupados por su débil salud, viendo que ni siquiera le ayudaba en su restablecimiento la misión que le encomendaron de maestro de novicios que no exigía continuos desplazamientos, en 1275 determinaron enviarle a Tolentino donde permaneció el resto de su vida.

 Fue un hombre de gran austeridad; es la característica que se subraya unánimemente cuando se configura su trayectoria espiritual. Su ascetismo, forjado en el fecundo aprendizaje que había tenido previamente en conventos herederos de la genuina tradición eremítica, estaba signado por la mortificación y el ayuno. Aparte de la frugalidad de su comida, y la radicalidad de su pobreza –mantenía un solo hábito que remendaba cuando era preciso, dormía poco y en condiciones no aptas precisamente para el rácano descanso y menos para una persona corpulenta como él: en un saco, con una piedra como almohada y cubriéndose solo con su propio manto–, no desestimaba todo lo que podía ayudarle a conquistar la perfección. Es decir, que estas asperezas penitenciales y las disciplinas físicas que también se aplicaba no sustituían a la donación de sí mismo. Se esforzaba en ofrendarse, como hacía por ejemplo, con su criterio. Así, aunque no le agradaba la carne, cuando el superior le recomendaba su ingesta por el bien de su salud, se doblegaba humildemente. De todos modos, con una lógica que excede a la ofrecida por textos científicos, en lo que a su bienestar concernía solía poner en duda la preeminencia del valor nutricional de la carne frente al de las hortalizas. No tenía duda de que si Dios quería para él una fortaleza física que estaba lejos de poseer, la ingesta de verduras le habría servido. Se cuenta que, en una ocasión, teniendo en el plato dos sabrosas perdices asadas, Nicolás les ordenó: «Seguid vuestro camino». Y, al parecer, las aves emprendieron instantáneo vuelo.

 Al margen de estas anécdotas, tal como se puso de relieve en el proceso de su canonización, fue un hombre obediente y fiel, efectuando lo que se le indicaba con prontitud y alegría; una persona dócil, sensible, entrañable, cercana, disponible, comprensiva, exquisita siempre en su trato que disfrutaba viendo gozar a los demás en el día a día. Era lo que cabía esperar de una persona como él que dedicaba a la oración 15 horas diarias. El resto del tiempo lo repartía en tareas apostólicas, confesión, lectura, meditación, asistencia al refectorio, al rezo del oficio divino…, y algún pequeño momento solaz en el recreo comunitario. ¡La multiplicación del tiempo, como se aprecia frecuentemente en esta sección de ZENIT, es otra gracia que reciben los santos! La continua presencia de Dios en él explica la profunda e incontenible emoción que sentía ante la Eucaristía, hecho que muchas personas pudieron constatar alguna vez, y también los favores extraordinarios que recibió, así como los numerosos milagros que obró. Su apostolado estuvo caracterizado por la dulzura y la amabilidad, rubricado por su admirable caridad. De ella sabían bien cercanos y lejanos, y de forma especial los enfermos y pobres a los que asistía sirviéndose de un bastón cuando ya no tenía fuerzas para deambular por sí mismo, así como los penitentes que se confesaban con él –casi toda la ciudad lo hacía–, y las tantas personas que le acogían con gusto en sus domicilios cuando los visitaba. Ésta era otra de las actividades apostólicas de Nicolás por la que sentía particular debilidad.

 En una visión contempló el purgatorio después del fallecimiento de un religioso que hallándose en él, rogó sus oraciones. Sus penitencias y súplicas por él y por otros que purgaban sus penas, fueron escuchadas. De ahí que se le considere abogado de las almas del purgatorio. Su muerte se la anunció una estrella que apareció persistentemente durante varias jornadas, apuntando primeramente a su localidad natal y situándose después en Tolentino, justo encima del convento. Un religioso venerable, al que consultó, descifró su significado: «La estrella es símbolo de tu santidad. En el sitio donde se detiene se abrirá pronto una tumba; es tu tumba, que será bendecida en todo el mundo como manantial de prodigios, gracias y favores celestiales». La estrella le siguió unos días hasta que el 10 de septiembre de 1305, invocando a María por la que tuvo desde niño gran devoción, y contemplando el preciado lignum crucis, falleció. Sus últimas palabras dirigidas a la comunidad habían sido: «Mis amados hermanos; mi conciencia no me reprocha nada; pero no por eso me siento justificado».Eugenio IV lo canonizó el 1 de febrero de 1446.

San Nicolas de Tolentino, ruega por nosotros.

LECTURAS MARTES 9 DE SEPTIEMBRE 2014

Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 6,1-11.
Hermanos:
¿Cómo es posible que cuando uno de ustedes tiene algún conflicto con otro, se atreve a reclamar justicia a los injustos, en lugar de someterse al juicio de los santos?
¿No saben ustedes que los santos juzgarán al mundo? Y si el mundo va ser juzgado por ustedes, ¿cómo no van a ser capaces de juzgar asuntos de mínima importancia?
¿Ignoran que vamos a juzgar a los mismos ángeles? Con mayor razón entonces, los asuntos de esta vida. ¡Y pensar que cuando ustedes tienen litigios, buscan como jueces a los que no son nadie para la Iglesia! Lo digo para avergonzarlos: ¡por lo visto, no hay entre ustedes ni siquiera un hombre sensato, que sea capaz de servir de árbitro entre sus hermanos!
¡Un hermano pleitea con otro, y esto, delante de los que no creen!
Ya está mal que haya litigios entre ustedes: ¿acaso no es preferible sufrir la injusticia o ser despojado? Pero no, ustedes mismos son los que cometen injusticias y defraudan a los demás, ¡y esto entre hermanos!
¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se hagan ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los homosexuales, ni los pervertidos,
ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los usurpadores heredarán el Reino de Dios.
Algunos de ustedes fueron así, pero ahora han sido purificados, santificados y justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por Espíritu de nuestro Dios.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial 149(148),1-2.3-4.5-6a.9b.
Canten al Señor un canto nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que Israel se alegre por su Creador
y los hijos de Sión se regocijen por su Rey.

Celebren su Nombre con danzas,
cántenle con el tambor y la cítara,
porque el Señor tiene predilección por su pueblo
y corona con el triunfo a los humildes.

Que los fieles se alegren por su gloria
y canten jubilosos en sus fiestas.
Glorifiquen a Dios con sus gargantas;
ésta es la victoria de todos sus fieles.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6,12-19.
En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles:
Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote,
Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Palabra del Señor

————————-

Tal y como el Señor eligió a sus doce apóstoles, nos ha elegido a cada uno de nosotros llamándonos por el nombre para que le sirvamos.

Y sin embargo, como nos dice el Apóstol San Pablo, ¡cuántos de nosotros recurrimos a los razonamientos ateos para solucionar nuestros problemas en lugar de acudir a Dios en primer lugar! Hacemos una barrera entre la vida de fe y nuestra vida cotidiana de modo que Dios –razonamos neciamente- queda ahí a un lado, sin molestar, y dispuesto a atendernos cuando lo necesitemos.

¡Buscan como jueces a los que no son nadie para la Iglesia!, en otras palabras, ¡ustedes hacen lo imposible para no ser juzgados como anticuados e intolerantes por los réprobos en lugar de ajustar las cuentas con el Señor que será nuestro único Juez!

Ni la Iglesia ni los católicos debemos ajustarnos a los criterios del mundo, sino tratar por todos los medios de convertir el mundo a Dios.

¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios?

Aun así, muchos siguen con su vida de pecado creyendo que cuando se presenten ante Cristo Juez les recibirá con los brazos abiertos pese a haber ultrajado su Nombre toda su vida.

No se hagan ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los homosexuales, ni los pervertidos, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los usurpadores heredarán el Reino de Dios.

¿Qué normalmente sueles salir y emborracharte el fin de semana? ¿Qué llevas una vida de desenfreno revolcándote con unos/as y otros/as? ¿Eres homosexual y te crees que Dios te ama así?

San Pablo, en Nombre del Señor, te lo dice bien claro: Como sigas así acabarás en el abismo: elige, o tu vida tal cual la llevas o tu Dios. Y por supuesto si ahora eliges servirte a ti mismo y vivir a lo loco, después recogerás lo que has sembrado: una eternidad de tormentos.

Que nadie diga que no se le avisó.

Y nota al margen por los que se escandalizan por esto argumentando que hay que ser tolerantes porque Dios nos ama a todos y que nos quiere así.

Dios nos ama, pero no nos quiere así. Eso es una mentira satánica para arrastrar a sus defensores al infierno.

Dios nos quiere Santos, nos ha creado para ser santos y ha pasado por el tormento y la muerte en Cruz para darnos la oportunidad de llegar a su Reino si realmente seguimos sus caminos.

Ahora bien, la decisión es nuestra: si deseamos ser salvos debemos ejecutar la voluntad de Dios tal cual es, sin rebajas. Tratar de adaptarla como mejor nos convenga solo nos conduce al infierno.

La verdad es intolerante con toda clase de mentira por definición, así que si nos acusa de intolerantes por defender la verdad en medio de todas las mentiras de este mundo se lo decimos antes nosotros: sí, lo somos y lo seremos siempre, para mayor gloria de Dios y salvación de las almas.

SANTA MARÍA DE LA CABEZA, LAICA (9 DE SEPTIEMBRE)

SANTA MARÍA DE LA CABEZA, LAICA

SANTA MARIA DE LA CABEZAEsta santa mujer fue esposa de san Isidro Labrador. María Toribia, llamada de la Cabeza, llevó una vida humilde y laboriosa. Los nombres de Caraquiz, cerca de Uceda, en la diócesis de Toledo, y el de Torrelaguna, aparecen en su leyenda. Le gustaba ir a la ermita de Santa María para hacer el aseo y orar. La calumniaron ante su marido, quien la vio cruzar sobre su capa el Jarama (crecido afluente del Tajo), lo que se consideró un juicio de Dios que probaba su inocencia. Sobrevivió a san Isidro y fue enterrada en la ermita que con tanto amor visitaba. Esta ermita fue atendida por los templarios hasta 1311; después, se hicieron cargo de ella los menores enclaustrados hasta 1511. Fue probablemente en tiempo de los menores enclaustrados (después los sucedieron los menores observantes), cuando la cabeza de María fue colocada sobre el altar mayor del oratorio. Esta reliquia se tiene por eficaz contra los dolores de cabeza. En 1511, el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros renovó el relicario que guardaba la cabeza. Procesiones y cofradías atestiguaron la veneración pública hacia la santa. Inocencio XII aprobó su culto en 1697. Se trasladaron sus reliquias a Madrid para unirlas a las de su esposo.

 Santa María de la Cabeza, ruega por nosotros.

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    • TESTIMONIO – Caí en falta, ahora asumo lo ocurrido.
      “Caí en falta, ahora asumo lo ocurrido y espero no perder lo más sagrado que es la salvación eterna.” “Desde que estabas en el seno materno, yo te llamé y te escogí para…” Dios sin merecerlo se ha fijado en mi y despues de años de ires y venires, arriesgando por Él me llamó a […]
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